En medio de las sierras de Córdoba, Inés de la Serna decidió construir su propio refugio con piedra, madera y barro. Sin grandes inversiones ni una constructora, avanzó paso a paso y aprendió a trabajar con los materiales que encontraba en el terreno.
Su proyecto se convirtió en un ejemplo de autogestión y bioconstrucción, una forma de construir que aprovecha recursos naturales y técnicas tradicionales para levantar viviendas adaptadas al entorno.
Cómo construyó su casa con piedra, madera y barro
La obra comenzó con una base de piedra del lugar, pensada para proteger la vivienda de la humedad. Sobre esa estructura, Ina montó un entramado de madera que funciona como esqueleto de la casa.
Para diseñar la construcción, también tuvo en cuenta las condiciones del terreno serrano, como la orientación solar, los vientos, las variaciones de temperatura y los movimientos del suelo.
Para levantar los muros, eligió la técnica de la quincha, que consiste en armar una estructura de postes y varas y rellenarla con una mezcla de barro y fibras vegetales.
Ina combinó tierra arcillosa, arena y agua, y agregó paja cortada a mano para preparar el material. Después, lo colocó y compactó dentro del entramado de madera y dejó que las distintas capas se secaran de manera natural.
Los detalles artesanales que hacen única a la vivienda
Una vez secos los muros, llegó el momento de las terminaciones. Inés aplicó revoques de tierra y arena, primero con capas más gruesas y después con otras más finas para alisar las superficies.
También incorporó pequeños fragmentos de mica que recogió en la zona. Cuando la luz entra en la vivienda, estos minerales generan destellos que aportan un brillo particular a los interiores y conectan visualmente la casa con el paisaje serrano.
El proceso estuvo marcado por el aprendizaje práctico y el trabajo cotidiano. Durante la construcción, Ina desarrolló conocimientos de carpintería, revoque y aislamiento, y recibió ayuda de vecinos y compañeros de oficio.
“Me armé mi casa”, resume al hablar del resultado de una obra que fue tomando forma con el tiempo y los recursos disponibles.
Una experiencia de autonomía y bioconstrucción
Además de levantar su propio refugio, Ina busca que su experiencia sirva de inspiración para otras mujeres que quieren construir con sus propias manos y aprovechar los recursos del entorno.
“Cuando te das cuenta de que podés cobijarte con lo que la tierra te da, el miedo a faltar de recursos desaparece y aparece la verdadera libertad”, expresó.
Su vivienda muestra cómo las técnicas de bioconstrucción permiten aprovechar materiales naturales y adaptar una construcción a las características del lugar, aunque requieren planificación, conocimientos específicos y trabajo sostenido.
Fuente: TN — Ver noticia original