Mi hija se despierta al día siguiente de la Marcha Universitaria y me pregunta si puede ir a bancar a una compañera que quedó detenida. ¿Quién es? No la conozco, me dice. O sí, pero de vista. Es más chica que yo, debe tener 18 o 19. ¿Y a dónde vas a ir? Es en el tribunal. ¿Y vas sola? No, vamos con otros compañeros. Bueno, pero andá con cuidado, mirá bien cómo está la cosa, le digo. Que lleve los documentos, dice la madre. Y mirá el celular por si te llamamos. Me la imaginé en la puerta del tribunal rodeada por la policía. Tené cuidado, mirá que estos hijos de puta son capaces de cualquier cosa, le digo.
Fuente: Página/12 — Ver noticia original