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Anticiparse a las emergencias: la clave para optimizar el control de gramíneas y amaranthus en la campaña gruesa

En diálogo con TN, el especialista Mauro Mortarini remarcó que iniciar los controles de manera temprana y planificar las mezclas de activos permite ganar efectividad, reducir costos y frenar a tiempo especies complejas como rye grass y amaranthus.
Anticiparse a las emergencias: la clave para optimizar el control de gramíneas y amaranthus en la campaña gruesa

Planificar antes que corregir fue el mensaje central que dejó Mauro Mortarini, asesor agrícola de la consultora Ojos del Salado y especialista en manejo de malezas, en una charla con productores realizada en La Violeta, partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires, organizada junto a la cooperativa local.

Según explicó el especialista en diálogo con TN, adelantar las aplicaciones, elegir bien los herbicidas y combinarlos con criterio mejora los resultados y, “a la larga”, reduce los costos del productor.

La charla puso el foco en las características de los herbicidas: su solubilidad, su vida media y su interacción con los suelos.

También abordó cómo combinar principios activos que, según Mortarini, el productor muchas veces no tiene presentes, aunque están en el mercado desde hace tiempo y “van a redundar en mejores controles”.

El contexto climático suma un desafío.

El especialista anticipó que este año “probablemente sea distinto, con más lluvia de lo habitual”, un escenario que vuelve más importante la elección del producto y el momento de aplicarlo.

“La clave es tratar de planificar todo lo que se pueda y generar controles tempranos”, resumió.

El caso del raigrás

Para ilustrar el problema, Mortarini tomó el raigrás, una maleza que complica a los productores de la zona.

Explicó que aparece en los lotes en abril, pero que los controles suelen empezar recién en julio.

Como consecuencia, muchos productores terminan “arrastrando problemas de raigrás en maíz”.

El resultado es que se pasan meses controlando con graminicidas en momentos en que estos no funcionan.

La secuencia va de abril a septiembre, con aplicaciones que no logran la eficacia esperada y que suman costos sin resolver el problema de fondo.

Frente a ese escenario, el especialista planteó que existe una “ventanita” en mayo, cuando hay que trabajar “muy fuerte” con los residuales adecuados, una herramienta que en general no se usa para el raigrás en la región.

Como la maleza tiene emergencias sucesivas, es clave incorporar un residual que cubra esos nacimientos escalonados.

Mortarini reconoció que el panorama es complejo por las resistencias, pero relativizó la búsqueda del activo perfecto.

“Casi con seguridad, cambiando los momentos de aplicación y planificando un poquito más, gran parte del partido está ganado”, afirmó.

El cambio de estrategia, entonces, depende más del calendario y la planificación que de la molécula.

La mirada puesta en el verano

De cara a la campaña de gruesa, los protagonistas cambian.

Según el especialista, los problemas pasan a ser las gramíneas de verano y el amaranthus, otra maleza de difícil manejo.

Para esas especies recomendó “poner muy foco” y “tratar de anticiparse a las jugadas”.

Mortarini destacó el sistema Enlist, es una buena opción para los productores frente a la soja.

En la zona todavía tiene un bajo nivel de adopción, mientras que en otras regiones de la provincia de Buenos Aires es “altísimo”.

Allí, dijo, ya se le encontró la funcionalidad y la importancia para los sistemas, y la tecnología facilita “muchísimo” el manejo de malezas como el amaranthus.

Otra recomendación es trabajar con herbicidas “lo menos solubles posible”.

La lógica se vincula con el pronóstico de lluvias abundantes: un producto muy soluble está más expuesto a perder eficacia cuando el agua es frecuente.

“Es un año que probablemente las lluvias nos jueguen en contra en ese sentido”, advirtió. Aun así se mostró optimista: “con ajustes finos podemos llegar a mejorar toda la cuestión de manejo de malezas”.

Una zona distinta

Hacia el cierre, al ser consultado sobre lo que significaba participar de la convocatoria, Mortarini respondió que fue “un placer” y recordó que ya había visitado la zona varias veces.

Contó que, cuando le avisaron que había un lugar disponible en la agenda, aceptó y recorrió 400 kilómetros para llegar a La Violeta.

Valoró la posibilidad de “interactuar con una zona bastante distinta” a la que trabaja habitualmente, aunque su actividad se extiende hasta Junín.

Con ese mensaje, el especialista dejó una hoja de ruta para los productores: adelantarse al calendario de las malezas, usar residuales en los momentos clave, ajustar la elección de los activos según el clima y no esperar a que el problema crezca para actuar.

Fuente: TN — Ver noticia original