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El ahorro invisible: por qué cuesta guardar dinero incluso cuando los gastos están ordenados

No siempre la falta de ahorro responde a una mala administración financiera, pero en muchos casos sí
El ahorro invisible: por qué cuesta guardar dinero incluso cuando los gastos están ordenados

Llegar a fin de mes sin haber separado dinero puede responder a dos causas muy distintas (Imagen ilustrativa Infobae)

En la economía cotidiana de los hogares argentinos, llegar a fin de mes sin haber separado dinero puede responder a dos causas muy distintas: ingresos que no alcanzan para cubrir gastos esenciales y falta de planificación cuando sí existe un margen disponible. Confundir ambas situaciones lleva a diagnósticos incompletos.

En septiembre de 2026, el INDEC registró una inflación del 1,9% mensual. La canasta básica total aumentó 1,7% ese mes y 38,7% frente a un año atrás. Para una familia de cuatro integrantes del Gran Buenos Aires, alcanzó los $1.632.505. Se trata de un umbral estadístico de pobreza, no de una estimación universal de cuánto gasta cada hogar, pero permite dimensionar la presión sobre los presupuestos familiares.

Es importante entender que no siempre la falta de ahorro responde a una mala administración financiera, pero en muchos casos sí.

En los hogares que sí disponen de un excedente, el obstáculo puede ser diferente: no asignar un destino al dinero antes de empezar a gastarlo. Uno de los errores más frecuentes es considerar el ahorro como aquello que queda después de pagar todos los gastos del mes. El problema es que, cuando no existe una planificación, el dinero suele distribuirse entre obligaciones, consumos cotidianos y pequeños gastos que muchas veces pasan inadvertidos.

También existe una tendencia a incrementar el nivel de consumo cuando aumentan los ingresos. Una persona puede empezar a ganar más, pero si sus gastos crecen al mismo ritmo, su capacidad de ahorro sigue siendo prácticamente la misma.

Los medios de pago digitales y las cuotas facilitan las operaciones cotidianas, aunque pueden dificultar la percepción del gasto acumulado si no se registra cada compromiso. Según el Informe de Inclusión Financiera del BCRA, a diciembre de 2025 había 20,3 millones de personas con financiamiento, equivalentes al 54,7% de la población adulta. Esa cifra no indica por sí misma sobreendeudamiento, pero vuelve relevante analizar cuánto ingreso futuro está comprometido.

Los principales obstáculos suelen estar relacionados con los consumos impulsivos, la falta de registro de gastos y la utilización del crédito sin una planificación adecuada.

También están los conocidos gastos hormiga: pequeñas compras cotidianas que, individualmente, parecen insignificantes, pero que acumuladas pueden representar una suma importante.

En ese escenario, revisar los gastos tiene sentido cuando permite distinguir lo esencial de lo prescindible, sin responsabilizar por igual a hogares con posibilidades económicas diferentes. Registrar los gastos, revisar las suscripciones, planificar las compras y establecer un presupuesto para consumos personales son medidas sencillas que pueden ayudarnos a recuperar el control.

La discusión también incluye el lugar que ocupa el ahorro en el presupuesto. La estrategia más efectiva es sistematizar el ahorro. Esto significa convertirlo en una acción automática y recurrente, en lugar de una decisión que debemos tomar nuevamente todos los meses. Podemos comenzar con un 5%, un 10% o el porcentaje que nuestra situación económica nos permita sostener. No existe un porcentaje universal que funcione para todas las personas, y tampoco debemos forzar un ahorro que comprometa nuestras necesidades esenciales.

La continuidad depende, además, de la finalidad. No es lo mismo ahorrar para realizar un viaje dentro de seis meses que para comprar una vivienda dentro de cinco años o construir un capital que complemente nuestros ingresos durante el retiro. Cada objetivo necesita una estrategia diferente, considerando el tiempo disponible, el monto que queremos alcanzar y nuestra capacidad económica.

El ahorro invisible no es, entonces, un único problema. A veces es el resultado de ingresos insuficientes; otras, de consumos difíciles de identificar o de decisiones que se postergan. No se trata de administrar perfectamente cada peso, sino de aprender a tomar mejores decisiones con los recursos que tenemos disponibles.

Fuente: Infobae — Ver noticia original