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El secreto que sacude a un pueblo: ocultó a su hijo por 33 años y deberá pagarle 100 millones de pesos

El secreto que sacude a un pueblo: ocultó a su hijo por 33 años y deberá pagarle 100 millones de pesos. El joven podrá comprarse la casa que nunca tuvo.
El secreto que sacude a un pueblo: ocultó a su hijo por 33 años y deberá pagarle 100 millones de pesos

La Cámara en lo Civil y Comercial de Bahía Blanca confirmó una indemnización de $100 millones por daño moral para un joven que creció con privaciones tras no ser reconocido por su padre, un terrateniente que acumulaba campos y fortuna. El hecho sin precedentes tuvo lugar en Indio Rico, una localidad de 1000 habitantes ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires.

En abril del 2022, cuando tenía 33 años, la Justicia confirmó -con un ADN y otras pruebas- la filiación, reclamo que había iniciado la madre del damnificado cuando este era un adolescente. Luego, el joven avanzó con una demanda por daños y perjuicios, por las consecuencias que le provocó la falta de reconocimiento paterno.

La sentencia de primera instancia, del juez en lo Civil y Comercial Nº 1 de Tres Arroyos, Fernando Elizalde, hizo lugar al reclamo. Por lo tanto, obligó al productor rural a pagarle a su hijo biológico una indemnización equivalente al valor de una casa de tres ambientes. Aunque el “padre” recurrió, la Sala I de la Cámara Primera de Apelación en lo Civil y Comercial bahiense ratificó la decisión.

Una espera de más de 30 años

Para la Justicia, el foco apunta al derecho de la identidad del joven. En la sentencia de primera instancia se remarcó que reconocer a un hijo no es una decisión que queda librada exclusivamente a la voluntad del progenitor.

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Aunque se trate de un acto voluntario desde el punto de vista formal, las consecuencias del reconocimiento alcanzan derechos fundamentales, como el derecho a conocer el propio origen. La Cámara bahiense coincidió con ese razonamiento y resumió el conflicto en que el reconocimiento del hijo extramatrimonial “no es discrecional”, informó el medio La Nueva.

Es decir, que si existen motivo para considerar la posible paternidad, corresponde que la Justicia actúe para esclarecerla. “Me sentí no valorado, descartado, desconocido y despojado del apellido que me pertenece”, había expresado la víctima según el expediente, consignado por el medio citado.

Los peritos determinaron un 10 % de incapacidad psicológica debido al trauma, la baja autoestima y el sentimiento de inferioridad provocado por el abandono masivo de su progenitor.

La indemnización

El joven debió trabajar como peón de albañil para subsistir mientras su padre biológico prosperaba de la mano de la actividad agropecuaria y ganadera. El niño se crió en una pequeña y humilde casa dentro de una planta de silos, que era sostenida económicamente por su abuelo materno.

La madre trabajaba en tareas de limpieza y jamás le ocultó la verdad. El romance había sido público, ambos iban juntos al club social, los bailes y todos en la zona conocían la relación. Por las carencias económicas, el joven vio frustrado su futuro, ya que no pudo cumplir su sueño de estudiar veterinaria.

La mujer había iniciado la demanda por filiación cuando el joven tenía 15 años, pero por cuestiones burocráticas se entendió casi dos décadas. Al ser mayor de edad, continuó con la demanda. El hombre había alegado que Indio Rico era un pueblo chico y que una relación así no se podía ocultar, pero los magistrados respondieron que era aún más imposible no “representarse” la obviedad de que era el padre.

Mientras el demandado es dueño de al menos dos campos valuados en 730.000 dólares, su hijo biológico vive con su pareja e hijos de una casa prestada por sus suegros. A modo de resarcimiento, una perito tasó en 65.000 dólares un propiedad estándar (dos dormitorios, living, cocina, baño, cochera y patio) en el centro de Tres Arroyos.

Se trata el momento que deberá desembolsar el terrateniente para comprarle el techo que nunca tuvo su hijo. El demandado también deberá costear el tratamiento psicológico de al menos dos años -con frecuencia semanal- para reparar las huellas emocionales del rechazo.

Fuente: El Destape — Ver noticia original