“Hacé esta cuenta: 1329 x 2 x 25”, dice Iván de Pineda entusiasmado. El resultado de la misma [1329 programas por dos Roscos por envío multiplicado por las 25 letras del juego] es la cantidad de palabras que se acumulan en un Excel de la productora ejecutiva de Pasapalabra, Mariel Morán. Y el pedido está relacionado con el orgullo que siente por el trabajo que hay detrás del programa de entretenimiento de Telefe, que no importa en qué día y horario se emita, siempre logra atraer televidentes y convertirse en uno de los ciclos más vistos. Actualmente, se puede ver los viernes, sábados y domingos en el prime time del canal, pero en noviembre —cuando termine Popstar— irá nuevamente de lunes a viernes. “Soy una persona lúdica, me gustan el entretenimiento, la competencia sana, la curiosidad y pasar un buen momento aprendiendo cosas”, asegura el conductor a LA NACION.
Arrancó como modelo de muy joven de forma azarosa —tras una broma familiar mientras planeaba estudiar derecho o diplomacia—, pero una vez que se comprometió con el mundo de la moda, dio todo de sí y los resultados de esa vida están a la vista en el reconocimiento que tiene a nivel internacional, los trabajos que realizó y las firmas que lo contrataron, como Versace, Gucci y Armani. En 1994 dio sus primeros pasos como notero en el programa El Rayo, y luego se destacó como jurado de Los 8 escalones hasta que consiguió su propio programa de viajes (Resto del mundo, el cual condujo durante una década). Y en 2016 debutó en eltrece con Pasapalabra y en 2021, se mudó con este formato a Telefe.
Está por cumplir 50 años; es sin lugar a duda una de las grandes figuras de la televisión argentina, pero a diferencia de varias siempre resguardó su intimidad, no tiene redes sociales y a la hora de repasar su carrera y sus logros, lo hace con mesura y señalando que todo en su vida es un paso a paso. “Toma tiempo poder mostrarse. Uno no puede pretender que la gente te conozca de buenas a primeras; eso es imposible. A mí me gusta mucho el camino de la construcción; me nutre y me divierte. Y también saber los baluartes, esas personas que te acompañan en el camino”.
La construcción de “la magia”
—Ahora estás cumpliendo 10 años al frente de Pasapalabra con algunas interrupciones…
—En realidad, todo el proceso de Pasapalabra comenzó en 2015. Desde las primeras dos reuniones en una oficina donde probamos e hicimos una especie de test de los juegos. Nos olvidamos de que habíamos ido a trabajar; nos la pasamos jugando. De esa reunión, hay gente que todavía sigue trabajando en el programa. Esto es Pasapalabra porque lo que surge en una pequeña oficina a lo que se ve en el aire; a lo que sucede en los lugares donde se ve el programa es todo lo mismo. Es algo maravilloso porque a mí me divierte lo que pasa. Desde ese momento hasta ahora es un salto de poco más de 10 años que se pasó volando. Es increíble, éramos tan jóvenes…
—De esos comienzos al recorrido del programa, que cambió de canal, de día, de horarios, de duración, y siempre funciona, e incluso se convirtió en un caballito de batalla de la grilla de la programación de Telefe, ¿cuál creés que es la clave de su éxito?
—Más allá de que es un trabajo y lo hacemos con mucha responsabilidad y amor, nosotros nos divertimos. En el estudio la pasamos bien y jugamos. A veces nuestros queridos camarógrafos están contestando las preguntas que les hacemos a los participantes, entonces se genera algo ahí que después impacta en la pantalla. Esa es la magia que tiene Pasapalabra porque no importa dónde estés, a qué hora estés y cómo estés, vos jugás en tiempo real con lo que está pasando en el estudio.
—¿Vos sabés todas las respuestas o esperás también para sorprenderte?
—Es un programa que se basa mucho en la espontaneidad, en lo que sucede; yo también me divierto jugando. Es más, el otro día me pasó que di una respuesta sin querer; nunca me había pasado. Le mandé un abrazo al sobrenombre de la persona y… [risas] Me sorprendí… A mí me gusta mucho jugar, sorprenderme y también aprender.
—¿Será esa la clave?
—Todo el tiempo estamos aprendiendo cosas en el programa. Uno no puede pensar que lo sabe y lo comprende todo. Me divierto y hace 11 años que pasa eso. Hemos hecho en la producción batallas de Rosco y nos reímos y la pasamos bien entre nosotros; me parece que pasa por ahí.
—Ya pasaron más de 6000 famosos por el programa, todo un número…
-Sí, terrible… Mirá que me gustan los datos, pero a veces perdés el rastreo de ciertas cifras. ¡Guau!
—¿Hay algún famoso que decís: “Bueno, si viene él o ella es risa asegurada”? ¿O recordás alguno que te haya sorprendido?
—El propósito es que la pasen bien, que se diviertan, se rían y puedan mostrarse también desde otros lugares. Muchas personas vienen con nervios, lógicamente, porque no deja de ser una instancia de juego, pero ni los juegos ni las cosas están hechos para exponer a nadie, al contrario.
—¿Y hay famosos que piden revancha?
—Sí, todos. Obvio, todos quieren dar o sienten que podría haber estado mejor ¿Y sabés qué? Nosotros decimos: “Vení, acá tenés las puertas abiertas del programa”.
—También desde hace unos años sos productor del programa, ¿eso cambió tu ida y vuelta con el equipo?
—Me encanta tener la oportunidad de ver las cosas desde otro lugar y poder poner mi pequeño granito de arena, pero creo que si paso una cierta línea me estaría transformando en una cosa que el programa no necesita. Yo tengo una tarea y puedo sumar, pero también confío plenamente en el equipo; de eso se trata.
—¿Cuántas horas de grabación les lleva esta temporada?
—Depende…
—¿Cambia mucho en las semanas?
—Sí, depende de las métricas de los programas, de lo que se necesite; no es lo mismo producir un programa para una cantidad de minutos que para otra. Hay cosas intrínsecas en la evolución del programa; hay una construcción lúdica para llegar de la mejor manera hacia el final, el Rosco: entonces hay que ver cómo van entrando los juegos y qué tipo de juegos.
—¿Cuántos juegos hay?
—Son como 23 juegos y te diría que de esos, el 80 por ciento son juegos de producción argentina, que después se van a mostrar a todo el mundo.
—O sea que antes de poner un juego al aire lo prueban…
—No solo eso, es también pensar el juego, que sea jugable, divertido, dinámico, replicable en pantalla, que se entienda rápido, que se pueda jugar en tiempo y espacio al mismo momento que está sucediendo en el estudio. Sabés la cantidad de juegos que se han probado y que después de dos o tres veces decimos: “¿En qué nos estamos metiendo? Son imposibles”.
—O sea prueba y error…
—Sí…
—¿Qué mirada tenés de la tele actual?
-Estamos en un contexto bastante especial y también de aprendizaje. Creo que ha cambiado mucho la manera de disfrutar de lo audiovisual en cualquiera de sus formas. Sí creo que la televisión como medio masivo de comunicación sigue viva, latente y sigue marcando y determinando situaciones. Siento que la televisión todavía tiene un papel preponderante y de mucha llegada. Yo creo que cuando hay buenos productos, la gente se acerca.
Una vida fuera de las redes
—Sos una figura importante de la televisión, pero siempre te mantuviste alejado de las redes sociales. Ni siquiera las usás como herramienta de trabajo y sos de resguardar mucho tu intimidad…
—Sí, no tengo redes… Me encantan y me parecen una herramienta magnífica y maravillosa y está buenísima, pero por alguna razón a mí me gusta participar de una manera tangente…
—Aunque no postees, ¿sos de ver qué pasa en Instagram o en TikTok?
—No, no. Y nunca tuve ICQ ni MySpace ni Facebook ni Messenger…
—Y tu relación con el celular cómo es…
—Te lo voy a poner de esta manera. Cuando viajaba y era muy chico, en los noventa, a veces llamaba a casa una vez por semana. Hoy, en el camino al aeropuerto, me leo los diarios del lugar adonde estoy yendo y no pierdo la cotidianidad que perdí en su momento con mis compañeros de colegio, con mi familia, con mis amigos… Antes las distancias se sentían mucho más grandes, enormes.
—Claro, hoy el teléfono…
—Hoy el teléfono me permite viajar, trabajar y no perder la cotidianidad. Cuando viajo —y viajo mucho—, me permite estar conectado y poder resolver situaciones, ya sean personales o profesionales.
—Al hacer un repaso por tu carrera, siempre hablaste del azar que guió tu vida, pero ¿cómo hiciste para no marearte de tan joven?
—Primero, empecé a viajar leyendo porque de muy chico, tenía mucha miopía y lógicamente el acceso a los deportes para mí no era… Mis hermanos sí jugaban a todos los deportes y todos les salía fácil. Yo con ocho grados de miopía en cada ojo era muy complicado, así que aprendí a leer desde muy chico.
—¿Y cómo pasaste de lector a esa exposición?
—Caminaba por calles de los Estados Unidos o Asia y automáticamente iba a recordar los libros que había leído, que habían sucedido o se habían inspirado en esos lugares. Me parecía espectacular. En Nueva York, era muy joven, menor de edad, y mi plan —tenía la suerte de vivir a la vuelta de una cadena de librerías muy grande que cerraba a las dos de la mañana, entonces pagabas veinticinco centavos o cincuenta centavos de dólar y tenías refill gratis de café y té. Imagínate en invierno, en Nueva York, menor de edad, veinte grados bajo cero… Me iba todas las noches ahí, me tomaba cuatro tés y me leía libros.
—Pero te moviste en un medio en donde la tentación…
—Sí, sí, me he divertido, he salido, he compartido muchas fiestas que pueden parecer glamorosas, pero yo estaba trabajando y siempre me lo tomé como un trabajo. Además, como se dio en una situación azarosa de la vida, porque yo de chico quería desarrollarme en otro tipo de disciplina, era un trabajo y me lo tomaba así.

—Es llamativo lo disciplinado que fuiste…
—Nunca he dicho que no he cometido errores, uno es chico y la velocidad a la que suceden las cosas… Imaginate, de repente pasar de estar en el colegio a Milán, Tokio, Nueva York… y así durante años. Tuve la suerte de tener managers muy buenos, que pasaron 30 años y sigo teniendo relación. Son parte de mi familia extendida porque supieron guiarme y cuidarme. Además de mi familia, que me acompañó, y mis amigos. La vida es una constante toma de decisiones y cuando tomás una decisión, a mí me gusta hacerlo bien. Soy muy enfocado en cumplir con lo que decidí hacer.
—Por un lado, una vida muy vertiginosa, que contrasta con “el orden” con que llevás tu carrera y también con cómo te movés a nivel personal, tenés una pareja, Luz Barrantes, con la cual estás hace 26 años…
—Para mí lo más importante es establecer vínculos personales; más allá de todo, lo más importante es la persona. Para mí, si compartimos un momento especial en algún momento de la vida, ese momento es sagrado. Siempre fui igual.
De sueños, festejos y volar
—Y ahora estás por cumplir 50 años, en junio de 2027, ¿hay algún balance, alguna crisis?
—No, no soy de esos planteos. Me gusta vivir mucho en el presente, más allá de hacer un racconto del pasado o de pensar… Soy un poquito soñador con las cosas del futuro, pero desde un lindo lugar de proyección personal. Me gusta mucho vivir en el presente y estar conectado con lo que está pasando.
—Y en tu pareja con Luz Barrantes, ¿hay alguna situación que se ve diferente o problemas que ya no lo son porque se miran de otra manera o se valoran otras cosas?
—Me parece que no hay que perder nunca u olvidarse de las razones por las cuales uno elige en la vida un montón de cosas.
—¿Sos de festejar? Por ejemplo, se vienen los 50 y decís: “Hago una fiesta”.
—Sería bueno (risas)… No, no tengo esas cosas de “Ahora que cumplo 50”… Pero todo el mundo me está diciendo: “Más vale que haga algo para mis 50″, porque sino hacés algo, ya te recibís de aburrido… No sé, voy a ver, quizás me convenzan.
—Y quizás si viene tu mujer y te hace una fiesta sorpresa, ¿qué pasa?
—No, no, eso no, no puedo. No, no, soy muy metódico…
—¿Sos controlador?
-No, no, me preparo para lo que va a pasar o trato, en la manera de lo posible, pero no, ser el foco [de una fiesta]… no.
—Pero vivís con una cámara apuntándote…
—Sí, pero eso tiene que ver con lo profesional; en lo personal, a mí me gusta mucho lo gregario; me gusta mucho ser uno más del grupete.
—Después de un día de grabación largo, ¿qué te relaja? ¿Cómo te desconectás? Además de leer, que sé que es un hábito muy habitual…
—Sí,[risas]. Si no tengo un evento de trabajo después, soy de salir con mi mujer; me gusta mucho la charla. A veces, el programa de charlar mientras se cocina y compartir lo que fue sucediendo en el día me parece muy lindo. Charlamos muchísimo, nos conocemos de hace tantos años… La pasamos bien, nos divertimos, me parece que no hay que perder esa cosa más risueña de la relación… Y también cuando tengo momentos, me gusta estar muy conectado, me gusta no perder la charla con la gente que tengo alrededor y entonces llamo: “Hola, qué tal, ¿cómo estás?” Quizás en un viaje en auto, me gusta hablar, llamo a un amigo, a mi productora… Voy manejando, charlo un rato y no pierdo la palabra, lo humano de la relación, que para mí es importantísimo. Lógicamente, en este mundo tan digital, suena el teléfono y quizás la gente está en otra…
—O sea, te gusta llamar por teléfono…
—Sí, la gente me manda un mensaje y yo llamo.
—Hay algo que sabe poca gente y es que sos piloto de avión…
—Sí, me la pasé viajando y siempre me encantó. Siempre fui de pasajero y quise, de alguna manera, estar del otro lado. Siempre quise ser piloto de avión y de helicóptero y la verdad que en el momento que logré tener las licencias de uno y de otro fue como una cosa muy mía…
—El primer recuerdo de volar…
—Fue espectacular; encontrarte en otro elemento y lo que significa el manejo de una cabina, que es mucha responsabilidad y lo que implica que me permite encender otros lugares del cerebro y el manejo de otro tipo de situaciones. Y también es un momento de compartir con la persona que está volando al lado tuyo, charlas, paisajes, situaciones… Es super lindo.
Fuente: La Nación — Ver noticia original