Un nuevo testimonio en el juicio por la desaparición de Loan Peña volvió a poner bajo cuestionamiento las primeras actuaciones policiales de la investigación. Ramón González, un vecino de la zona rural de Corrientes, declaró el jueves ante el Tribunal Oral Federal y describió presuntas irregularidades en el procedimiento de secuestro de una evidencia que podía ser clave para la causa.
El hombre había participado de manera circunstancial en los operativos desplegados en 2024, cuando las fuerzas de seguridad realizaban intensos rastrillajes para encontrar al nene. Su llegada al establecimiento rural no había tenido que ver con una tarea investigativa: acompañaba al chofer de un vehículo que trasladaba provisiones para los efectivos.
El cargamento incluía sándwiches y agua mineral destinados al personal policial que trabajaba en el terreno. Sin embargo, durante esa visita, los agentes que intervenían en las inspecciones le pidieron que participara como testigo de un procedimiento.
Según el acta confeccionada por los policías, González habría presenciado el hallazgo y el levantamiento de una prenda de vestir que presentaba presuntas manchas de sangre. Se trataba de un elemento de interés para los peritajes, ya que podía aportar información sobre los rastros del nene desaparecido.
La denuncia sobre la firma del acta y la prueba que nunca vio
Durante su declaración judicial, González contradijo el contenido de ese documento. Aseguró que los efectivos nunca le mostraron la prenda que supuestamente había sido secuestrada ante su presencia y que, por lo tanto, no pudo comprobar qué elemento estaban incorporando a la investigación.
El vecino también sostuvo que los policías le pidieron que firmara una planilla administrativa sin darle la posibilidad de observar la evidencia ni verificar las condiciones en las que había sido encontrada o manipulada.
La declaración abrió interrogantes sobre la manera en que se documentó el procedimiento y sobre el alcance de la intervención que los agentes le atribuyeron al testigo. Si González no tuvo contacto visual con la prenda, su firma habría quedado incorporada a un acta que consignaba una situación distinta de la que describió ante los jueces.
A esa contradicción se sumó otro dato que trascendió de las actuaciones judiciales: el hombre no sabría leer ni escribir. La circunstancia agrega un elemento de discusión sobre las condiciones en las que se concretó la firma y la posibilidad de que hubiera comprendido el contenido del documento.
Las dudas sobre las primeras pruebas de la investigación
El testimonio de González volvió a poner bajo análisis la rigurosidad de los procedimientos realizados durante la etapa inicial de la búsqueda de Loan. En particular, su relato apuntó a la documentación del secuestro de una prenda que podía tener importancia para reconstruir lo ocurrido con el chico.
La declaración también plantea preguntas sobre la participación de los testigos en los procedimientos policiales y los mecanismos utilizados para certificar el levantamiento de elementos de interés para una investigación penal.
Su relato dejó planteada una cuestión central: cómo pudo quedar asentado que había presenciado el secuestro de una evidencia si, según afirmó ante los magistrados, nunca se la mostraron y tampoco podía leer el documento que le pidieron firmar.
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Fuente: Crónica — Ver noticia original