
La posibilidad de diferenciar en pocos minutos un ACV isquémico de uno hemorrágico y de estimar qué áreas del cerebro aún pueden recuperarse modificó la respuesta frente a una de las principales urgencias neurológicas. Para el doctor Pedro Lylyk, referente mundial en neurocirugía endovascular, el desafío consiste en que esa precisión diagnóstica permita acelerar el acceso al tratamiento.
“Hoy podemos identificar con mayor rapidez si un ACV se debe a una arteria obstruida o a una hemorragia y, en determinados pacientes, estimar cuánto tejido cerebral todavía podemos salvar”, afirma Lylyk en diálogo con Infobae.
Sus definiciones acompañan una actividad de concientización que se realizará este jueves en el Jardín Japonés, en el marco del Día Mundial del ACV. La jornada buscará acercar a estudiantes, docentes, familias y público general herramientas para prevenir, detectar y comprender la atención de esta emergencia.
Las imágenes y la inteligencia artificial reducen tiempos en la atención

Lylyk explicó que la tomografía, el estudio de las arterias cerebrales y las imágenes de perfusión “aportan información cada vez más precisa durante las primeras horas”. Estos estudios permiten distinguir una obstrucción de una hemorragia y evaluar las opciones terapéuticas de cada paciente.
El especialista, director general de ENERI —Equipo de Neurocirugía Endovascular y Radiología Intervencionista— y de Clínica La Sagrada Familia, además de presidente de la Fundación para el Estudio de las Neurociencias y la Radiología Intervencionista (FENERI), destacó también que la inteligencia artificial “aporta una herramienta valiosa: puede ayudar a detectar obstrucciones, analizar las imágenes y compartir alertas entre los equipos”.
“Integrada a una red organizada, puede agilizar la evaluación y el traslado hacia un centro con capacidad de tratamiento. Es un apoyo al criterio médico y requiere supervisión profesional”, agregó.
Para Lylyk, el desafío no termina con la identificación de una lesión en una imagen. “La tecnología necesita una cadena de respuesta que funcione: reconocer los síntomas, llamar a emergencias, avisar al hospital y activar al equipo especializado”, sostuvo. Y resaltó: “El avance más importante es conseguir que un diagnóstico más rápido se traduzca en un tratamiento más rápido”.
La trombectomía amplió la ventana terapéutica para pacientes seleccionados

En los últimos años se ampliaron las alternativas terapéuticas para el ACV. Sobre esas novedades, Lylyk subrayó que la trombectomía mecánica permite extraer, mediante catéteres, el coágulo que bloquea una arteria cerebral y restablecer la circulación en pacientes seleccionados.
Lylyk señaló que uno de los cambios de los últimos años fue la ampliación de los casos que pueden recibir esta terapia. “En casos seleccionados, hasta 24 horas desde el inicio de los síntomas o desde la última vez que la persona estuvo bien”, precisó. También mencionó beneficios observados en algunos pacientes con lesiones cerebrales más extensas y en determinadas obstrucciones de la arteria basilar, que irriga zonas fundamentales del cerebro.
La trombólisis, que utiliza fármacos para disolver el coágulo, conserva un papel central. El médico destacó la tenecteplasa, cuya administración se realiza en un único bolo intravenoso, junto con la alteplasa. Ambas son opciones para pacientes elegibles dentro de las primeras cuatro horas y media.
A su vez, las imágenes avanzadas —dijo— permiten evaluar algunos casos fuera de ese período o cuando no se conoce la hora de inicio, como ocurre en quienes despiertan con síntomas.

Los avances también alcanzan a ciertos ACV hemorrágicos. Las técnicas mínimamente invasivas permiten acceder a hematomas intracerebrales a través de pequeñas vías de entrada y retirarlos para reducir la lesión del tejido circundante.
“La evidencia muestra que la cirugía temprana puede mejorar la recuperación funcional en pacientes seleccionados, especialmente con determinados hematomas lobares, ubicados en los lóbulos cerebrales. No es un tratamiento indicado para todas las hemorragias: la decisión depende de la localización y el volumen del hematoma, el estado clínico y el tiempo de evolución, y requiere la evaluación de un equipo especializado”, explicó Lylyk.
En ese sentido, apuntó: “Hoy contamos con más herramientas tanto para restablecer la circulación cuando una arteria se obstruye como para tratar determinadas hemorragias cerebrales. Ampliar las posibilidades de tratamiento no significa que podamos esperar: llegar rápidamente a un centro preparado sigue siendo fundamental”.
Un solo signo puede alcanzar para sospechar un ACV

Una sonrisa torcida, la pérdida de fuerza en un brazo o dificultades repentinas para hablar pueden ser suficientes para pedir ayuda. Entre los signos de alarma de un ACV también figuran la pérdida de sensibilidad de un lado del cuerpo, los cambios en la visión, los problemas de equilibrio y un dolor de cabeza muy intenso e inusual.
“No es necesario que aparezcan todos: un solo signo puede ser suficiente para sospechar un ACV”, remarcó el especialista. Ante cualquiera de esas manifestaciones, indicó llamar de inmediato al servicio de emergencias y registrar la hora en que comenzaron los síntomas, o el momento en que la persona fue vista bien por última vez.
La evaluación sigue siendo urgente aunque las manifestaciones desaparezcan. Lylyk recomendó no administrar aspirina, alimentos ni bebidas mientras llega la asistencia. Su mensaje para chicos y jóvenes fue directo: “Si alguien de pronto habla extraño, tiene la cara torcida o pierde fuerza, avisen y pidan ayuda inmediatamente. Reconocer un ACV puede salvar una vida”.
El riesgo puede acumularse mucho antes del primer síntoma

Si bien el ACV suele asociarse con adultos mayores, también puede afectar a personas jóvenes. “La edad aumenta el riesgo, pero ser joven no excluye la posibilidad de sufrir un ACV”, advirtió Lylyk, en diálogo con Infobae.
Al referirse a los principales factores de riesgo que preocupan actualmente, enumeró: la hipertensión arterial no detectada o sin control, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad y el sedentarismo. “También influyen el consumo excesivo de alcohol y drogas como la cocaína. Algunas enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular, requieren una evaluación y prevención específicas”, sumó.
A la hora de hablar de la prevención del ACV, el experto recordó que empieza mucho antes del primer síntoma: debe comenzar desde edades tempranas. Y nombró algunas medidas concretas: conocer y controlar la presión arterial, dejar de fumar, realizar actividad física regularmente, reducir la sal, mantener una alimentación saludable y controlar la glucosa y el colesterol. “Cuando se indican medicamentos, sostener el tratamiento es tan importante como los hábitos”, enfatizó.
La rehabilitación comienza durante la internación

La rehabilitación es una parte esencial del tratamiento y debe comenzar durante la internación, apenas el estado clínico de la persona lo permita, con un plan adaptado a sus necesidades, señaló Lylyk.
El objetivo es recuperar funciones vinculadas con el movimiento, la comunicación, la deglución y las capacidades cognitivas. Para eso se requiere un abordaje que puede integrar neurología, fisiatría, kinesiología, terapia ocupacional, fonoaudiología, enfermería y apoyo psicológico.
El acompañamiento y la capacitación de la familia forman parte de ese proceso. También deben identificarse y tratarse la depresión, la ansiedad y otras dificultades emocionales que pueden afectar la recuperación.
“La recuperación puede continuar durante meses y más allá, por lo que requiere reevaluaciones periódicas”, indicó el neurocirujano. La meta es que cada persona recupere la mayor independencia y calidad de vida posibles.
La jornada del Jardín Japonés abordará prevención, diagnóstico y recuperación
La propuesta educativa de este jueves reunirá actividades comunitarias de FENERI y la Asociación Argentina de Ataque Cerebral (AAAC), junto con una estación desarrollada por ENERI y Clínica La Sagrada Familia. Se realizará de 10 a 14, en el Jardín Japonés de la Ciudad de Buenos Aires.
El recorrido incluirá puestos dedicados al control de factores de riesgo, la alimentación saludable y la actividad física. También habrá espacios para practicar el reconocimiento de señales de alarma a través de la regla SoCoorRé: sonreír para detectar una posible asimetría facial, coordinar para comprobar si la persona puede mantener ambos brazos en alto y repetir una frase simple para identificar dificultades del habla o la comprensión.
Otra de las estaciones será STROKE IA 360°, una experiencia de entre ocho y 10 minutos por grupo que seguirá un caso ficticio desde los síntomas iniciales hasta una simulación de recuperación de la circulación cerebral.
El público podrá conocer cómo las imágenes y la inteligencia artificial ayudan a evaluar una sospecha de ACV. También habrá una demostración de trombectomía mecánica mediante un simulador, una pantalla interactiva o un modelo vascular.
La jornada contará, además, con una estación de rehabilitación para explicar el trabajo interdisciplinario posterior a la urgencia y el uso supervisado de tecnologías como realidad virtual, robótica e inteligencia artificial.
Fuente: Infobae — Ver noticia original