Entre junio y septiembre de este año, el sistema científico-tecnológico público perdió 2.096 puestos; es decir, se consumó una sangría de 23 por día. Y si se hace la cuenta desde diciembre de 2023, cuando asumió el gobierno de Javier Milei, la cifra adquiere dimensiones impensadas: 8.545 empleos menos.
Los números surgen del último informe de empleo y recursos humanos del grupo Economía, Política y Ciencia (EPC, del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, Ciicti), que se basa en datos del Indec publicados el 31 de octubre.
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“Esto implica un salto en la tendencia que se venía registrando; y aunque no se reproduzca esta aceleración en el próximo trimestre, se encuentra en un nivel muy alto”, subraya Nicolás Lavagnino, que lideró el trabajo. Entre las causas que motorizan este proceso, menciona, están la disminución en los pedidos de ingreso a la Carrera del Investigador Científico (CIC), la caída de las becas del Conicet, retiros masivos y el cierre de áreas completas en el INTA y el INTI. El primero de estos dos últimos organismos perdió alrededor de un cuarto de su planta por “retiros voluntarios” que en realidad no fueron tan voluntarios (unos mil puestos desde junio de este año); el segundo, casi 900.
¿Qué organismos y empresas sufrieron las mayores pérdidas de empleo científico?
Entre los organismos científico-tecnológicos más afectados están la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Servicio Meteorológico Nacional, la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología (ICT) y la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (Anlis). Entre las empresas, se cuentan FADEA (339), NASA (309) y VENG.
En términos relativos, escriben los autores, el mayor ajuste se dio en la Secretaría de ICT (-45,0%) y en la Agencia I+D+i (-44,4%), seguidas por el Instituto Nacional del Agua (-37,2%), el Banco Nacional de Datos Genéticos (-29,8%) y el INTI (-28,6%). En el último trimestre se aceleró la caída en el INTA (-27,3%).
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El Conicet concentra algo más de un tercio de las pérdidas: 2.965 puestos, de los cuales 1.812 son becas y 1.153 son cargos de carrera, personal de apoyo y administrativos. Pero la caída es sistemática en toda el área, donde se registra la desarticulación de múltiples estructuras en simultáneo, sumada a la fusión con otras instituciones (como es el caso del INPRES y el SEGEMAR) y una política de ajustes, cierres, retiros y despidos selectivos con la finalidad de cumplir con la meta de planta de personal fijada por la política de la “motosierra”, indican.
Menos científicos por habitante: la brecha histórica que aleja al país del mundo
Para tomar dimensión de lo que está ocurriendo, baste con comparar las (menguantes) capacidades científico-tecnológicas locales con las de economías avanzadas. Mientras los países de la OCDE promedian 9,7 investigadores de jornada completa cada mil integrantes de la población económicamente activa, la Argentina bajó de 3,0 en 2023 a 2,8 en 2024. Es menos de un tercio de ese promedio, y la brecha crece. “Si nos comparamos con otros países a los que querríamos parecernos, en 2023 teníamos un 30% de la densidad poblacional científica de la OCDE, y nos vamos alejando más y más –afirma Lavagnino–. El sistema sufre no por exceso, sino por falta de escala, de masa crítica”.
El informe agrega que variaciones tan sostenidas en plantas de personal altamente calificado son poco habituales en el nivel mundial. De acuerdo con Lavagnino, solo habría un antecedente local: el primer tramo del gobierno de Menem, cuando también se hablaba de un sistema sobredimensionado, y organismos como el INTI o el propio Conicet sufrieron recortes parecidos, pero partiendo de una base mucho más baja. En aquella oportunidad, tras una década sin ingresos, la edad promedio de los investigadores del Conicet llegó a rondar los cincuenta años o más.
Quienes dejan su puesto en el Estado tampoco encuentran alternativas en el sector privado que, destaca Lavagnino, “está estancado”. El empleo, que venía creciendo de manera bastante dinámica hasta 2023 (un 30% aproximadamente, más que nada gracias a la ley de economía del conocimiento, las farmacéuticas y los laboratorios biotecnológicos), se detuvo e incluso cayó un poquito en 2024, mejoró algo al año siguiente, pero luego se frenó y carece de impulso. Y los salarios reales de investigación y desarrollo, aunque caen menos que en el sector público, tampoco crecen.
“Es una desarticulación absoluta y sin reemplazo –agrega–, porque hay un sector muy pequeño que creció apenas en el primer trimestre, pero creemos que el balance en lo que va del año será de pérdida, ya que el panorama económico es muy oscuro. Estamos esperando la publicación de los datos para constatarlo”.
La imagen general es de enorme preocupación. “Muchos de los que se fueron abandonaron la actividad o emigraron, y recuperarlos no será sencillo –concluye Lavagnino–. Tampoco hay quien los reemplace, porque con menos becarios se resiente la formación de la generación siguiente. Incluso si un futuro gobierno tuviera los recursos y decidiera priorizar la ciencia, probablemente no tendría cómo ejecutarlos. Son profesionales que no se improvisan. Ya ocurrió algo parecido cuando el Conicet reabrió el ingreso a la carrera en la primera década del siglo: sobraban vacantes y faltaban candidatos. Es un escenario de erosión constante que costará muchísimo revertir”.