El ministro de Economía, Luis Caputo, buscó relativizar el fuerte deterioro de los indicadores financieros y desligar la escalada del riesgo país de las dificultades del programa económico del gobierno de Milei. En un contexto de caída de los bonos soberanos, retroceso de las acciones argentinas y mayor percepción de riesgo por parte de los inversores, el funcionario aseguró estar “tremendamente tranquilo” y atribuyó la tensión del mercado a la incertidumbre política de cara a las elecciones presidenciales del año próximo.
Las declaraciones fueron realizadas durante el acto por los 160 años de la Sociedad Rural Argentina (SRA), ante empresarios de los sectores agropecuario, energético y minero. Caputo rechazó que la tensión financiera constituya una señal de debilidad del esquema económico y apuntó directamente a la posibilidad de que Milei no consiga continuar en el poder después de las próximas elecciones. “Lo que algunos tienen miedo es que no esté el presidente Milei”, afirmó el titular del Palacio de Hacienda, de acuerdo con la cobertura de Infobae, en una explicación que ubica las expectativas electorales como principal factor detrás de la suba del indicador elaborado por JP Morgan.
El planteo del ministro, como siempre, descarta la evolución de los activos financieros de los resultados concretos de la política económica y traslada el problema el centro de la discusión hacia la continuidad política del oficialismo. Sin embargo, el riesgo país no mide solamente las expectativas sobre quién ocupará la Presidencia, sino también la percepción de los acreedores sobre la capacidad de pago de la Argentina, las perspectivas de crecimiento, la disponibilidad de divisas y las condiciones en las que el Estado podrá afrontar sus compromisos financieros.
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Durante su exposición, Caputo vinculó expresamente la confianza de los inversores con la permanencia del actual Presidente. El ministro sostuvo que el programa económico depende de la conducción política de Milei y consideró que su continuidad constituye una condición fundamental para que no se modifique la orientación de las medidas implementadas desde diciembre de 2023. “La única persona que garantiza ese rumbo es Javier Milei. Y no se los digo como ministro de Economía, se los digo como argentino”, afirmó, según reprodujo Infobae. En ese mismo tramo de su intervención, aclaró que los integrantes del equipo económico pueden cambiar, pero insistió en que la conducción presidencial debe mantenerse para garantizar la continuidad del programa.
La definición expone una de las características centrales de la estrategia oficial: presentar la permanencia de Milei como garantía de previsibilidad económica, en lugar de mostrar la consolidación de reglas institucionales y mecanismos que permitan sostener una política de Estado independientemente de quién gobierne. En la interpretación del ministro, la posibilidad de un cambio de administración representa un riesgo para los inversores porque podría modificar las decisiones fiscales, monetarias y cambiarias que actualmente aplica el Gobierno.
Caputo también hizo referencia a la dificultad de sostener la orientación económica cuando aparecen cuestionamientos o propuestas para modificar algunas de las decisiones adoptadas. “Sé lo fácil que es perder la convicción. Sé el nivel de conocimiento que tenés que tener”, manifestó ante los empresarios, al defender la continuidad de la estrategia oficial y la necesidad de mantener la disciplina fiscal. En esa línea, el titular de Economía rechazó las propuestas que plantean flexibilizar la política fiscal para impulsar la actividad y cuestionó a los sectores opositores que consideran necesario recuperar herramientas de estímulo económico. “La decisión de la gente va mucho más allá de si la economía crece al cuatro, tres, dos o uno”, sostuvo, al referirse a las perspectivas electorales y a la evaluación que, según su interpretación, hará la sociedad sobre la gestión libertaria.
También cuestionó las alternativas que identificó con el denominado “plan platita”, una expresión que el oficialismo utiliza para descalificar las políticas de expansión del gasto público orientadas a estimular el consumo. “Ahí es donde uno ve cuán fácil los otros pierden la convicción”, afirmó en referencia a los sectores de la oposición que plantean revisar el rumbo económico. La posición del ministro deja en segundo plano el debate sobre las consecuencias que tiene la política de ajuste para la producción, el empleo y los ingresos de los hogares. Si bien el equilibrio fiscal es uno de los principales objetivos declarados por la administración libertaria, la evolución de la economía también depende de la capacidad de sostener la demanda interna, mejorar los niveles de inversión y generar condiciones para que las empresas puedan ampliar su actividad.
El ministro mencionó una inflación diaria de 1,5% como parte de ese diagnóstico y sostuvo que la sociedad conserva la memoria de las dificultades económicas que atravesó durante los últimos años. El funcionario defendió la ortodoxia económica como el único camino posible para la Argentina y sostuvo que el país no tiene las mismas posibilidades de financiamiento que las economías desarrolladas. En particular, señaló que el Estado argentino no cuenta con margen para sostener desequilibrios fiscales mediante el endeudamiento ni tiene acceso irrestricto a los mercados internacionales de deuda.
Ese argumento es relevante para entender la insistencia del equipo económico en mantener el superávit fiscal, aunque también expone una dificultad del programa: la recuperación de la confianza financiera es uno de los objetivos centrales de la política oficial y, al mismo tiempo, el incremento del riesgo país muestra que los inversores todavía exigen una prima elevada para asumir compromisos con el Estado argentino.
La propia explicación de Caputo reconoce que la continuidad del rumbo económico es una variable que los mercados incorporan a sus decisiones. Sin embargo, no alcanza para explicar por qué los bonos argentinos registran caídas en un contexto en el que el Gobierno sostiene que logró ordenar las cuentas públicas y avanzar en la estabilización macroeconómica. La evaluación de los inversores también contempla la capacidad de acumular reservas, la evolución de la actividad y las posibilidades concretas de afrontar los vencimientos de deuda.