El martes a la noche un hombre del PT ligado al gobierno de Brasil llamó por teléfono a una persona importante de C5N. “Aflojen con lo de Bolsonaro, el que ganó es Lula”, le dijo. La decisión del juez Alexandre de Moraes de retener el pasaporte de Flavio Bolsonaro y la fuga del candidato derrotado a través de Argentina habían opacado en los medios la impactante victoria del presidente de Brasil. Una elección que congregó a 165 millones de personas y puede ser un parteaguas en la historia de América Latina.
El sentido de la oportunidad no benefició a Lula, que había sido ya reconocido por los presidentes de casi todo el continente. Ex ministro de Justicia de Michel Temer y decisivo desde el Supremo Tribunal para que Lula fuera preso en 2018, De Moraes se movió guiado por pasiones distintas a las del presidente reelecto: el odio a la familia Bolsonaro, las ansias de figuración o el interés de un sector del establishment brasileño que vio una oportunidad para sacarse de encima, de una vez por todas, a un clan que pone en riesgo los negocios y la proyección global de Brasil.
En la Cancillería argentina entienden lo mismo que en el gobierno del PT: no había ninguna razón jurídica para quitarle el pasaporte al hijo de Jair Bolsonaro al día siguiente de la victoria de Lula. Sin embargo, la fuga de los Bolsonaro en el Gulfstream G400 que hizo escala en Guayaquil tiene consecuencias en la política doméstica. La fractura de la derecha brasileña se expresa en lo más íntimo, donde Michelle Bolsonaro sostiene su alianza con Tarcisio Freitas y hasta disfruta la derrota de su hijastro.
La doctrina Donroe acaba de fracasar en su gran objetivo, sumar a la reina al ajedrez regional. Con el décimo PBI del planeta, Brasil es el país decisivo en el hemisferio. Como lo era hace casi 55 años, cuando Richard Nixon pronunció ante el dictador brasileño Emilio Garrastazu Medici una frase que le había redactado Henry Kissinger: “Sabemos que hacia donde Brasil vaya, irá el resto del continente”.
Javier Milei es el gran derrotado y enfrenta días cruciales, con el riesgo país por la nubes y la economía real en el quinto subsuelo. Puertas adentro del trumpismo, la victoria de Lula es primero que nada una derrota continental de Marco Rubio, el cubano americano intervencionista que quiere gobernar el mundo desde el Departamento de Estado. Donald Trump se lo factura por ahora en privado, abrumado porque la nueva suba del barril del petróleo a 117 dólares pega directo en los surtidores, a días de las elecciones. Las elecciones del 3 de noviembre son determinantes para el hemisferio y para Milei en especial. Atrapado en una guerra que iba a durar semanas y lleva casi ocho meses, Trump no puede entregarle Brasil a China ni contribuir así con la consolidación de los BRICS. Por eso, ya anunció que hablará con el líder del PT.
Rubio acaba de perder a su principal asesor. Jeremy Lewin, el subsecretario y director de planificación de políticas más joven en la historia del Departamento de Estado, anunció en la última semana que se muda al sector privado. Según Axios, Lewin fue el nexo de Rubio con Delcy Rodríguez y se encargó de cerrar los acuerdos petroleros que le interesaban a Trump. También lideró las conversaciones con el nieto de Raúl Castro en Cuba y formó parte del equipo negociador para el Acuerdo de Seguridad de Groenlandia.
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Los especialistas sostienen que, si Bolsonaro y su familia salieron por Argentina, fue por una serie de factores. El primero es que desde Washington les confirmaron que les darían las visas para ingresar a Estados Unidos. El segundo es que las autoridades de Brasil decidieron no impedirlo ni detenerlo en su recorrido desde Foz de Iguazú por el puente Tancredo Neves. ¿Lula dejó que se fuera en una coincidencia táctica con Washington? Para salir hacia Puerto Iguazú, el control es voluntario y no es necesario pasar por Migraciones de Brasil. Así lo indica la normativa que permite la salida directa cuando no se va más allá de 50 kilómetros ni por un plazo que exceda los tres días. El tercer factor fue la que más difusión tuvo en Argentina, el rol estelar de Santiago Caputo y empresarios vinculados a la CIA para asegurarse el plan de vuelo que no pasó por el territorio brasileño, sino que fue directo a Guayaquil rumbo a Colombia y el Caribe.
Con Milei, Argentina es el patio trasero que Brasil no quiere ser y es también un campo de batalla. Como lo muestra el ataque histórico de Trump contra el FBI y el deep state, la gigantesca maquinaria de poder estadounidense es un mundo de intereses encontrados. Así lo entienden diplomáticos y funcionarios que tuvieron repetidos contactos con Washington a lo largo de su carrera. Después del caso Irán-Contras, la CIA tercerizó las operaciones en América Latina para evitar controles o sanciones posteriores del Congreso de Estados Unidos. Brotaron agencias, consultoras como Tactic Global y empresas con líneas de aviación propias para ejecutar el trabajo sucio y coordinar tareas con el espionaje local.
Cuando decidió ir a Misiones para asumir la jefatura de la fuga, Caputo venía de naufragar con su primera operación de alcance global: la invención del Milei malvinero, un personaje de Marvel que murió joven, acribillado por los funcionarios del Departamento de Estado. Como contó El Destape cla semana pasada, el número 2 de Marco Rubio, Christopher Landau, vino a la Argentina a abortar el proyecto de sanciones a capitales estadounidenses que operan en Malvinas. Esta semana, La Libertad Avanza obedeció y dio marcha atrás con algunos artículos. En el plenario de comisiones de Defensa, Relaciones Exteriores y Legislación Penal, Germán Martínez culpó sin nombrarlos a Caputo y Leonardo Scaturicce. Dijo que no se logró unanimidad en la causa Malvinas por “el capricho de un pendejo” y un “mafioso dedicado a los servicios de transporte de aviación”. “Me cago en ese pendejo”, remató Martinez y definió al asesor estrella de Milei como “mitómano vendedor de humo”. A esa misma hora, el Mago del Kremlin hacía hablar a todo el mundo sobre la fuga de Bolsonaro.
El fracaso de un gobierno que se encamina a cerrar 2026 con una inflación de 30% en medio de una recesión brutal obliga a la extrema derecha a lanzar fuegos de artificio en forma recurrente para conservar la iniciativa. Sin embargo, la interna en la cúpula del oficialismo no afloja, como lo muestra el intento de desplazar a Patricia Bullrich de la jefatura del bloque del Senado y la venia de Sebastian Pareja, en la Bicameral de Inteligencia, para el pedido de informes que Agustin Rossi, Rodolfo Taihlade y Ramiro Gutierrez le hicieron al jefe de la SIDE sobre la operación Flavio.
La presencia de Caputo en Iguazú y los pormenores de su viaje parecen parte de un guión armado para desviar el eje de la atención. Todo confirma tanto la voracidad como la facilidad del consultor para adueñarse de la escena.
Lo central es otra cosa. Con el estado argentino al servicio de una operación externa, Caputo todo lo exhibe como parte de su show. Como en una película de anti-espionaje, nada es reservado ni secreto. Obscenidad de las relaciones carnales 2.0, pornografía de la subordinación. Si Trump le avisa a los venezolanos -como hizo en Texas en los últimos días- que pronto pueden convertirse en el “próspero Estado 51”, Milei se ofrece como candidato a gobernador del Estado 52. La derrota del trumpismo tendría un impacto impredecible en el ex panelista. Después de que Trump lo ignorara en las últimas dos visitas a Estados Unidos y hasta el franquismo decidiera esquivarlo en Madrid, nadie sabe cómo puede reaccionar el presidente con la autoestima dañada.
Lula, que hasta hace una semana estaba de salida, ahora es el nombre que puede inclinar la balanza de América Latina. Tiene por delante innumerables desafíos, pero también una gran oportunidad. Su victoria entusiasma al peronismo con reconstruir a partir de 2027 una alianza estratégica para la integración de América del Sur.
Brasil tiene un récord de morosidad que afecta a 81 millones de personas y un gobierno muy condicionado por el poder de los grandes bancos. Según los últimos datos que el Banco Central publicó el jueves, sólo los intereses de la deuda de Brasil representan ya el 8,99% del PBI, un nivel que no se veía desde enero de 2016, cuando el país estaba en una profunda recesión. La tasa de interés roza el 14%, casi el triple de la inflación anual. La duda es si Lula irá hacia un ajuste ortodoxo o coordinará una estrategia con el presidente del Central que él designó, Gabriel Galipolo, para que baje la tasa de interés, recorte la rentabilidad del sector financiero y favorezca el crédito, aún a riesgo de mayor inflación.
La centralidad de André Janones en la campaña de Lula sugiere que el presidente de Brasil contradijo a la ortodoxia de su partido y vio la necesidad de abrirse hacia otros sectores para conservar el poder. “El PT es un partido de cuadros con un líder de masas”, dice un hombre del peronismo que dialoga desde hace años con la comandancia lulista.
Lula es una excepción y no sobran candidatos populares que tengan algo de su carisma. Eso potencia la negociación con el Centrao, el espacio donde priman los mercaderes que se venden al mejor postor. Janones proviene de uno de los partidos de ese espacio, Avante de Minas Gerais. El diputado no solo creó el Ejército digital de Lula sino que además es evangelico y disputó desde el primer momento el voto de ese sector, que se inclinaba en forma mayoritaria por Bolsonaro. Una de sus primeras irrupciones fue en la campaña de 2022 cuando chocó en las redes con el pastor bolsonarista André Valadão, miembro de la Iglesia Bautista de Lagoinha. Janones tenía una buena relación con su padre, el pastor Márcio Valadão.
En un texto que escribió en substack, el director de Disruptiva Agencia, Fernando Ramal, recordó que el canal de WhatsApp “Ejército de Lula” tenía apenas 50 mil seguidores antes de la primera vuelta y explotó después de la victoria de Flávio Bolsonaro: en 48 horas superó el millón de seguidores, al tercer día logró más de 2 millones y finalmente llegó a los 10 millones. Para Ramal, no se trata de crear “ejércitos de” sino de entender por qué funcionó el de Janones, cuando apareció un objetivo concreto y de corto plazo: dar vuelta el resultado. “No es la herramienta la que produce la movilización, sino la motivación política la que le da sentido a la herramienta (…) Al igual que con Mamdani en Nueva York y Die Linke en Berlín, vemos una comunicación política en donde lo digital no está orientado simplemente a conseguir likes, sino a movilizar a la población por un objetivo”, dice.
Titulado “Qué nos dice y qué no nos dice la victoria de Lula”, el texto subraya que la campaña de Janones se potenció a partir de medidas concretas del lulismo, como el fin de la escala laboral 6×1, el fortalecimiento de Bolsa Família, las medidas contra las apuestas y la condonación de deudas. Ramal plantea dos ejes centrales para la oposición a Milei a partir de la elección de Lula.
La primera es que “El Ejército de Lula” se preocupó por ordenar la conversación digital. No solo viralizaba instrucciones para amplificar contenidos y sumar seguidores a través de las llamadas “misiones”. Además, bajaba la indicación de no reaccionar a fake news y contenidos bolsonaristas para no amplificar el mensaje del rival y pedía ignorar las publicaciones (no bloquearlas). El objetivo: evitar que millones de personas reaccionaran de manera individual a cada provocación de Bolsonaro y actuaran, en cambio, de manera coordinada. El resultado: “Un orden colectivo para no caer en el caos que buscan los ingenieros”.
El especialista en comunicación digital muestra el ejemplo de Lula y dice que los candidatos fríos no generan entusiasmo. Además, se pregunta qué mejoras concretas tiene para proponerle al electorado la oposición argentina, qué propuesta y qué objetivo pueden despertar el entusiasmo suficiente en el electorado opositor a Milei. “La pregunta -dice- no es cómo copiar el Ejército de Lula, sino qué tienen para ofrecer quienes quieren construir uno propio”.