Un estudio de la Universidad de Aveiro y la Universidad de Brasilia concluyó que la apariencia de las serpientes se relaciona con el miedo, el asco o la atracción que generan en las personas. La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society B, examinó las reacciones ante distintas formas corporales, tamaños y rasgos visuales, mediante una encuesta en línea con 377 adultos de Brasil y Portugal que evaluaron 92 fotografías de reptiles. De acuerdo con el artículo divulgado en Phys.org, Sandra C. Soares, autora principal del trabajo, explicó que detectar rápidamente a un individuo no equivale necesariamente a sentir temor. En una revisión publicada en la revista científica Emotion Review, Soares y sus colegas analizaron estudios experimentales previos que indican que las distintas características visuales de las serpientes pueden adquirir importancia en diferentes etapas de la percepción humana. Las imágenes revelaron tres patrones de reacción Los participantes, de entre 18 y 74 años, observaron fotografías tomadas para el proyecto Reptiles de Ecuador. Tras ver cada imagen, calificaron el miedo, el asco, la belleza, la reacción emocional positiva o negativa, la excitación y el tamaño que atribuían al reptil. Para la encuesta, el equipo seleccionó cuidadosamente fotografías que reunían una amplia variedad de formas corporales y características visuales de las serpientes. Luiz Biondi, primer autor del artículo, señaló que también incluyeron “un pequeño número de reptiles alargados y sin extremidades que se parecen mucho a las serpientes, pero que en realidad no lo son”. Esto permitió analizar si las reacciones de los participantes dependían de la clasificación biológica del ejemplar o de los rasgos de su apariencia. Las respuestas se ordenaron en 3 grupos: el primero se vinculó sobre todo con el miedo; el segundo, con impresiones favorables; y el tercero, principalmente con el asco. Los investigadores no decidieron previamente qué fotografías debían causar cada emoción, sino que identificaron los patrones tras analizar las evaluaciones de los participantes. Víboras y boas se asociaron con más temor Las víboras y varias especies de boas se relacionaron con mayores niveles de miedo y excitación. En cambio, algunos colúbridos y dipsádidos de cuerpo delgado obtuvieron valoraciones más positivas por parte de quienes respondieron la encuesta. Los reptiles pequeños que viven bajo tierra, conocidos como fosoriales, y algunos animales sin patas que no eran serpientes tendieron a provocar más rechazo. Según los resultados, las personas parecen utilizar señales físicas como un atajo para calcular un posible riesgo. Soares definió este mecanismo como una “heurística de amenaza visual”, es decir, una forma rápida de juzgar el peligro a partir de la apariencia. “Es importante destacar que estos patrones no se limitaban a reflejar un peligro real”, sostuvo Soares. La investigadora sostuvo que, desde una perspectiva evolutiva, la percepción humana tiende a privilegiar la cautela ante posibles amenazas. La experiencia personal también modifica las respuestas La morfología de los animales no explicó por completo las reacciones. Los autores observaron que el temor general hacia estos reptiles y los encuentros anteriores con ellos influyeron con fuerza en la intensidad del miedo declarado por los participantes. Además, quienes afirmaron tener una mayor exposición a entornos naturales dijeron sentir menos temor. Sin embargo, el estudio no estableció que el contacto con esos ambientes sea la causa directa de esa diferencia. “Las características visuales parecen ayudar a estructurar qué serpientes se perciben como relativamente amenazantes, mientras que los factores individuales ayudan a determinar la intensidad de esa respuesta”, señaló Soares. Los hallazgos apuntan a una combinación entre tendencias perceptivas compartidas y experiencias personales, en lugar de una reacción completamente innata o rígida. El estudio también separó el miedo, el asco y la valoración estética. “Una serpiente percibida como amenazante o repugnante no se percibe necesariamente como fea, del mismo modo que la belleza no implica la ausencia de amenaza”, afirmó la especialista. Además, un mismo individuo puede provocar una sensación de peligro o repulsión y, a la vez, ser percibido como bello y despertar fascinación. El equipo analizará rasgos físicos por separado Los investigadores planean estudiar por separado elementos como la forma corporal, las escamas, la textura y los patrones de color para comprobar si cada uno puede modificar las respuestas emocionales. También buscarán establecer en qué fase aparece cada reacción: la detección visual, la atención o la experiencia consciente de miedo y asco. Para ello, pretenden combinar pruebas de comportamiento con seguimiento ocular y electroencefalografía, conocida como EEG. Esta técnica registra la actividad eléctrica del cerebro y permitiría observar cómo cambia el procesamiento de la información durante las distintas etapas de la percepción. El grupo también prevé comparar las reacciones hacia las serpientes con las que producen otros depredadores, como felinos y aves rapaces. El objetivo es identificar qué rasgos generan esas respuestas y cuáles se repiten frente a otros animales.
Fuente: Infobae — Ver noticia original