El río Paraná volvió a mostrar su cara más desafiante en el tramo del litoral bonaerense. A lo largo de la franja costera que une a localidades como Baradero, San Pedro, Ramallo y San Nicolás, el movimiento en los muelles no da tregua.
La cuenta regresiva ya comenzó: los baqueanos, isleños y productores ganaderos saben que les quedan apenas unos pocos días de tierra seca antes de que la masa de agua que baja desde el norte termine por sepultar las últimas hectáreas pastoreables.
En esta zona del curso fluvial, la postal cotidiana mutó por completo.
El horizonte sereno de los riachos se vio sacudido por el ir y venir constante de las chatas ganaderas, verdaderas barcazas de rescate que cruzan el cauce principal cargadas a tope con vientres, vacas con cría al pie y terneros. La logística es frenética y no admite fallas, porque la naturaleza no espera.
Logística contra reloj
En ese convulsionado tramo del Paraná, sobre el litoral norte bonaerense, el trabajo es incesante.
Allí opera Nicolás Llanos, quien a bordo de su chata equipada con dos jaulas encabeza las maniobras de evacuación para devolver la hacienda a tierra firme.
“Estamos haciendo 22 horas por día”, relató a TN Llanos mientras coordina las maniobras en el muelle.
Las jornadas se vuelven eternas y la fatiga física se compensa únicamente con la urgencia de ganarle terreno a la crecida.
Cada viaje completo demanda cerca de tres horas entre el embarque y la descarga. Sin embargo, los contratiempos abundan del lado insular.
Mientras que en la orilla continental existen muelles y rampas acondicionadas que facilitan la bajada de los camiones, en el interior de la isla el panorama es sumamente precario.
Cargar animales asustados en corrales improvisados, rodeados de barro y con el agua acorralando los vacunos, requiere de una pericia artesanal.
A diferencia de antiguos repuntes donde la sorpresa provocaba pérdidas masivas, esta vez primó la previsión.
Productores e isleños aprendieron la lección de ciclos anteriores y comenzaron los movimientos con semanas de anticipación.
No obstante, la capacidad operativa encuentra hoy su cuello de botella en la infraestructura disponible: las embarcaciones destinadas al transporte de ganado son pocas y terminan resultando insuficientes ante un éxodo ganadero masivo.
Aunque la estimación oficial del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) contabilizaba unas 28.000 cabezas de ganado registradas en este sector del Delta, en el territorio se intuye que la cifra real es sensiblemente mayor.
A pesar de los miles de animales que ya fueron puestos a resguardo en campos altos de la provincia de Buenos Aires, todavía quedan rodeos enteros dispersos en albardones que amenazan con desaparecer bajo la correntada.
“Más allá de las alertas, hay que ver qué pasa. Hace unos meses iba a venir un repunte de agua y no vino; ahora dicen que la semana que viene llega, pero arriba el temporal está firme. Hoy estamos mucho más organizados que antes y la gente sacó animales con tiempo, pero hay que ir día a día a ver dónde llega la marca del agua”, reflexionó Llanos sobre la cautela con la que miran los pronósticos en el río.
La amenaza del repunte
El pulso del río es monitoreado minuto a minuto por la comunidad ribereña. Frente a Ramallo, la escala marca un ascenso paulatino pero firme que ya supera los 2,38 metros.
Si bien la cota de agua dio una pequeña tregua en las últimas horas, la calma es solo aparente: en las altas cuencas del norte las lluvias se afianzaron y el agua que erogan los embalses aguas arriba viene bajando a paso firme hacia el tramo bonaerense.
En diálogo con Info3407, el pescador Julio Cardozo, integrante de la cooperativa “Los Pescadores sean unidos”, pintó un cuadro de situación estremecedor sobre lo que se vive puertas adentro del humedal.
“El agua va a venir. Ya hoy tenemos compañeros a los que les ha llegado el agua a su ranchada, la están desarmando y están llevando sus animalitos; algunos incluso los están vendiendo porque no tienen lugares donde resguardarlos”, advirtió Cardozo, quien estimó que el pico de la crecida se asentará con fuerza dentro de los próximos diez días.
El referente pesquero remarcó que el impacto social e infraestructural amenaza con ser devastador para las familias que habitan el ecosistema insular.
“Calculo que la creciente va a ser grande y va a durar mucho tiempo. Estamos todos precavidos, tenemos casillas en alto pero sabemos que con las crecientes y el viento se aflojan los palos abajo; eso ya nos ha pasado y perdemos la totalidad de las viviendas”, relató con preocupación, explicando además que los apicultores de la cooperativa también se vieron obligados a evacuar de urgencia y levantar sus colmenas.
Finalmente, Cardozo explicó cómo este fenómeno reconfigura la actividad productiva y la vida cotidiana en el río.
“El pescado se va a desparramar dentro de los campos y va a ser más larga la tarea de buscarlo, aunque a largo plazo favorece la reproducción que nos estaba faltando”, analizó.
Mientras tanto, la mirada de todos los pobladores ribereños sigue fija en el cielo y en el caudal: un eventual evento de sudestada podría elevar el río entre 40 y 50 centímetros en cuestión de horas, encendiendo de manera definitiva todas las alarmas de emergencia en el norte bonaerense.
Fuente: TN — Ver noticia original