Un equipo internacional de investigadores identificó una especie bovina extinta, emparentada con los yaks actuales, tras analizar ADN antiguo de pequeños fragmentos óseos recuperados en la cueva de Denisova y otros yacimientos del sur de Siberia. El estudio, publicado en Current Biology y divulgado en Phys.org, reconstruyó la historia evolutiva de este animal mediante 20 genomas, conjuntos de información genética, que abarcan 200.000 años. La investigación fue desarrollada por especialistas del Centro de Paleogenética, una colaboración entre la Universidad de Estocolmo y el Museo Sueco de Historia Natural, junto con científicos de la Universidad de California en Santa Cruz y la Universidad de Viena. Los genomas reconstruyeron un parentesco perdido Las comparaciones entre el ADN recuperado y otros genomas de bovinos mostraron que los fósiles no pertenecían a una población conocida. Según las estimaciones del grupo, el linaje empezó a diferenciarse de los yaks modernos hace cerca de 400.000 años y quedó completamente separado unos 250.000 años atrás. Love Dalén, autor principal y profesor de genómica evolutiva en el Centro de Paleogenética, destacó la dificultad del hallazgo. “Se trata de un descubrimiento extraordinario de una gran especie extinta basado en pequeños huesos no diagnósticos”, afirmó. El ADN antiguo permite estudiar organismos extinguidos mediante moléculas genéticas preservadas en huesos, dientes u otros restos. En este caso, permitió identificar un grupo bovino hasta entonces desconocido pese a que los fragmentos carecían de rasgos visibles. Un período cálido pudo aislar a los antepasados de la especie Alexandre Gilardet, uno de los autores principales y estudiante de doctorado en el Centro de Paleogenética, explicó que “una comparación útil para determinar el origen de este linaje es la divergencia entre los osos pardos y los osos polares, que también se estima que ocurrió hace unos 400.000 años”. “Esta época coincide con un período climático cálido particularmente intenso, que podría haber provocado el aislamiento de las poblaciones y, en última instancia, la especiación”, sostuvo Gilardet. Este proceso ocurre cuando una población acumula cambios genéticos hasta diferenciarse y dar origen a una especie distinta. El equipo también encontró indicios de que, durante el último período interglacial cálido, hace unos 120.000 años, una población de esta especie fue sustituida parcial o totalmente por otra. Ese proceso coincidió con una reducción de la diversidad genética. Jonas Oppenheimer, investigador posdoctoral y otro de los autores principales, planteó que “esto podría reflejar las consecuencias genéticas del calentamiento climático ocurrido […] en una especie adaptada al frío”. La especie convivió con otros bovinos sin un mestizaje relevante Los análisis abarcan ciclos glaciares completos, algo poco frecuente en estudios de ADN antiguo. Esa amplitud temporal permite observar cómo variaron las poblaciones animales durante alternancias entre períodos fríos y cálidos, según Oppenheimer. La investigación encontró pocas pruebas de mestizaje entre el bovino recién identificado y otros animales que ocuparon la región, entre ellos el bisonte estepario y el uro. Este último era el antepasado salvaje, ya extinto, del ganado vacuno doméstico. A diferencia de este bovino, del que se hallaron pocos indicios de cruces con otras especies de la zona, los estudios genéticos de humanos antiguos mostraron mestizaje entre distintos grupos. La cueva de Denisova dio nombre a los denisovanos, identificados en 2010 a partir de un único fósil. Para Dalén, tanto aquel descubrimiento como el del nuevo bovino sugieren que la región de Altái pudo funcionar como “un posible punto clave de biodiversidad y refugio durante las edades de hielo (periodos prolongados de enfriamiento global)”. El último ejemplar estudiado vivió hace unos 27.000 años El ejemplar más reciente incluido en el trabajo tiene una antigüedad de aproximadamente 27.000 años. La especie desapareció después de esa fecha, aunque el estudio no establece cuándo ocurrió ni las causas de la extinción. El animal fue detectado en una cueva, en la zona de las montañas Altái-Sayán y en otras áreas del sur siberiano. Los yaks salvajes actuales, en cambio, se encuentran restringidos a las mayores altitudes de la meseta tibetana. Los investigadores advirtieron que los datos genéticos no bastan para asignar un nombre científico formal al bovino. El siguiente paso será comparar estos restos con otros fósiles similares a yaks que ya habían sido descritos en la región, para determinar si corresponden a la misma especie.
Fuente: Infobae — Ver noticia original