Tener conversaciones pendientes de temas álgidos puede ser un dolor de cabeza. Sentarse a charlar, encontrar un punto en común y llegar a buen puerto sería lo ideal, sin embargo, muchas veces, del otro lado puede no haber inteligencia emocional como para comprender la situación. Al respecto, la psicóloga Beatriz Ruiz señaló que muchas veces, ante este escenario, muchos se terminan preguntando “para qué tener una charla si ya sabés cómo va a terminar”.
“Hay muchísimas veces que queremos tener una última conversación tras una ruptura o hablar con una amiga o un familiar sobre algo en concreto, pero te parás a pensar y decís: ‘¿Para qué?’. Si ya sabés cómo va a terminar. Vas a expresar todo lo que querías expresar y al final la conversación va a terminar siendo sobre cómo lo estás diciendo, de si siempre sos igual, de que no se puede hablar con vos porque decís: ‘Mirá cómo estás hablándome’”.

En ese sentido, la psicóloga consideró que a veces se cae en la trampa de pensar que, si uno haya las palabras exactas o perfectas, la otra persona podrá entender lo que uno quiere transmitir. Sin embargo, esto no es así. “Hay conversaciones en las que no se necesita una forma mejor de explicar las cosas, sino simplemente necesitamos que haya una persona al otro lado que esté dispuesta a escuchar lo que tenés que decir y esto es lo que muchas veces falla en estas conversaciones. Porque te prometo que podés explicar las cosas perfectamente, que te estás expresando, que estás diciendo exactamente lo que querías decir, pero es que la otra persona está demasiado centrada en defenderse y no tanto en comprender lo que vos le estás diciendo o interesarse por comprender lo que vos le estás diciendo”, explicó.
“Por eso, cuando en terapia llegamos a la conclusión de que quizá no quiero o no puedo tener esta conversación con esta persona, no significa que nos estemos rindiendo ante esto. Simplemente significa que hemos conseguido entender o hemos aceptado que que yo sepa explicarme no me garantiza que la persona que tengo delante esté dispuesta a escucharme”, concluyó.
Fuente: La Nación — Ver noticia original