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Depresión posparto en varones: 1 de cada 10 la sufre y casi nadie lo nota

Tras la llegada de un bebé, el malestar de los papás suele quedar invisibilizado o manifestarse con irritabilidad, ansiedad o exceso de trabajo. Por qué la salud mental de los varones en la crianza todavía es un tabú. Cuándo pedir ayuda.
Depresión posparto en varones: 1 de cada 10 la sufre y casi nadie lo nota

El bebé por fin se durmió. Pero el padre no pega un ojo, contesta de mala manera o estira las horas en la oficina. Desde afuera parece cansancio. Muchas veces es bastante más que eso.

Mat Lewis-Carter lo vivió en carne propia. Cuando nació su hija, en julio de 2021, este entrenador personal radicado en Londres no sintió ese flechazo que tanto se promete. Salía a correr distancias larguísimas para escaparse de casa y se tragaba la tristeza. Por primera vez en su vida, llegó a fantasear con su propia muerte.

Recién un año después dio con un artículo sobre depresión posparto en padres, enterrado en el buscador. “Para mí, fue como decir: ‘Ah, ya veo’”, recuerda Mat Lewis-Carter, entrenador personal británico de 37 años.

Un cuadro más común de lo que se cree

Lejos de ser una rareza, el problema toca a uno de cada diez varones tras el nacimiento de un hijo. Un análisis internacional publicado en Journal of Affective Disorders estimó la prevalencia en 8,4% entre los padres, frente a cerca del 13% en las madres primerizas. Y según Frontiers in Psychiatry, el 40% de las personas nunca oyó hablar de esta versión masculina.

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Hay un dato que enciende alarmas: cuando la madre atraviesa una depresión posparto, la proporción de padres afectados trepa a entre el 24% y el 50%. Un estudio de 2026 en JAMA Network Open, además, detectó más casos de depresión en los varones un año después del parto que antes de la concepción.

“Ser padre o madre primerizo conlleva importantes tareas físicas y psicológicas, lo que brinda una inmensa posibilidad de alegría y crecimiento, junto con una inmensa posibilidad de agobio y fatiga”, sintetiza Lindsey Wallace Goldman, psicóloga clínica especializada en salud mental perinatal del NewYork-Presbyterian/Weill Cornell Medical Center, de Estados Unidos.

Hormonas, sueño y mandatos

El cuerpo masculino también se reacomoda con la llegada de un hijo. “Con frecuencia experimentan cambios hormonales, como la disminución de la testosterona y el aumento del estrógeno y el cortisol, que refuerzan el apego a su descendencia, pero también los hacen más susceptibles a la depresión y la ansiedad”, explica Brett A. Biller, psicólogo estadounidense y director de salud mental del Hackensack University Medical Center.A ese cóctel se suman noches en vela, presión económica y el viejo mandato de “aguantar”. Según Goldman, el cuadro aparece con más frecuencia entre los tres y los seis meses posteriores al nacimiento.

El problema es que no siempre se presenta como tristeza. Las señales a tener en cuenta, de acuerdo con los especialistas:

  • Irritabilidad, enojo o “mecha corta”
  • Más peleas con la pareja
  • Refugio en el trabajo, los videojuegos o las pantallas
  • Mayor consumo de alcohol u otras sustancias
  • Dificultad para disfrutar del bebé o vincularse con él
  • Insomnio, fatiga, dolores de cabeza o de estómago sin causa clara

Un mal día no es un diagnóstico. La alerta se prende cuando los síntomas duran más de dos semanas o cambian la forma de ser habitual.

Pedir ayuda no es de flojos

Biller sostiene que difundir el tema y facilitar el acceso a la atención es clave para reducir el estigma y que más varones se animen a consultar. Goldman, por su parte, propone que durante el control pediátrico también se pregunte por el padre.

La buena noticia es que tiene tratamiento. Entre las opciones disponibles figuran:

  1. Terapia individual o cognitivo-conductual
  2. Terapia de pareja
  3. Grupos de padres, donde escuchar “a mí también me pasó” alivia
  4. Medicación, cuando el profesional lo indica

Para el entorno, el primer paso es simple: preguntar cómo está, escuchar sin juzgar y ofrecer una mano concreta, desde cocinar hasta cuidar al chico un rato.

Ante pensamientos de muerte, la consulta debe ser inmediata. En la Argentina, la Línea 135 (desde CABA y GBA) o el (011) 5275-1135 desde todo el país brindan asistencia gratuita.

Fuente: TN — Ver noticia original