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De dirigir ‘La masacre de Flores’ a retratar a la familia Tinelli y a Wanda Nara en la pantalla: los desafíos de Augusto Tejada

A los 42 años, el realizador repasó su carrera audiovisual, el trabajo con Juan José Campanella y las claves de sus nuevas producciones
De dirigir ‘La masacre de Flores’ a retratar a la familia Tinelli y a Wanda Nara en la pantalla: los desafíos de Augusto Tejada

Augusto Tejada construyó una carrera audiovisual que atraviesa registros muy distintos: del documental y la ficción a los realities, con una mirada puesta en el tono, la puesta en escena y la escucha de quienes tiene delante de cámara. A los 42 años, el director acaba de estrenar La masacre de Flores, una serie que aborda una historia atravesada por la violencia, pero que busca alejarse de los lugares habituales del género para centrarse en la reconstrucción y la dimensión humana de su protagonista, Matías Bagnato.

Juan José Campanella y Augusto Tejada durante el rodaje de La masacre de Flores

En charla con Teleshow, Tejada repasó el trabajo colectivo detrás de la producción, la decisión estética que guía el relato y su recorrido profesional, que comenzó con la fotografía y los ciclos documentales de televisión. También anticipó algunos de sus próximos proyectos, entre ellos una película de ficción en Perú y la serie sobre Wanda Nara para una plataforma internacional.

Con experiencia en documental, ficción y realities, el realizador prepara también una película en la selva peruana

—La historia de la serie es muy potente, al igual que la manera en que está relatada y filmada. ¿Cómo fue ese trabajo?

—Fue en conjunto. Desde el principio era muy importante para nosotros buscar la manera de acompañar el relato de Matías y acompañarlo a él, con conciencia de lo difícil de la historia. También queríamos encontrar algo que representara quién es él, porque Matías tiene una luz muy grande. Nos interesaba trabajar sobre ese contraste entre la oscuridad de lo que ocurrió y la luz que hay detrás, en relación con él.

—En las escenas que no son de archivo, la palabra y los testimonios tienen un valor central…

—Son fundamentales. La serie tiene elementos del true crime, aunque estaba esa disyuntiva porque hay muchos proyectos de ese estilo con mucho éxito. Pero la intención era contar una historia profundamente humana y luminosa. El objetivo era hablar de la capacidad de una persona para reconstruirse y seguir adelante.

—También aparecen testimonios que el público no conocía…

—Hubo un trabajo de investigación muy bueno de Mariana Montero, que viene contando esta historia con Matías desde hace tiempo. Él la contó durante muchísimos años en distintos lugares, así que la búsqueda era pensar qué podíamos agregar y cómo narrarla de una manera diferente. Eso atravesó la forma de filmar: necesitábamos tensión, archivo y oscuridad, pero sobre todo acompañar el relato de Matías y del resto de los entrevistados. Ahí hay algo interesante para observar y escuchar, que para mí define la identidad de la serie.

La charla con Juan José Campanella y el encuentro sin protocolo

La masacre de Flores, Matías y Juan José Campanella

—Sorprendió la participación de Juan José Campanella, parecía que iba a ser un testimonio más…

—Matías y Juan se conocen desde hace mucho tiempo. Para Matías también era tranquilizador que Juan estuviera detrás de la producción, trabajando con nosotros. Él quería que fuera una charla, no una entrevista. Al principio, por los compromisos de Juan, era complicado coordinarlo, pero logró venir. Cuando registramos ese encuentro pensamos que debía ser una conversación y no algo tan formal. Entonces decidimos que participara en cámara y que ese momento tuviera una dinámica más descontracturada.

—Tu trabajo abarca universos muy diferentes, desde una historia como esta hasta un reality familiar. ¿Cómo se da esa transición?

—Tengo un recorrido audiovisual bastante ecléctico. Me gusta encontrarme con desafíos distintos y buscar la particularidad y el tono de cada proyecto. También aprendo en el intercambio con los demás. Todo alimenta la observación. Ahora, por ejemplo, voy a filmar una película de ficción a la selva peruana, que no tiene nada que ver con esto.

Hago documentales desde que empecé. Trabajé en Endemol, en proyectos como Policías en acción y Cárceles, dentro de un área documental que tenía mucha presencia en la televisión de ese momento. Después fui incorporando herramientas de puesta en escena y construcción narrativa. Todo es un aprendizaje, ya sea un documental, una ficción o un reality. La intención siempre es hacer crecer cada proyecto y llevarlo a un lugar diferente, sin perder su identidad.

—¿Siempre quisiste ser director?

—De más chico quería ser fotógrafo. Me gustaba mucho la fotografía y admiraba a los reporteros que trabajaban para National Geographic, viajaban por el mundo y hacían fotoperiodismo. De a poco me fui acercando al video y al documental. Agarré una cámara, empecé a trabajar en la productora de un amigo y después pasé a una productora más grande.

Augusto Tejada y Juan José Campanella, junto a un equipo fueron los responsables de contar la dolorosa historia de Bagnato

En paralelo, a los 19 años, empecé a estudiar cine en la Universidad del Cine. Ahí se me abrió el mundo de las películas y la ficción, y me deslumbró. Mientras estudiaba seguí trabajando hasta que conocí a Alejandro Ravazzola, que trabajaba para History Channel. Con él hicimos tres documentales sobre incas, mayas y aztecas. Viajamos durante unos seis meses por América Latina y sentí que estaba haciendo aquello que quería hacer, pero con una cámara de video.

La ficción también ocupó siempre un lugar importante en mi vida, por el aprendizaje y la admiración hacia grandes directores. Por eso, cada vez que puedo hacer una película, trato de hacerlo. Y proyectos como La masacre de Flores, por su dimensión humana, representan un privilegio: permiten acompañar a una persona en el relato de una experiencia muy fuerte y dejar testimonio de algo que, de alguna manera, interpela a toda la sociedad.

El rodaje con los Tinelli y la nueva serie sobre Wanda Nara

—¿Es difícil filmar una familia, como ocurrió con los Tinelli?

—Es difícil por todo lo que implica, desde lo logístico, hasta prender la cámara y empezar a grabar. Pero una vez que llegás a ese momento, la cosa fluye. La energía va mutando y te lleva por lugares inesperados. En ese proyecto hubo un equipo de contenidos muy atento a cómo armar las continuidades entre las escenas. Fue muy divertido de hacer y todos, con sus matices, sus mambos y sus buenas ondas, fuimos encontrando la manera.

—También estás trabajando en la serie sobre Wanda Nara. ¿Ya comenzaron las grabaciones?

—Sí. La plataforma ya lo anunció en redes. En principio serán seis capítulos, aunque ya estamos viendo los primeros cortes y la serie está muy buena. Wanda es un imán; escucharla y verla en todo lo que hace es un show.

—¿Qué se verá en la serie?

—Hay cuestiones que no se pueden abordar por temas judiciales, pero es inevitable que algunos temas estén presentes. Aparecen sus hijos, sus padres, amigos y también viajamos a Italia. Hay una mezcla de elementos que hace atractivo el proyecto. La idea es que salga el año que viene.

Fuente: Infobae — Ver noticia original