Las reuniones familiares solían ser un espacio de encuentro entre jóvenes y adultos, un lugar en el cual la charla y la escucha eran primordiales. Sin embargo, con el paso del tiempo esta dinámica comenzó a cambiar y la tecnología pasó a ser el centro de atención.
Y, si bien en un principio la culpa era de los jóvenes que “nunca dejan el celular”, de a poco los adultos siguieron el mismo camino. En este contexto, encontrar momentos para conversar y conectar entre generaciones se vuelve cada vez más difícil.
Frente a este panorama, estudiantes del Cardenal Copello de Villa Devoto idearon una solución: AgeUp, el juego de mesa que busca unir generaciones. Bautista Fernandez y Ámbar Asunción llevaron el juego al segmento “De acá” en Aura para mostrarlo al público y explicar su finalidad.
Por qué y cómo nace Ageup
A la diferencia de edad entre jóvenes y adultos, se le suma la diferencia del vocabulario: “Hablamos nosotros de otra manera, por cómo nos criamos: en un contexto de un mundo mucho más digital al que nuestros abuelos no están acostumbrados” explicó Bautista.
Mientras que los jóvenes utilizan expresiones propias del mundo digital, muchas de ellas tomadas del inglés, los adultos y los adultos mayores suelen estar más familiarizados con palabras vinculadas con las costumbres argentinas y el lunfardo. Términos como cringe o flama conviven así con expresiones como gilastro o enagua palabras que pueden resultar familiares para una generación y desconocidas para otra.
Frente a estas diferencias, nació AgeUp, la propuesta transforma esas palabras que suelen generar desconcierto en una oportunidad para conversar, compartir saberes y rescatar historias familiares.
“Lo que nosotros buscamos es que, por medio del juego, se genere un desentendimiento: esta palabra de los jóvenes de ahora mi abuelo no la conoce, por ejemplo, me pregunta ‘¿Qué significa cringe?’” apuntó Ámbar a la hora de aclarar la finalidad del juego.
El juego invita a reconocer que cada generación tiene su propio universo cultural. Por ejemplo, el término aura, que en el lenguaje juvenil expresa admiración o respeto, puede ser el punto de partida para descubrir cómo cambian las expresiones y sus sentidos con el paso del tiempo.
Cómo se juega y qué lo hace diferente
La dinámica está pensada para grupos de entre tres y siete personas y utiliza dos mazos: uno de cartas negras, con frases o premisas incompletas, y otro de cartas claras, que contienen posibles respuestas.
Las cartas claras tienen dos caras diferenciadas por color. El lado ocre reúne el vocabulario de las generaciones mayores —con palabras como “gilastro”—, mientras que el lado azul agrupa expresiones de los jóvenes, como “flama”.
Y las cartas negras tienen una línea bordeada de color azul o de color ocre, la cual diferencia el tipo de frase que contiene: si es ocre, es una frase de la generación mayor y, si es azul, una frase de la nueva generación.
El jugador de mayor edad comienza tomando una carta negra y elige si jugarla por el lado ocre o azul. A partir de esa decisión, los demás deben seleccionar una carta clara de su mano para completar la frase, pueden usar palabras de cualquiera de los dos lados. Esto permite combinar expresiones de distintas épocas.
Los estudiantes, pensaron una solución en el caso de que no sea sencillo entender las reglas del juego y en su instagram dejaron un video explicativo:
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Un espacio para compartir fuera de las pantallas
Más allá de la competencia, el objetivo de AgeUp es crear un espacio para compartir entre personas de distintas edades. Cada palabra puede ser la excusa para preguntar, explicar y contar algo propio.
Así, una expresión juvenil puede despertar la curiosidad de los abuelos, mientras que una palabra del lunfardo puede llevar a los más chicos a conocer costumbres y formas de hablar de otras épocas. Incluso una pregunta simple puede dar lugar a una historia familiar inédita.
En vez de exigir que todos hablen igual, AgeUp propone aprovechar las diferencias para acercarse. La idea es que las palabras sean un puente entre generaciones y que el juego ayude a recuperar el hábito de sentarse a conversar en familia.
Fuente: TN — Ver noticia original