Si la noticia de la impresionante venta de pintura impresionista de la colección Blaquier en la próxima subasta del 18 de noviembre en Sotheby’s Nueva York provocó una ola de comentarios, el nuevo anuncio que acaba de hacer Christie’s Londres, en el que da cuenta de una nueva secuencia de ventas de la misma colección, desata especulaciones sobre la verdadera dimensión del conjunto y no da tregua a la imaginación.
Esta vez se trata del capítulo de platería, mobiliario y bronces franceses y maestros antiguos que serán subastados en King Street, Londres, los días 1 y 2 de diciembre. La primera jornada incluye 50 lotes (la segunda, 280) y promete ser uno de los acontecimientos más destacados de la elegante Classic Week de Christie’s. Una infrecuente cantidad de piezas francesas de plata de los reinados de Luis XIV y Luis XV saldrá a la venta, aureolada por una fascinante procedencia.
Según ha anunciado la propia casa de subastas, será un auténtico despliegue de la platería francesa del siglo XVIII que espera despertar gran atención de los coleccionistas públicos y privados por la escasez de piezas que se han conservado de ese período.
El lote estrella es una sopera de plata estilo rococó realizada por el afamado orfebre Just Aurèle Meissonnier, que trabajó como pintor, arquitecto y escultor en la corte de Luis XV.
¿En qué reside la importancia de esta pieza, cuyo valor se ha estimado entre 4 y 6 millones de libras? Por un lado, en su rareza estilística, que representa animales y motivos marinos fundidos en torsión a partir de ejemplares vivos.
Pocas piezas
Pero, fundamentalmente, porque se han conservado muy pocas piezas de esa época. Básicamente, por dos o una misma razón: las fundiciones masivas ordenadas a partir de la Revolución Francesa, pero incluso desde antes de la Revolución, a raíz de los gastos excesivos de la rumbosa monarquía, que obligaron a fundir cantidades de vajillas de plata de la aristocracia para solventar gastos.
Así, la gran sopera de plata sale a la venta como uno de los escasos trabajos que se conservan de Meissonnier firmados por él. Se trata de una pieza originalmente encargada por el inglés Evelyn Pierrepont, duque de Kingston, en 1730. Curiosa extravagancia de un inglés que solía ser amante de lo clásico.
La última vez que se ofreció públicamente fue en Christie’s Ginebra, en noviembre de 1977. Entonces el lote estaba formado por dos soperas y marcó un récord mundial de 2,79 millones de francos suizos.
El comprador dividió posteriormente el conjunto. Una de ellas fue a parar a la colección del barón Heinz Thyssen-Bornemisza (el que armó la colección Thyssen que se puede visitar en Madrid) y la otra fue al Cleveland Museum of Art de Ohio, la institución prestigiada por tener una de las colecciones de platería más reconocidas del planeta.
Allí cada pieza es objeto de múltiples estudios e investigaciones. De manera que la procedencia y la rareza son una cuestión fundamental a la hora de la estimación y, por fin, de la bajada del martillo.
También en la primera velada saldrá a la venta un conjunto de plata inglesa del siglo XVIII que incluye piezas del servicio Warrington, más afín al austero gusto británico, que originalmente perteneció a George Booth, conde de Warrington, y fue encargado para su castillo en Dunham Massey, Cheshire.
Integrado por una cuantiosa cantidad de piezas luego dispersadas, varias pasaron a integrar la colección Blaquier, en gran parte formada con el asesoramiento y gran ojo crítico del anticuario Jacques Helft, padre del reconocido coleccionista de arte contemporáneo Jorge Helft. Nacido en Francia y emigrado a Argentina en la posguerra, Jacques Helft fue un experto en platería y punzones franceses, reconocido a nivel mundial.
Como anticuario, también asesoró a los Blaquier para la adquisición de otros refinados objetos que saldrán a subasta al despuntar diciembre. Entre ellos, varios esmaltes de Limoges, como la pequeña imagen devocional de cámara que representa a la Virgen con el Niño, exquisitamente trabajada en detalle como miniatura, y otra imagen de San Martín y el Mendigo Cojo, de mediados del siglo XVI, atribuida a Pierre Raymond. También una abundante selección de cajas de rapé de oro que dan cuenta de una de las secretas pasiones de Nelly Arrieta de Blaquier.
Muchas de ellas fueron adquiridas en importantes colecciones que se fueron dispersando en distintas oportunidades. Por caso, las espectaculares ventas del heredero boliviano Jaime Ortiz Patiño, que tuvieron lugar en Christie’s entre 1973 y 1974. Las cajas de rapé fueron una debilidad del coleccionismo en el siglo XIX, tal como se puede apreciar en el particular despliegue de la colección Gerrico en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Al parecer, Nelly Arrieta lo continuó en el XX como parte de su fascinación por Francia, que abarcó también mobiliario francés del siglo XVIII y piezas de importantísimos ebanistas de la época. Pero también pequeños bronces de Rodin, de Degas y de Bourdelle. A todo esto hay que sumar dibujos de Toulouse-Lautrec, una escena portuaria de Burdeos de Eugène Boudin y dieciocho obras sobre papel de la serie Ports de France, de Paul Signac.
Bronces italianos
Más allá de la gran atracción por la cultura francesa, que se pone de manifiesto en la colección que saldrá a la venta dentro de pocos días, un selecto grupo de bronces italianos de los siglos XVI y XVII le da otro matiz a la selección.
También las pinturas de maestros antiguos, entre las que sobresale una de esas exquisitas flores que pintó Jan Brueghel, el tercer gran pintor de la famosa dinastía de grandes pintores flamencos.
Más allá de las especulaciones en torno de la dimensión y la secuencia programada de ventas que se apronta a dispersar la legendaria colección Blaquier –así las promueven las casas de subastas–, lo cierto es que dan pie a interesantes análisis acerca del devenir de las fortunas originadas en este lado del mundo.
Algo que las casas de subastas han puesto en la vidriera en este año 2026 y que permite hacer foco en el declive del impactante poder de las fortunas latinoamericanas que deslumbraron a Europa desde comienzos del siglo XX.
En septiembre pasado también salió a la venta la deslumbrante colección de Graziella Patiño de Ortiz Linares, hija del magnate boliviano del estaño, que cerró con una recaudación de 40 millones de euros. En la colección de esta dama rectora del gusto –también francés– y madre del bon vivant Jorge Ortiz Patiño, había impresionantes obras de calidad museo de Fragonard, de Watteau y de Ingres que se acaban de dispersar.
Fuente: Clarín — Ver noticia original