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Es hermano de un famoso actor, se recibió de maestro jardinero y trabaja en teatro con Adriana Brodsky: “Un disfrute”

Aunque Manuel de la Serna no tuvo un encuentro tan directo con los escenarios, en diálogo con LA NACION devela que la veta artística siempre estuvo presente en su vida
Es hermano de un famoso actor, se recibió de maestro jardinero y trabaja en teatro con Adriana Brodsky: “Un disfrute”

Es el hermano menor de Rodrigo de la Serna, y tal vez fue quien le contagió la pasión por la actuación. Pero antes de ser actor, Manuel de la Serna se formó en educación: es maestro jardinero y narrador oral, y da clases y talleres en diferentes lugares.

Por estos días estrenó Una noche con Adriana Brodsky, en Microteatro, con libro y dirección de Fabrizio Origlio, donde Manuel se sube al escenario con Adriana y Jorge Holovatuck para cumplir una fantasía de toda la vida. En diálogo con LA NACION, Manuel de la Serna cuenta cómo fueron sus inicios y cuánto tuvo que ver su hermano en su cambio de rumbo.

Manuel de la Serna junto a Adriana Brodsky

-¿Cómo es trabajar con Adriana Brodsky?

-La conocí en los ensayos y es una divina. Obvio que la conocía de la tele por mis viejos que veían a (Alberto) Olmedo. Yo era chico, pero me acuerdo de espiar a mis 7 u 8 años… Y cuando se daban cuenta, me mandaban a la cama (risas). Pero tengo la imagen y el recuerdo de Adriana de esa época. Hicimos pocas funciones y quiero que tengamos más tiempo para que me cuente un poco cómo era esa época, cómo era trabajar con Olmedo. Tengo ganas de conocer su voz. Pero la verdad que, en el trato, ella es muy sencilla y, en eso, me sorprendió porque no se mueve como una diva ni tiene exigencias de diva ni mucho menos. Es muy sencilla, muy compañera. Está muy abierta al trabajo. Este mes de octubre en Microteatro la temática es el sexo y Una noche con Adriana Brodsky está los miércoles y sábados, a partir de las 22.30. Se armó un grupo muy copado y nos divertimos mucho en escena y también con el director y su asistente, Alexandra Panch. Es un disfrute.

-¿Qué pensaste cuando te convocaron?

-La obra la escribió Fabrizio Origlio, que fue mi profesor de música en el Instituto Eccleston, cuando estudiaba para maestro jardinero. Nos volvimos a encontrar mucho tiempo después, yo ya dando clases. Y me comentó que había estado con Adriana y que quería hacer Microteatro, así que escribió la obra pensando en ella. Y después me convocó a mí y a Jorge Holovatuck. Es muy divertida, porque cuenta el encuentro entre ellos y yo soy el conector. Es la fantasía de pasar una noche con ella. Me gusta mucho el formato de Microteatro y además está bueno que sea dos veces por semana, por una cuestión familiar.

Manuel de la Serna junto a su esposa, Loli, y su hermano mayor, Rodrigo

-¿Se acomodó tu familia a esta nueva rutina?

-Nos acomodamos todos (risas). Tengo dos hijos, de 4 y 3 años: Pedro y Felipe. Y mi mujer, Loli, es docente así que necesitamos una logística.

-Vos también sos docente…

-Soy docente también. Pero, más que nada, trabajo mucho con la narración oral. Soy narrador oral, aparte de ser actor. Entonces doy muchos talleres que tienen que ver con la capacitación docente o la capacitación de personas que tienen que ver con la narración oral y con contar cuentos. Y soy maestro jardinero.

-No hay tantos maestros jardineros…

-Somos pocos, sí. Me acuerdo que cuando estudiaba eran 300 mujeres y dos varones.

-¿Y por qué te interesó esa carrera?

-Cuando terminé la escuela secundaria no sabía qué estudiar y estuve dos meses viajando por Brasil. Y no sé por qué, ahí conecté con las infancias. Me decidí a probar cómo es eso de ser maestro jardinero, y me enganché mucho con la educación y con las infancias.

-Todavía no eras actor.

-No, pero ya había empezado a estudiar teatro. En el profesorado me interesó, sobre todo, la narración oral, que se usa mucho en el nivel inicial. Y seguí mi estudio como teatrero. Ejercí cuatro años como maestro jardinero y después surgieron oportunidades en la narración y la actuación. También trabajo en el Ministerio de Educación, como narrador.

-Sos el hermano menor de Rodrigo, ¿fue a través suyo que te interesó el teatro?

-Sí. Mi hermano empezó muy joven… Estudió en la Escuela del Caminante, a la que yo iba también. Ahí daban un taller de teatro y surgió un poco su vocación, y también la mía. Me hizo bien el teatro, entonces seguí.

-¿Qué te dijo cuando le contaste que querías ser actor?

-Siempre me apoyó, me alentó.

-¿Trabajaron juntos alguna vez?

-Hace poco fue nuestra primera vez y estuvo muy lindo. Filmamos una película que se llama El hombre de la luna, la ópera prima de Rodrigo Pérez Green, que se autofinanció. Estuvimos en el Festival de Cine de Mar del Plata el año pasado y ahora la película está girando por festivales… Creo que se va a estrenar el año que viene. Además de mi hermano y yo, está Fernanda Metilli. Es una hermosa película… Un drama que cuenta la historia de un hombre que atraviesa un duelo después del suicidio de su mujer. Y mi hermano, hace de mi hermano (risas).

-¿Cómo fue esa experiencia?

-Muy natural… Porque nos conocemos mucho. En realidad, su personaje iba a ser el de un amigo del mío, pero el director aprovechó el vínculo y que somos parecidos, y cambió su rol. Fue fácil. Además, mi hermano es muy profesional, buen compañero y ayuda mucho en el trabajo. Cero divo. Desde chico tuvo muy claro todo y fue armando su camino.

-¿Cuáles son los pro y los contra de tener un hermano famoso?

-Nunca me pasó de pedirle nada a mi hermano… Digo, que me haga gancho para algo. Tampoco me pasó que me llamen por mi hermano, ni que se me cerrara alguna puerta por él. Así que no sabría decir si tener un hermano famoso es algo bueno o malo (risas). Por ahí, la aportación de apellido te puede llegar a abrir alguna puerta, pero siempre confié en mi trabajo y en lo que soy yo.

-¿Tampoco sentís presiones por portación de apellido?

-No, la verdad que no. La actuación es un disfrute siempre. Conozco la fama de cerca y no me interesa ese lado de la actuación. Nunca tuve esa búsqueda, y mi hermano tampoco… Pero bueno, le cayó.

-¿Cómo debutaste profesionalmente?

-La primera obra que hice profesionalmente fue Medida por medida, de Shakespeare. Y después hice muchas puestas escénicas de narración oral, para adultos y para chicos también. Tuvimos un grupo de narración oral que se llama El viajecito de Felipe, que de ahí surgió después el nombre de mi hijo. Y trabajé mucho con el director Víctor Chacón. Cuando fui papá aflojé un poquito y ahora que los nenes están creciendo, estoy volviendo. Televisión hice muy poco, apenas algunas participaciones en Casados con hijos y Contra las cuerdas, donde también trabajé con mi hermano. No me metí en la industria ni en la tele. No busqué tampoco… Y disfruto también dando talleres de narración en un teatro en Martínez, de forma virtual, en el profesorado donde egresé. Así que siempre fue más una búsqueda de disfrute.

-Dos hermanos, los dos actores. ¿De dónde viene?

-No sé…. Mi viejo ingeniero y mi vieja licenciada en artes. Mi hermano siempre fue muy extrovertido, muy payaso. Desde chico se divertía mucho con eso. Y yo creo que surgió ahí. También mis padres eligieron mandarnos a la Escuela del Caminante, orientada a las artes.

-¿Tenés otros proyectos?

-Tengo proyectos. Presentamos obras infantiles en escuelas. Y hago una obra de teatro negro que se llama Circo, fokus, bokus con la que estuvimos en el Teatro Empire el año pasado y ahora también presentamos en escuelas. Siempre intento que algo salga porque lo necesitamos, además.

Fuente: La Nación — Ver noticia original