
Un equipo de científicos de la Universidad de Utah descubrió que el corazón utiliza el lactato como fuente de energía gracias a un mecanismo celular único, capaz de procesar dos sustratos energéticos al mismo tiempo sin que uno interfiera con el otro. El hallazgo podría derivar en nuevos tratamientos para enfermedades cardiovasculares graves.
El estudio, publicado en la revista Nature y difundido por Infosalus, revela que esa capacidad resulta clave para proteger al músculo cardíaco cuando enfrenta situaciones de estrés, como una enfermedad cardiovascular severa. En la mayoría de los tejidos humanos, solo es posible aprovechar una fuente de combustible a la vez: si aumenta el consumo de glucosa, cae el uso de lactato, y viceversa. El corazón, sin embargo, funciona de manera distinta.
Los investigadores comprobaron que el órgano procesa la glucosa en el citosol —el cuerpo principal de la célula— mientras metaboliza el lactato en las mitocondrias, la central energética celular. Esa separación espacial es lo que permite que ambas reacciones ocurran en paralelo, sosteniendo el flujo de energía sin interrupciones. Identificar este mecanismo con precisión celular responde a una pregunta que la ciencia cardiovascular no había podido resolver**: por qué el corazón supera la limitación que afecta a otros tejidos del cuerpo.**
La separación celular no es esencial en el día a día, pero salva al corazón bajo estrés

Durante el funcionamiento cotidiano, este mecanismo no resulta imprescindible. Cuando el órgano está bajo presión —por una enfermedad cardiovascular o un infarto— la capacidad de aprovechar el lactato como fuente adicional de combustible se vuelve determinante. Sin ella, el corazón pierde eficiencia y puede derivar en insuficiencia cardíaca.
El corazón es el músculo de mayor actividad en el organismo: late de forma constante, independientemente de las reservas disponibles. Esa demanda continua lo obliga a contar con mecanismos de respaldo que otros tejidos no necesitan, y este hallazgo explica uno de los más relevantes. La insuficiencia cardíaca figura entre las enfermedades cardiovasculares más frecuentes y graves a nivel mundial, y comprender los procesos energéticos que la desencadenan es clave para desarrollar nuevas estrategias clínicas.
Una molécula llamada MCT1 transporta el lactato hacia las mitocondrias

El equipo identificó que el proceso depende de una molécula clave: MCT1, responsable de llevar el lactato al interior de la central energética celular. Cuando existen mutaciones genéticas en esta proteína, el compuesto no puede ingresar y el equilibrio energético del corazón se rompe.
Sin MCT1 en funcionamiento, el músculo no puede sostener su demanda bajo estrés y desarrolla falla cardíaca. Ese descubrimiento señala a esta proteína como una posible diana terapéutica para intervenir en pacientes con enfermedades graves del corazón. Actuar sobre ella podría, en el futuro, reforzar la capacidad del órgano para mantenerse activo durante un episodio crítico como un infarto.
Los investigadores señalaron que los resultados permiten identificar posibles puntos de intervención para mejorar el uso del lactato por parte del músculo cardíaco y favorecer su reparación.
El lactato deja de ser un desecho y pasa a ser una vía terapéutica

Los resultados cambian la perspectiva sobre el papel del lactato en el organismo. La ciencia lo catalogó durante años como un subproducto del metabolismo sin utilidad clínica. Ahora, los investigadores plantean que podría mejorar la función cardíaca en personas con insuficiencia o daño por infarto.
Stavros Drakos, profesor de Medicina en la Universidad de Utah y coautor principal del trabajo, explicó el alcance del hallazgo: “En lugar de simplemente liberar lactato al torrente sanguíneo como un residuo, podríamos mejorar la capacidad del corazón para utilizarlo como una valiosa fuente de energía”, comentó.
El especialista añadió que optimizar ese proceso podría traducirse en una mejora concreta para quienes padecen falla cardíaca o atraviesan un infarto. El estudio publicado en Nature apunta hacia tratamientos que actúen directamente sobre el metabolismo energético del corazón, una dimensión que la medicina cardiovascular apenas comienza a explorar.
Fuente: Infobae — Ver noticia original