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Envejecimiento y arquitectura: la vivienda es mucho más que un espacio físico adaptado

Un estudio realizado en Flandes combinó perspectivas de la gerontología y el diseño para analizar cómo la relación afectiva entre los adultos mayores y sus hogares determina su bienestar cotidiano
Envejecimiento y arquitectura: la vivienda es mucho más que un espacio físico adaptado

La investigación del arquitecto Sander Lambrix concluye que el bienestar de los adultos mayores depende del vínculo emocional con el hogar y no solo de reformas físicas - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las viviendas no fueron diseñadas para envejecer con sus habitantes, pero eso es exactamente lo que ocurre. Lo demuestra la tesis doctoral del arquitecto Sander Lambrix, quien tras visitar hogares de personas mayores en Flandes, entrevistar a residentes y a los arquitectos que proyectaron sus casas, y analizar planos arquitectónicos, llegó a una conclusión que desafía la lógica habitual del urbanismo geriátrico: el bienestar de los adultos mayores no depende solo de rampas, puertas anchas o baños adaptados, sino del vínculo emocional que construyen con el lugar donde viven.

La investigación, titulada Affective Entanglements of Ageing and Architecture, fue presentada en la Universidad de Hasselt y combina enfoques de arquitectura y gerontología. Lambrix desarrolló su trabajo dentro del grupo de investigación “Designing for More” de esa casa de estudios y del “Society and Ageing Research Lab” de la Universidad Libre de Bruselas (VUB), bajo la dirección de los profesores Ann Petermans y Jan Vanrie (Hasselt) y An-Sofie Smetcoren (VUB).

La Universidad de Hasselt y la Universidad Libre de Bruselas combinaron enfoques de arquitectura y gerontología para analizar el envejecimiento en el entorno doméstico -(Imagen Ilustrativa Infobae)

Los flamencos quieren quedarse en casa, pero sus casas no están preparadas

El punto de partida de Lambrix es una tensión que atraviesa a la sociedad flamenca: sus habitantes están profundamente apegados a sus hogares y desean permanecer en ellos el mayor tiempo posible, pero la mayoría de esas viviendas no fueron concebidas para ser habitadas durante toda una vida. El problema adquiere una dimensión mayor ante el envejecimiento poblacional y la política regional, que promueve la permanencia independiente de los adultos mayores en sus domicilios.

Datos oficiales del gobierno de Flandes ilustran el contexto. En 2026, el 51% de los mayores de 67 años vivía en pareja sin hijos y el 29% solo, según cifras de Statistiek Vlaanderen. Al mismo tiempo, solo el 5,2% de los mayores de 65 años residía en centros de cuidado, una proporción que descendió tras la pandemia de COVID-19 y que aún no recupera los niveles previos. La región contaba en 2026 con más de 120.000 plazas en residencias y viviendas asistidas, un 89% más que en 1998, pero el Consejo Flamenco de Personas Mayores advirtió en marzo de este año que entre la vivienda convencional y el centro de cuidados “no existe prácticamente nada”.

Las estadísticas oficiales de Flandes indican que el cincuenta y uno por ciento de las personas mayores de 67 años vive en pareja y el veintinueve por ciento en soledad - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La casa evoluciona junto a quien la habita

“Cuando hablamos de envejecimiento y vivienda, pensamos en accesibilidad física —sin escaleras ni umbrales, un baño adaptado, puertas más anchas— o en experiencias emocionales como recuerdos o relaciones sociales”, explicó Lambrix en declaraciones recogidas por Phys.org. “Esto es importante, pero dentro de una vivienda, los aspectos físicos y emocionales están mucho más vinculados de lo que parece a simple vista”.

Uno de los hallazgos centrales de la tesis es lo que el investigador denomina un enfoque “relacional”: el hogar se transforma de manera permanente junto a sus ocupantes. Los muebles encuentran su lugar, los objetos acumulan recuerdos, las habitaciones adquieren funciones nuevas y el entorno que rodea la vivienda también cambia. Al mismo tiempo, la casa condiciona lo que sus residentes pueden hacer, cómo organizan su rutina diaria y cómo se sienten. El bienestar, según esta perspectiva, no proviene del individuo ni de las características del edificio, sino de la interacción entre los ocupantes, sus cuerpos, la vivienda, sus pertenencias y el entorno.

El Consejo Flamenco de Personas Mayores advirtió sobre la falta de opciones intermedias entre la vivienda convencional y los centros de cuidados - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mudarse no es la solución obvia que parece

Este enfoque también permite entender por qué la respuesta aparentemente lógica —mudarse a una vivienda más pequeña y funcional— no resulta una opción sencilla para las personas mayores. Abandonar el hogar implica despedirse de un espacio donde se acumularon hábitos, relaciones y memorias durante años.

Lambrix propone, en cambio, ampliar la mirada sobre la vivienda a lo largo del curso de vida. “La pregunta ‘¿es la casa adecuada para un residente mayor?’ no es la única que importa. También debemos preguntar: ‘¿Qué es lo que hace que esta persona se sienta en casa aquí, específicamente?’”, planteó el investigador.

El autor del estudio plantea evaluar qué factores específicos generan el sentido de pertenencia en una vivienda antes de proyectar modificaciones - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Diseñar barrios que permitan envejecer con sentido

El arquitecto sostiene que esta perspectiva abre posibilidades concretas para profesionales de la arquitectura, responsables de políticas públicas y trabajadores de la salud. Comprender cómo las personas y sus entornos habitacionales envejecen de forma conjunta permitiría diseñar viviendas y barrios que no solo sean físicamente accesibles, sino que habiliten un envejecimiento pleno.

El Consejo Flamenco de Personas Mayores se pronunció en una dirección similar en su informe de 2026, al solicitar un plan de acción que integre calidad de la vivienda, del entorno, participación social y cultural, y servicios de atención. La entidad reafirmó su apoyo al principio de ageing well in place, pero reclamó un espectro más amplio de opciones habitacionales entre la casa propia y la residencia geriátrica.

Fuente: Infobae — Ver noticia original