La reciente cirugía del papa León XIV, tras confirmarse un adenocarcinoma pulmonar, volvió a poner en foco a una de las patologías oncológicas más desafiantes. Según informó el Vaticano, el Pontífice fue sometido a una cirugía del lóbulo inferior derecho, y ahora se aguardan los resultados patológicos definitivos para delinear cuáles son los pasos a seguir para su recuperación.
El caso funciona como un disparador para entender cómo evolucionó el abordaje de esta enfermedad en los últimos años. Uno de los puntos relevantes es que el adenocarcinoma, el subtipo más frecuente de cáncer de pulmón, no se asocia exclusivamente con el cigarrillo: hoy sabemos que entre un 20% y un 30% de las personas diagnosticadas nunca fumaron.
“Históricamente asociamos el cáncer de pulmón al tabaquismo, pero hoy sabemos que el adenocarcinoma afecta a un porcentaje significativo de personas que nunca fumaron. Esto nos obliga a cambiar la mirada y a desestigmatizar la enfermedad. Ya no hablamos solo del “cáncer del fumador”; el perfil del paciente cambió y los médicos debemos estar atentos a otras señales”, explica Claudio Martin, jefe De Oncología Torácica del Instituto Alexander Fleming y del Hospital María Ferrer.
La carrera contra el tiempo: el valor de detectar oportunamente
En oncología el tiempo es clave. Las estadísticas publicadas son contundentes y muestran que, cuando un paciente es diagnosticado en una fase inicial (Estadio I), las probabilidades de sobrevida a cinco años aumentan drásticamente. Por el contrario, si la detección ocurre en etapas metastásicas, es decir, más avanzadas (Estadio IV), las posibilidades de sobrevida disminuyen de manera significativa.
En el caso del nódulo pulmonar, en una gran parte de los casos puede detectarse como un hallazgo casual al realizar una tomografía por otros motivos, antes de que aparezcan síntomas como falta de aire o tos recurrente. “Encontrar un nódulo pulmonar en un estudio de rutina genera angustia, pero es importante transmitir que la gran mayoría de estos nódulos son benignos. Lo fundamental es ocuparse. Realizar el seguimiento adecuado y promover el cribado preventivo en poblaciones de alto riesgo es lo que nos permite encontrar la enfermedad a tiempo, cuando la cirugía puede ser curativa”, señala el Dr. Martin.
La Inteligencia Artificial aplicada en la detección temprana de nódulos pulmonares
Para evaluar los nódulos, los médicos deben analizar en detalle su tamaño, bordes y evolución en el tiempo. Es en esta fase de monitoreo donde la tecnología médica dio un salto exponencial en el último tiempo. Las herramientas basadas en Inteligencia Artificial se convirtieron en recursos clave en los servicios de diagnóstico por imágenes y patología.
Los nuevos algoritmos no reemplazan a los especialistas, sino que potencian su mirada clínica al ayudarlos a detectar lesiones milimétricas y comparar imágenes o estudios previos con gran precisión para identificar si una lesión aumentó su tamaño o modificó sus características.
“La Inteligencia Artificial en nuestra práctica diaria está marcando un antes y un después. Estos algoritmos funcionan como una red increíble. Permiten detectar nódulos submilimétricos y comparar volúmenes de crecimiento con una precisión matemática, lo que acelera los tiempos de diagnóstico y reduce la etapa de incertidumbre para el paciente”, detalla Patricia Biolchi, Directora Médica en AstraZeneca Cono Sur, empresa que hoy trabaja en distintas provincias de Argentina, colaborando con estrategias de implementación de herramientas de inteligencia artificial.
Medicina de precisión: el “nombre y apellido” del tumor
Si la detección temprana es el primer pilar de esta nueva era, entender las características moleculares del tumor es el segundo. Hoy, los avances tecnológicos permiten mirar detalladamente el ADN de la célula patológica. Una vez confirmado el diagnóstico, se evalúan diversos biomarcadores o mutaciones genéticas específicas en el tumor. Comprender la biología profunda de la lesión permite aplicar la “medicina de precisión”. Esto significa la posibilidad de administrar terapias dirigidas diseñadas específicamente para bloquear el mecanismo que hace crecer a ese tipo de tumor en particular.
La oncología moderna ya no trata únicamente por el órgano en el que se origina la lesión, sino que actualmente el tratamiento se define por el perfil molecular específico del tumor. Con los testeos moleculares buscamos entender qué encendió ese tumor. Si lo encontramos, se pueden utilizar terapias dirigidas que apagan ese mecanismo específico.
Un paciente, un equipo
Desde aquel hallazgo inicial hasta la definición del tratamiento, el paciente atraviesa un camino que no puede ser guiado por un solo médico. Para el mejor resultado en el tratamiento, es indispensable contar con el trabajo interdisciplinario de un equipo de especialistas, como neumonólogos que evalúan la capacidad respiratoria, imagenólogos que interpreten las imágenes médicas, cirujanos que operen, patólogos que analicen el tejido del tumor y evalúen su perfil molecular, y oncólogos y radioterapeutas que diseñen la estrategia final.
“El paciente con cáncer de pulmón necesita un acompañamiento integral y el apoyo psicológico también es vital en todo este proceso. En Argentina contamos con un nivel médico de excelencia, pero nuestro mayor desafío hoy es sortear las barreras de acceso. Necesitamos que todos los pacientes, sin importar en qué provincia vivan, puedan acceder de forma rápida a los testeos moleculares y a los tratamientos de última generación”, concluye Claudio Martin, Jefe De Oncología Torácica del Instituto Alexander Fleming y del Hospital María Ferrer.
Fuente: TN — Ver noticia original