Cuando Ramiro Roco y Julieta Elizondo compraron una chacra de 24 hectáreas en Balsa Las Perlas, en 2020, el panorama estaba lejos de ser alentador. Había un monte frutal abandonado, no tenían conexión eléctrica y el campo necesitaba una transformación completa para empezar a producir.
La decisión llegó justo antes de la cuarentena por la pandemia. Poco más de un mes después, cuando comenzaron a flexibilizarse las restricciones, la pareja se instaló directamente en el lugar. Ramiro tenía 24 años y Julieta 19, y durante los primeros tres meses vivieron sin luz mientras comenzaban a limpiar, trabajar la tierra y proyectar el futuro establecimiento.
Tal como lo contó el diario Río Negro, la historia de Ramiro con el campo había empezado algunos años antes. Su familia, dedicada históricamente al transporte de personal en Neuquén, tenía una chacra de 13 hectáreas en Plottier que llevaba tiempo sin una producción sostenida. En 2017 comenzó a sistematizarla y a experimentar con distintos cultivos, aunque buena parte de las tareas todavía se realizaban mediante contratistas.
La pandemia terminó acelerando una decisión que ya venía madurando. La familia buscaba diversificar sus actividades y reducir la dependencia de un solo sector económico. Ramiro y Julieta fueron quienes asumieron el proyecto y transformaron aquella chacra rionegrina en Establecimiento La Pasto Verde.
Durante dos años y medio vivieron en un tráiler mientras trabajaban sobre el terreno y construían su propia casa, que terminaron a fines de 2022. Al mismo tiempo erradicaron el antiguo monte frutal, nivelaron los lotes e iniciaron un esquema productivo centrado principalmente en la alfalfa.
De un campo abandonado a rendimientos de 18.000 kilos
La elección de la alfalfa no fue casual. Ramiro la define como una de las forrajeras más nobles por su capacidad de recuperarse frente a distintos eventos climáticos. Antes habían probado con zapallo, melón y maíz, pero la estabilidad y la respuesta de la alfalfa terminaron inclinando la balanza.
La preparación de cada lote comienza mucho antes de la siembra. Primero realizan una nivelación precisa, indispensable porque el riego es por manto. Luego implantan un verdeo de invierno, como avena o cebada, seguido por cultivos de primavera y verano como moha o mijo. Recién después de ese proceso llega el momento de sembrar alfalfa.
También trabajan con análisis de suelo y fertilización ajustada a las necesidades de cada lote. A eso suman abono proveniente de sus propios animales, que incorporan con maquinaria. Para Ramiro, mantener la fertilidad es una condición esencial para sostener rindes elevados durante varias campañas.
Las condiciones naturales de Balsa Las Perlas también juegan a favor. Allí utilizan agua del río Limay mediante una bomba compartida con otros productores y, por las características del suelo, alcanzan aproximadamente un riego por mes durante la temporada. En Plottier, en cambio, el suelo más arenoso exige frecuencias mucho mayores.
Esa diferencia se refleja directamente en la producción. En Las Perlas alcanzan un promedio cercano a los 18.000 kilos de materia seca por hectárea por temporada, mientras que en Plottier se ubican alrededor de los 12.000. La mayor retención de humedad y la calidad del suelo rionegrino permiten aprovechar mejor cada ciclo del cultivo.
La mecanización propia fue otro salto importante. Cuando dependían de terceros, el primer corte podía demorarse hasta mediados de diciembre. Con sus propias máquinas comenzaron a hacerlo hacia fines de octubre, lo que les permite sumar más cortes durante la temporada y aumentar el volumen final.
Hoy cuentan con tractor, segadora, enrolladora, hileradora, rastra y niveladora láser, entre otras herramientas. En la última campaña llegaron a realizar seis cortes y continúan ampliando la superficie implantada.
La mayor parte de la producción se comercializa en forma de rollos y tiene como destino centros de equitación, clubes, caballos de polo, pensiones equinas y productores bovinos y ovinos. La alfalfa de La Pasto Verde llega a distintos puntos de Neuquén y de la Línea Sur de Río Negro, e incluso en momentos de sequía recibieron compradores de Buenos Aires y La Pampa.
El establecimiento tiene actualmente alrededor de 17 hectáreas implantadas y el objetivo es acercarse a las 30. La pareja también incorporó infraestructura para guardar maquinaria y sigue sumando superficie año tras año.
Fuente: TN — Ver noticia original