
La enfermedad de Crohn puede manifestarse fuera del sistema digestivo. Dolor articular, alteraciones de la visión, lesiones cutáneas, cálculos y pérdida de densidad ósea figuran entre las señales que, en algunos casos, acompañan a la inflamación intestinal.
Hasta el 40% de las personas con enfermedad inflamatoria intestinal presenta manifestaciones fuera del intestino, según datos citados por GQ Magazine a partir de la Fundación Crohn y Colitis.
Estos signos pueden aparecer meses o años antes del diagnóstico y, aunque no determinan por sí solos la presencia de la enfermedad, requieren una evaluación médica cuando coinciden con síntomas como diarrea, dolor abdominal, sangrado rectal, lesiones en la boca o pérdida de peso sin explicación.

La enfermedad de Crohn puede comprometer cualquier tramo del aparato digestivo, desde la boca hasta el ano. El gastroenterólogo Vikas Taneja explicó a GQ que se la clasifica como gastrointestinal por el lugar donde suele expresarse, aunque el origen involucra una respuesta inmunitaria desregulada que puede provocar inflamación en distintas zonas del organismo.
1. Dolor en las articulaciones y los tendones
La inflamación articular es una de las manifestaciones extraintestinales más frecuentes de la enfermedad de Crohn. Puede provocar rigidez y dolor en las manos, muñecas, los codos, las rodillas y los pies.
Según los estudios citados por GQ, la artritis periférica afecta entre el 10% y el 20% de los pacientes, mientras que la espondiloartritis axial, que compromete principalmente la columna vertebral, la pelvis y las articulaciones sacroilíacas, aparece en entre el 5% y el 15%.

Los tendones y los ligamentos también pueden verse afectados. La entesitis, una inflamación en los puntos donde estas estructuras se unen a los huesos, puede limitar la movilidad. La tendinitis de Aquiles y la fascitis plantar son dos ejemplos de esta complicación.
El gastroenterólogo Fahad Khan señaló que la artritis periférica es la manifestación extraintestinal que observa con mayor frecuencia en su práctica clínica.
2. Inflamación ocular y alteraciones de la visión
Los ojos rojos, el dolor ocular, la visión borrosa y la sensibilidad a la luz pueden estar relacionados con la enfermedad de Crohn. Estas señales pueden indicar uveítis, una inflamación de la úvea, la capa media del ojo.

Un estudio de 2024 citado por GQ estima que esta complicación afecta aproximadamente al 11% de las personas con Crohn. También pueden aparecer moscas volantes, descritas como manchas que se desplazan por el campo visual.
La presencia de molestias oculares, especialmente si coincide con síntomas digestivos, requiere una consulta médica para identificar su origen y determinar si existe inflamación.
3. Lesiones y trastornos de la piel
La piel puede presentar distintas alteraciones vinculadas con la enfermedad. Una de ellas es el eritema nodoso, que afecta entre el 4% y el 15% de las personas con Crohn.
Se caracteriza por la aparición de nódulos rojos y dolorosos debajo de la superficie cutánea, generalmente en las espinillas. Con el tiempo, pueden adquirir una tonalidad violácea.

Otra manifestación es el pioderma gangrenoso, asociado con úlceras dolorosas que pueden contener pus. También se encuentra la hidradenitis supurativa, un trastorno que provoca lesiones similares a granos o forúnculos, capaces de evolucionar hacia abscesos.
Estas alteraciones se relacionan con una posible desregulación del sistema inmunitario. Ante su aparición, resulta importante consultar a un dermatólogo e informar sobre cualquier síntoma gastrointestinal.
4. Cálculos biliares
Las personas con enfermedad de Crohn tienen aproximadamente el doble de probabilidades de desarrollar cálculos biliares que la población general. Según los datos recopilados por GQ, su prevalencia entre estos pacientes oscila entre el 13% y el 15%.

Los cálculos pueden permanecer sin síntomas durante períodos prolongados. Cuando provocan molestias, estas pueden confundirse con otros problemas digestivos, como la acidez estomacal o el síndrome del intestino irritable, lo que dificulta establecer su relación con la enfermedad inflamatoria.
5. Cálculos renales
La formación de cálculos renales también puede asociarse con la enfermedad de Crohn. Un estudio indicó que, al momento del diagnóstico, las personas con esta afección tenían aproximadamente 2,8 veces más probabilidades de registrar antecedentes de cálculos renales que la población general.

Estos depósitos pueden provocar dolor intenso cuando aumentan de tamaño o se desplazan. Su aparición no confirma por sí sola la presencia de una enfermedad inflamatoria intestinal, aunque su combinación con molestias digestivas puede justificar una evaluación más amplia.
6. Debilidad ósea y pérdida de densidad
La inflamación persistente puede interferir en la absorción de nutrientes necesarios para mantener los huesos, entre ellos las vitaminas D y K y el fósforo. Estas alteraciones pueden favorecer la pérdida de densidad ósea y aumentar la probabilidad de desarrollar osteopenia u osteoporosis.
La osteopenia implica una densidad mineral ósea inferior a la habitual, mientras que la osteoporosis debilita los huesos y aumenta su fragilidad.
Los estudios citados por GQ estiman que entre el 18% y el 42% de las personas con enfermedad inflamatoria intestinal presentan osteoporosis. La proporción de pacientes con osteopenia se sitúa entre el 22% y el 77%.

Las fracturas frecuentes o una densidad ósea inferior a la esperada en una densitometría pueden justificar una evaluación clínica, especialmente cuando existen otros indicios compatibles con Crohn.
Ninguno de estos seis síntomas permite establecer un diagnóstico por sí solo. La presencia de varias manifestaciones, en particular cuando se combinan con diarrea, llagas en la boca, pérdida de peso inexplicable o dolor abdominal, puede aportar información relevante para la evaluación médica y determinar si se necesitan estudios adicionales.
Fuente: Infobae — Ver noticia original