Las imágenes de carpinchos adultos y los caimanes yacaré descansando juntos a pocos metros de distancia suelen interpretarse en redes sociales como una muestra de convivencia pacífica. Sin embargo, investigaciones recientes sobre el comportamiento animal en Sudamérica demuestran que esta escena no responde a una relación de afinidad, sino a una estrategia de supervivencia calculada. Un estudio publicado en la revista científica Behavioral Ecology and Sociobiology por la bióloga Ana Belén Ávila y su equipo analizó cómo estos grandes roedores (Hydrochoerus hydrochaeris) gestionan el riesgo frente a sus depredadores en el Pantanal de Brasil e Iberá en Argentina. Los hallazgos revelan que los carpinchos adultos no viven en alerta constante, sino que adaptan sus horarios y se mantienen a corta distancia del agua para asegurar una vía de escape rápida ante un ataque. De acuerdo con el artículo divulgado por Earth.com, estudios publicados desde 1996 y observaciones posteriores describen una convivencia condicionada por el tamaño de las presas, la oferta de alimento y la presencia de jaguares. Dicho de otro modo, esta tolerancia mutua responde a la lógica del esfuerzo digestivo: para un caimán yacaré, atacar a un carpincho adulto —que puede superar los 50 kilos y posee incisivos capaces de infligir heridas graves— representa un riesgo alto frente a presas más sencillas como los peces. La evidencia científica acumulada desde la década de 1990 y ratificada por los últimos análisis ecológicos confirma que el reptil prefiere evitar el enfrentamiento con adultos, aunque las crías sí forman parte habitual de su dieta. Los caimanes eligen presas más fáciles Una investigación publicada en 1996 en Herpetological Journal analizó el contenido estomacal de 196 caimanes yacaré durante la estación seca en el Pantanal. El estudio concluyó que los reptiles comían principalmente insectos y peces, con variaciones vinculadas al hábitat que ocupaban. Para este depredador, capturar un pez implica menos esfuerzo que enfrentarse a un mamífero alerta y corpulento. Los adultos tienen un cuerpo pesado y musculoso, además de incisivos largos y afilados que pueden causar lesiones a un depredador. Elizabeth Congdon, profesora asistente de la Universidad Bethune-Cookman de Florida y especialista en esta especie, explicó que “es muy inusual ver a los cocodrilos cazar y comer capibaras en estado salvaje”. La investigadora añadió que estos ataques son poco frecuentes cuando existen peces y otras presas fáciles de manipular. “Los he visto durmiendo juntos en estado salvaje”, afirmó Congdon, al describir encuentros entre los dos animales. Las crías enfrentan un riesgo mayor La condición cambia para los ejemplares jóvenes. Congdon señaló que “la excepción son las crías. Las crías son presa fácil para muchas cosas, incluso para aves rapaces”. Una ficha de la biblioteca de la Alianza de Vida Silvestre del Zoológico de San Diego incluye a los caimanes entre los depredadores de carpinchos juveniles. En esa lista también figuran zorros, ocelotes, rapaces y anacondas. Los adultos, por su parte, pueden ser cazados por pumas y jaguares. La situación convierte a los humedales en un entorno compartido, pero no exento de amenazas para ninguna de las especies que coinciden en las riberas. El peligro se amplía con la presencia del jaguar, un felino que caza tanto caimanes como carpinchos en el Pantanal. Por ello, la proximidad al agua no garantiza protección absoluta para los animales que permanecen en la orilla. Los jaguares cazan más caimanes que carpinchos Un estudio difundido en Journal of Mammalogy siguió a 10 jaguares equipados con collares GPS en el sur del Pantanal entre 2001 y 2004. Los investigadores registraron 438 presas en los lugares donde los felinos realizaron sus capturas. Los caimanes representaron el 24,4% de las presas identificadas, solo por detrás del ganado. Los carpinchos concentraron el 2% de los registros. La depredación de estos reptiles aumentó cuando subía el nivel del agua y los reptiles se dispersaban por las zonas inundadas. Las hembras de jaguar cazaron más caimanes que los machos, de acuerdo con esos resultados. En algunas áreas de la región pantanosa, los jaguares basan parte importante de su alimentación en presas acuáticas, entre ellas peces y caimanes. Los carpinchos responden a estas amenazas mediante alertas grupales. Cuando uno detecta peligro, emite un sonido de alarma y los demás permanecen atentos o se sumergen en el agua más cercana. La cercanía al agua ayuda a reducir el peligro Estos roedores son buenos nadadores y pueden mantenerse bajo el agua hasta 5 minutos. Cuando enfrentan un ataque en tierra, los grupos pueden formar una defensa con las crías en el centro y los adultos orientados hacia el exterior. Una investigación de 2022, publicada en la revista científica Animal Behaviour, comparó poblaciones del Pantanal, donde son frecuentes jaguares y pumas, con las de los humedales de Iberá, en Argentina. Allí, los grandes depredadores desaparecieron a mediados del siglo XX y se desarrollaba una reintroducción de jaguares liderada por Rewilding Argentina. En el humedal brasileño, los grupos tuvieron un promedio de 8 individuos, frente a 15 en Iberá. Además, permanecieron más cerca del agua y dedicaron cerca del 60% de su tiempo a alimentarse, frente al 40% registrado en los humedales argentinos. Los autores plantearon que, en áreas con depredadores, los carpinchos pueden reducir el riesgo al elegir sectores más seguros. Aun así, las crías de Iberá eran ocasionalmente atacadas por ocelotes, cerdos asilvestrados, zorros y caimanes. La tranquilidad de un roedor adulto junto a un caimán responde, por tanto, a que el reptil suele preferir otras presas y evita un enfrentamiento riesgoso. Esa convivencia puede cambiar ante la cercanía de una cría o la aparición de un felino en la ribera.
Fuente: Infobae — Ver noticia original