Aunque muchas personas sueñan con vivir en una gran ciudad, Iván Moricz Karl, un pintor de 84 años, decidió marcharse de Buenos Aires hace más de 40 años para instalarse en una cabaña aislada en plena Patagonia argentina.
La cabaña está en El Boquete, a orillas del lago Lolog, dentro del Parque Nacional Lanín, en Neuquén. Para llegar hasta ahí, es necesario recorrer aproximadamente 30 kilómetros en embarcación, en un trayecto que dura unos 40 minutos.
El canal de YouTube Hilux Aventura entrevistó al hombre, quien explicó cómo llegó a ese lugar, por qué decidió quedarse alejado de las ciudades y qué aprendió sobre la vejez, la soledad y las dificultades de la vida durante sus cuatro décadas de aislamiento.
Cómo llegó Iván a vivir aislado en la Patagonia hace 40 años
Aunque nació en Hungría, Iván llegó a la Argentina cuando era solo un chico. Luego de sufrir una enfermedad durante su adolescencia, debió permanecer en cama durante cuatro años, entre los 13 y los 17, período en el que comenzó a interesarse por la pintura y el arte.
Con el paso de los años, se especializó en retratar la naturaleza, pero vivir en Buenos Aires le representaba una desventaja. “Soy un pintor de la naturaleza que estaba pintando la naturaleza en medio del cemento de Buenos Aires”, explicó en el video.
Sin embargo, cuando unos amigos lo invitaron a viajar al sur del país, descubrió el paisaje patagónico y decidió quedarse a vivir ahí. Tiempo después, Parques Nacionales lo autorizó a instalarse en una antigua cabaña de guarda parques que llevaba 14 años abandonada.
Finalmente, en diciembre de 1985 recibió el lugar y, con la ayuda de sus amigos, pasó tres meses acondicionándolo. Desde aquel momento, se dedica a pintar la flora y la fauna de la Patagonia.
Qué aprendió Iván después de vivir 40 años aislado
Aunque muchas personas podrían pensar que lleva una vida solitaria, el pintor explicó que nunca vio la soledad como un problema. “La soledad no existe. Me gusta estar conmigo”, aseguró.
En esa misma línea, reflexionó sobre cómo enfrentar las dificultades que fueron apareciendo con el paso del tiempo: “Todo lo que te toca es positivo. Las sensaciones más negativas las tienes que vivir. La gente está mal porque no sabe vivir su mal momento. Un mal momento es un mal momento y tienes que vivirlo”.
Actualmente, Iván tiene 84 años y camina ayudado por bastones, pero sigue disfrutando de la naturaleza de su alrededor. Por más que reconoció que quizás deba abandonar la cabaña, afirmó que no le preocupa demasiado: “A donde vaya, siempre estaré bien”.
Fuente: TN — Ver noticia original