El periodista deportivo Gonzalo Bonadeo es reconocido por su sabiduría en una gran cantidad de disciplinas, que incluye una importante trayectoria en la cobertura de distintos mundiales de fútbol y juegos olímpicos. Pero poco se sabe de su otra pasión: el campo.
Por eso, Mario Pergolini se sorprendió cuando este lunes en su programa Otro día perdido, que se emite por El Trece, Bonadeo reveló: “Me hubiera gustado ser ingeniero agrónomo, vivir en el campo, pero nunca fui un muy buen estudiante”.
Consultado por TN, el periodista se explayó sobre su relación con el agro y contó que esa pasión nació desde que era muy chico, a partir de las visitas que realizaba al establecimiento familiar La Solana, que su abuela paterna Inés adquirió en el departamento de Marcos Juárez, al sudeste de la provincia de Córdoba.
“Desde 1968 hasta 1990, cuando mi padre vendió la parte suya a mi tío Hernán, pasaba ahí dos o tres meses al año, ya sea vacaciones de verano, de invierno, o en Semana Santa. Es una especie de casaquinta donde se hace agricultura y hay varios animales”, relató el periodista de 63 años de edad.
En esos días de descanso, que abarcaron parte de su infancia y de su adolescencia, Bonadeo se trasladaba desde la Ciudad de Buenos Aires para disfrutar del establecimiento familiar en el sur de Córdoba.
“Parte del atractivo era realizar tareas en el campo, con mayor o menor frecuencia. Entre otras cosas, apartábamos la hacienda para después hacer la vacunación en la manga. Una de las primeras pruebas de soja que se hicieron en el campo, que fueron unas 8 hectáreas, a partir de una iniciativa de mi tío Hernán. Junto a mi primo Martín, y otra gente, nos ocupamos de desmalezar, porque el gran problema de la soja en ese momento era el chamico”, recordó.
Al respecto, aseguró: “Si me dan a elegir entre las montañas, la playa y el campo, me quedo claramente con el campo. Estoy muy acostumbrado a eso, a vivir sin televisión ni luz corriente que ahí se instaló hace 20 años, pero antes teníamos un motor a querosén. La casa se inauguró en 1968 y todavía sigue estando ahí, con un parque muy bonito que lo armó mi abuela con un tío segundo mío”, contó.
Incluso, comentó que la historia de esa localidad está ligada a sus raíces familiares. “Durante un tiempo, de un lado de las vías del tren era Cavanagh y del otro lado era Regensburger, que era el apellido de mi bisabuelo. Quedó el nombre Cavanagh, pero la escuela del pueblo tiene el nombre de mi bisabuela paterna, Eli Poleman de Regensburger, que fue fundadora”.
Una vez que terminó el secundario, en 1981, Bonadeo finalmente decidió dedicarse a la misma actividad que su padre Diego: el periodismo deportivo.
Sus escapadas al campo dejaron de ser tan frecuentes, pero siempre siguió en contacto con la vida rural. “Seguía yendo a dar una mano y especialmente a descansar. Siempre supe cómo disfrutarlo, ya sea acompañado de mucha o poca gente”.
Su padre Diego vendió en 1990 su parte, para adquirir otro establecimiento en la localidad santafesina de Sancti Spiritus. Si bien Bonadeo afirma que nunca logró tener el mismo vínculo emocional con ese nuevo lugar, sí suele regresar a La Solana junto a sus hijas para visitar a su tío Hernán y su primo Martín, quien es un emprendedor de Venado Tuerto vinculado al rubro agroindustrial.
Bonadeo comentó que también suele visitar la Exposición Rural de Palermo, donde a veces ha hecho transmisiones para sus programas de radio. “Cuando visito esas muestras me resultan un ambiente familiar, no es algo extraño para mí”, concluyó.
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