Hay algo del pueblo francés que siempre me despertó una profunda admiración: su extraordinaria capacidad de rebelarse frente a las injusticias. No es casual que haya sido Francia la cuna de las revoluciones más importantes de la historia. En 1789, el pueblo se levantó contra los privilegios de una minoría que vivía a expensas de las mayorías. Más de dos siglos después, las circunstancias son otras, pero una pregunta sigue resonando con una vigencia estremecedora: ¿hasta cuándo serán los de abajo quienes tengan que pagar los privilegios de los de arriba?
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