El impacto de la tecnologÃa sobre la manera de pensar y de leer fue uno de los ejes que Daniel Hadad desarrolló en Cara a Cara, por Crónica, El Streaming, en diálogo con Facundo Pedrini y Ernesto Hadida. El empresario de medios describió lo que definió como un proceso de “desilustración”: el abandono de la lectura profunda en favor del consumo de información fragmentada e inmediata. “La desilustración no significa que la gente haya dejado de leer palabras, sino que dejó de sostener la lectura como un ejercicio de abstracción compleja. Pasamos del texto que exige tiempo de digestión mental a la frase corta pensada para provocar una reacción emotiva e inmediata”, explicó.Para Hadad, el origen de ese cambio está en el modo en que el teléfono se metió en cada rincón de la rutina. “El smartphone rediseñó la arquitectura de la vida cotidiana. Ya no hay tiempos muertos ni momentos de silencio cognoscitivo. Cada espacio residual -una espera, un trayecto, una pausa- es ocupado inmediatamente por la pantalla, imposibilitando los procesos de consolidación de la memoria a largo plazo”, sostuvo.Un cerebro que escanea en lugar de leerEl empresario advirtió que esa exposición permanente modifica la forma en que el cerebro procesa la información, y que el efecto se nota especialmente a la hora de leer. “El lector contemporáneo entrenado por la pantalla aborda un libro con la misma ansiedad con la que revisa una red social. Espera estÃmulos continuos. Al no encontrarlos, aparece el agotamiento o la frustración, derivando en la interrupción de la lectura tras breves minutos”, señaló.En esa lÃnea, describió una pérdida concreta de la capacidad de concentración sostenida. “Estamos sufriendo una atrofia en la capacidad de atención sostenida. El cerebro adaptado al entorno digital escanea en lugar de leer; busca palabras clave en vez de seguir el hilo argumental de un pensamiento profundo”, afirmó.Lo que se pierde lejos de la pantallaHadad planteó que el problema no se limita al tiempo que las personas pasan frente al teléfono, sino a todo aquello que dejan de hacer cuando no hay un solo momento de pausa. “El problema de la hiperconexión no es solo lo que hacemos cuando estamos frente a la pantalla, sino todo lo que dejamos de hacer: el pensamiento vagabundo, la introspección y la capacidad de tolerar el aburrimiento, que son los verdaderos motores de la creatividad”, sostuvo.Sobre el final, el empresario advirtió que el fenómeno tiene consecuencias que van más allá de lo individual y que impactan de lleno en el lenguaje y el razonamiento. “La pérdida de vocabulario y el deterioro de la paciencia cognitiva no son detalles estéticos: condicionan la forma en que pensamos y argumentamos. Quien solo consume información sintetizada en video o texto corto pierde progresivamente las herramientas para articular ideas matizadas o sostener un debate complejo”, remarcó.
Y alertó por un cambio que, a su entender, ya se percibe entre las generaciones más jóvenes. “Se está produciendo un quiebre generacional en el uso del lenguaje. Cuando reducÃs el consumo de texto a la brevedad del formato vertical, la capacidad sintáctica se contrae y el vocabulario activo se reduce a un puñado de expresiones repetitivas”, concluyó.
Fuente: Crónica — Ver noticia original