La vida sigue. La segunda derrota con Boca durante 2026 (un poco por alarmantes deficiencias propias, otro poco por llamativos olvidos tecnológicos) solo fue un paso más en una cadena de desatinos construida en esta temporada. Y que se extiende en el tiempo. El River futbolero (el de los 70 millones en compras en el mercado de pases y que tiene tres entrenadores en menos de 12 meses), es un conjunto de jerarquías individuales con tramos repentinos de juego asociado. Pasajes, dentro de un contexto liviano, ineficaz.
Perdió todo lo que estuvo a su alcance en uno de los años más desalentadores de la última década. Por eso, hasta un partido de jueves a la tarde en Mar del Plata frente a un equipo ya descendido tiene un imprescindible valor. El 2 a 0 conseguido contra Aldosivi no tapa la derrota con Boca ni la temporada, pero al menos invita a una (exagerada) ilusión: los octavos de final del torneo Clausura.

Con una tribuna repleta de hinchas, casi siempre en sintonía de aliento, estimulante, un grupo de jugadores ofreció una suerte de disculpa pública. “La gente estuvo, acá, a las tres de la tarde: nos vino a apoyar. Como en todos lados. Este año no fue un buen año (hasta el momento) para nosotros. Esperemos darles una alegría a fin de año”, sostiene Lucas Beltrán, el autor del 1-0, de penal. Un penal de VAR, como tecnológica fue la suspensión apenas un rato antes del gol de Aldosivi, por una posición adelantada en la acción previa.
De algún modo, esta vez el VAR contribuyó a la victoria de River, así como en la Bombonera pasó mayormente desapercibida para el interés millonario.
“Necesitamos ganar, sobre todo porque la situación es complicada. Había que dar la cara. Estoy contento por el gol, después de tanto tiempo de buscarlo, por suerte se me dio. Fuimos superiores, pero estaba complicado, zafamos por el offside de ellos. Tenemos muchas cosas que mejorar”, apunta en el blanco Lucas Beltrán, uno de los pocos que araña un simbólico 6 en la tabla de puntajes.
Cinco situaciones claras dispuso el gigante durante la primera mitad. Un disparo por arriba de Galván, luego de una interesante jugada colectiva, un remate fortísimo de Beltrán, que Acosta sacó a un costado y un tiro libre de Almada que chocó con el travesaño, fueron las más luminosas.
Cuando la mano viene cambiada, todo sale mal. Hasta lo absurdo. Santiago Beltrán salió lejos, fuera de contexto, chocó con Otamendi y la pelota derivó en el gol de Moya. El VAR, esta vez, le hizo un guiño a River: Vombergar estaba adelantado en la construcción de la jugada. Mientras la tecnología se demoraba en tomar nota (pasaron cinco minutos), los hinchas millonarios gritaban el clásico “movete River movete”. Javier Sanguinetti, el entrenador local, aplaudía de modo irónico. Lo único claro de esta cruda actualidad: nadie cree en nada, las sospechas, favores y el repetitivo “tiene argumentos para…” representan la sombra del traumático 2026.
Acosta sostenía a Aldosivi (otro tiro libre de Almada), que resistía frente a un atribulado River, que se perdía el segundo una y otra vez antes de abrir el marcador.
SE SALVÓ EL MILLONARIO: por este offside de Vombergar, no suma el gol de Moya tras el choque entre Beltrán y Otamendi.
📺 ESPN Premium | Suscribite al Pack Fútbol en https://t.co/QYG8QkfMVs pic.twitter.com/FRdLVMe89a
— SportsCenter (@SC_ESPN) November 5, 2026
Distraído el VAR en el súper, esta vez el uso de la tecnología jugó a favor de River: una mano de Vombergar ante un tiro libre de Driussi derivó en un discutido penal. Lo convirtió Beltrán, solidario y errático frente al arco, segundos después de que la pelota pasara de mano en mano. Correa, Almada, Driussi: todos necesitan el gol. Beltrán, así, convirtió el primer tanto desde su regreso. En el mientras tanto, fueron expulsados Sanguinetti y un par de colaboradores.
Faltaban 15 minutos. Todo, pero todo, para intentar jugar de local, al menos, los octavos de final de los cruces directos en el Monumental. Entre tantas malas, algo que se asemeja a una noticia alentadora.
“Después de lo del domingo, es más que todo, la cabeza… Hay que sacar esto adelante. Volver a ganar da confianza, se puede trabajar y corregir las cosas que se deben hacer”, sostiene Leonardo Ponzio, tan simple al declarar como básica es la estructura de juego de un equipo con varias estrellas. Entre ellos, un sobrio Santiago Espíndola, de 18 años, reemplazante de otro pibe, Lucas Silva, que sufrió más que otros en la Bombonera.
“Nosotros vamos a buscar todos los partidos. La historia marca de que nunca nos podemos bajar. Los campeonatos son los que siempre busca la insttitución. Lo del domingo pudo haber sido peor… Tenemos que mejorar, sé que los números están. En River hay que ganar y después, volver a ganar. Si fluye lo mental, va a fluir todo”, aporta el entrenador, al menos, hasta fin de año.
El segundo y definitivo fue de Correa, con un remate cruzado y cómplice de una pierna rival. “Esta hinchada se merece ser campeón”, exige la gente, de frente a los jugadores, que pedían perdón. River perdió todo lo que pudo en 2026, pero le queda una bala. Como en el tiro, el gigante debe pone a prueba la precisión, el control mental, la concentración y la disciplina en los próximos cruces directos. Aunque ni el título pueda salvar el año.
Fuente: La Nación — Ver noticia original