El mundo de los medios de comunicación está de luto. Milton Coleman, uno de los periodistas y editores más influyentes de The Washington Post, murió el 30 de octubre a los 79 años. A lo largo de su carrera, ocupó cargos de máxima responsabilidad en el diario estadounidense, impulsó la incorporación de periodistas afroamericanos y latinos y defendió la importancia de que los medios reflejen la diversidad de las comunidades sobre las que informan.
Coleman llegó a The Washington Post en 1976, después de trabajar en distintos medios orientados a las comunidades afroamericanas y cubrir la política local en Minneapolis. En 1986 fue designado editor de la sección Metro, convirtiéndose en el primer afroamericano en ocupar ese puesto. Desde allí coordinó el trabajo de unos 150 periodistas.
Una década más tarde alcanzó el cargo de editor adjunto, el tercer puesto de mayor jerarquía dentro de la redacción. También fue el primer periodista afroamericano en integrar el directorio editorial del periódico.
Durante su gestión, promovió programas de contratación y capacitación para ampliar la diversidad en las redacciones. Además, impulsó nuevas coberturas sobre las comunidades latinas y participó en la adquisición del semanario en español El Tiempo Latino por parte de The Washington Post Company en 2004. “La diversidad no era un experimento social, sino una necesidad de la industria”, sostenía Coleman.
Sus investigaciones y el compromiso con el periodismo
Su carrera también estuvo atravesada por episodios que pusieron a prueba su compromiso profesional. En 1984, reveló que el dirigente afroamericano Jesse Jackson había utilizado en privado un insulto antisemita durante su campaña para obtener la candidatura presidencial demócrata. La publicación generó fuertes críticas y amenazas contra el periodista y su familia. Coleman también asumió responsabilidades editoriales durante el escándalo de Janet Cooke, cuya historia ficticia sobre un niño adicto a la heroína había obtenido un premio Pulitzer que el diario debió devolver.