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La historia de una primera oportunidad: la empleada que se convirtió en encargada y la fundación que la impulsó a entrar en la formalidad

Karen Chavero tenía poca experiencia cuando consiguió su primer empleo formal. Cinco años después, es encargada de una planta, tiene seis personas a cargo, es mamá de una beba de siete meses y está pagando su propia casa. El valor de darle oportunidades a personas sin experiencia laboral
La historia de una primera oportunidad: la empleada que se convirtió en encargada y la fundación que la impulsó a entrar en la formalidad

Karen Chavero coordina una planta de alimentos con seis personas a su cargo tras comenzar su carrera laboral formal a los 22 años

Cuando Karen Chavero llegó por primera vez a su lugar de trabajo, tenía miedo. Había terminado el secundario y hasta entonces su experiencia laboral se había limitado a algunos trabajos como niñera. Ahora estaba frente a algo completamente nuevo: su primer empleo formal. “Estaba aterrada. Pero estaba contenta”, recuerda. Tenía 22 años y muchas preguntas. No sabía todavía que aquella primera oportunidad iba a convertirse en el comienzo de una carrera.

Hoy Karen tiene 27 años. Es encargada de una planta que produce alimentos, tiene seis personas a su cargo y acaba de volver de una licencia por maternidad. En su casa la espera una beba de siete meses. También está pagando una casa propia, algo que durante mucho tiempo había sido apenas un sueño.

Entre aquella primera llegada al trabajo y la actualidad hubo aprendizaje, esfuerzo, miedo, errores y nuevas oportunidades. Pero, sobre todo, hubo una transformación.

Chavero inició sus tareas como operaria de producción en la empresa Poder Nutritivo y luego sumó presencia en ferias y degustaciones

El primer paso

La historia comenzó durante la pandemia, cuando Karen estaba buscando cómo ingresar al mundo laboral. En ese momento conoció a Fundación Empujar, una organización que capacita y acompaña a jóvenes en su búsqueda de un primer empleo formal. Durante varios meses participó de una formación que, además de prepararla para trabajar, le dio herramientas que después terminarían siendo fundamentales. “Aprendí mucho sobre la importancia de las reuniones, la comunicación, la confianza en uno mismo, aparte de la empatía que hay que tener con otras personas”, cuenta.

Pero para ella había algo todavía más importante: empezar a imaginarse trabajando formalmente. “Al ser chica decía: no es imposible tener un trabajo que sea en blanco”, recuerda.

La capacitación se hacía en buena parte de manera virtual y tampoco fue sencillo sostenerla. Para conectarse a las clases, Karen tenía que comprar crédito en su celular. Pero no faltó a ninguna.

Después de terminar la formación siguió buscando una oportunidad. Hasta que apareció una propuesta en la empresa Poder Nutritivo, ubicada en Parque Industrial Suárez, en la localidad bonaerense de José León Suárez, muy cerca de donde vivía. Se postuló y la llamaron.

Desde 2018, en ese mismo parque industrial funciona una sede de la Fundación Empujar donde ya acompañaron a más de 500 jóvenes. Para Andrea Werthein, CEO del Parque, historias como la de Karen son las que le dan sentido al proyecto. “Cuando promovimos la llegada de Fundación Empujar a Parque Suárez queríamos que el parque fuera también un lugar de oportunidades para los jóvenes de nuestra comunidad. Ver historias como la de Karen nos da un profundo orgullo, porque muestran que una oportunidad puede abrir un camino y transformar vidas”, señala.

Malena Braun, fundadora de Poder Nutritivo, conoció a Karen, la contrató y acompañó desde los inicios su desarrollo. Había algo de Karen que rápidamente llamó su atención. “No faltaba nunca, siempre estaba atenta a resolver las necesidades que teníamos”, recuerda. Ese compromiso terminó siendo una de las características que marcaron todo su recorrido.

Karen empezó como operaria, aprendió las tareas de producción, fue ganando experiencia y poco a poco comenzó a involucrarse en otras actividades. Iba a ferias, participaba en degustaciones y hablaba con clientes sobre los productos de la empresa.

Malena todavía recuerda esa actitud. “Siempre fue distinta. Tenía como una actitud muy de sentirlo propio”. Karen no solo cumplía con su tarea. Empezaba a sentirse parte de aquello que estaba ayudando a construir.

El empleo formal permitió a la trabajadora financiar la compra de su casa propia tras su reincorporación de la licencia por maternidad

El miedo a convertirse en encargada

El siguiente paso llegó cuando le propusieron asumir un nuevo desafío: convertirse en encargada. Y apareció otra vez el miedo. “Yo decía: ¿Encargada? ¿Cómo le voy a decir a los chicos que hagan esto? ¿Cómo se lo digo?”, recuerda.

Y aceptó. Con el tiempo entendió que liderar no significaba saber todo ni tener todas las respuestas. También significaba haber acumulado una experiencia que le permitía ver cosas que alguien que recién comenzaba todavía no podía detectar.

“Hay cosas que el encargado ve más que ellos”, explica. Liderar implicó además un desafío particular: pasó a ser responsable de personas que habían sido sus pares. Entre ellas, su propio marido.

Malena recuerda aquel momento como una de las grandes pruebas de su crecimiento. La nueva posición exigía aprender a poner límites, marcar errores y asumir responsabilidades sin perder el vínculo que había construido con sus compañeros.

Mucho más que un trabajo

Con el tiempo, aquel empleo empezó a tener un impacto que iba mucho más allá del salario. Karen pudo empezar a comprarse sus propias cosas, ayudar a su familia y tomar decisiones que antes dependían de otros.

Y hubo un proyecto que se convirtió en uno de sus grandes objetivos: tener su propia casa. “Yo quiero comprar mi casa”, repetía. Finalmente lo consiguió. Hoy está pagando su casa y habla de ese logro con orgullo. Para Malena, esa perseverancia es parte de lo que define a Karen.

Entre las experiencias que quedaron grabadas en esos años hay una que no ocurrió dentro de la planta. Fue un viaje a Bariloche. Después de un período de mucho trabajo y crecimiento, Malena decidió llevar a todo el equipo. Para algunos era la primera vez que viajaban en avión. Para Karen también. Recorrieron juntos la ciudad y subieron caminando hasta la cima del Cerro Catedral. Llegaron juntos.

“Llegamos a la cumbre todos juntos. El llanto cuando llegamos a la cumbre fue impresionante”, cuenta Malena.

La relación entre Karen y Malena también fue construyendo una manera particular de entender el trabajo. Malena es psicóloga y decidió desde el comienzo que no quería reproducir una relación tradicional entre jefe y empleado.

La sede de la Fundación Empujar en el Parque Industrial Suárez acompañó a más de 500 jóvenes desde 2018

El círculo que vuelve a empezar

Hoy, en el equipo que lidera Karen, trabajan seis personas, entre ellas otra joven que llegó a Poder Nutritivo después de formarse en la Sede Empujar en Parque Suárez. Su historia tiene un punto de partida similar: también se formó en el programa que funciona en el parque industrial.

Se llama Lía y, cuando Karen se enteró de su historia, reconoció inmediatamente en ella algo de la suya. Hablaron, compartieron experiencias y Karen la alentó a aprovechar las herramientas que había recibido y a seguir aprendiendo.

La primera oportunidad, de alguna manera, empezaba a multiplicarse. Por eso, cuando le preguntan qué les diría a los jóvenes que hoy están buscando su primer trabajo, Karen habla desde su propia experiencia: “Que no se rindan, que sigan adelante, porque todo sacrificio tiene su recompensa”.

Fuente: Infobae — Ver noticia original