La crecida del río avanza sobre la isla Apipé Chico, frente a Ituzaingó, Corrientes, y golpea de lleno a las familias que viven allí. Entre ellas está la de un vecino que, después de años de trabajo, ve cómo el agua cubre sus tierras, amenaza su casa y pone en riesgo todo lo que construyó.
Durante una recorrida de TN, el hombre mostró cómo era el lugar antes de la inundación. Tenía una huerta, plantaciones de mandioca y banana, y un camping que había armado de a poco para recibir a turistas y pescadores.
“Esto te deja sin fuerzas a veces”, reconoció, al describir la impotencia que siente frente al imponente avance del agua. Sin embargo, enseguida dejó en claro que no piensa abandonar su tierra: “¿Qué va a ser? Cosa de la naturaleza. No le tengo que echar la culpa a nadie. Quizá al hombre, pero bueno, ¿qué va a ser?”.
El vecino contó que durante años fue construyendo su espacio, con la idea de crecer y aprovechar el atractivo turístico de la isla. En el sector que utilizaba como camping había instalado tres hornos, una mesa grande para los visitantes, baños y pequeñas cabañas que todavía estaba terminando.
“En diez años, crecer, armar y después que esto se venga abajo”, lamentó. Pese al golpe, insistió en que seguirá adelante: “No queda otra que seguir remando. Es lo que me gusta”.
La isla es también su casa y el lugar en el que transcurrió gran parte de su vida. “Nacido y criado en la isla. Fui a laburar afuera, pero esto me tira más”, dijo. Cuando le preguntaron si pensaba quedarse, no dudó: “Acá voy a quedarme. Es lo mío”.
La inundación también amenaza su producción. Según contó, la tierra de la zona es muy fértil y le permitía obtener grandes cosechas. Como ejemplo, recordó que llegó a sacar sandías de 32 kilos y hasta diez kilos de mandioca por planta.
Ahora, ese trabajo está en riesgo. También se complica la posibilidad de generar ingresos con el turismo, una actividad que le permitía recibir visitantes de Buenos Aires y de otros lugares atraídos por la pesca y las playas de la isla.
La preocupación por su familia y los animales
La crecida también afecta a sus familiares, que viven en la misma zona. El hombre contó que algunos vecinos ya sufrieron el derrumbe de sus casas y que varios tuvieron que trasladarse para ponerse a salvo.
Los chicos también debieron dejar la isla por seguridad. El vecino explicó que sus nietas están en otro lugar y que los niños ya no pueden permanecer allí mientras continúe la situación.
La preocupación también se extiende a los animales: logró trasladar a otros sectores a los chanchos, los patos y los pollos que tenía, mientras que los gansos todavía permanecían en el lugar.
A pesar de la angustia y de ver amenazado el esfuerzo de toda una vida, se aferra a la esperanza de que el agua baje. “Esto va a pasar y se va a volver a la normalidad de vuelta”, dijo.
Fuente: TN — Ver noticia original