La crecida del Río Iguazú obligó este lunes a cerrar dos de los recorridos más visitados de las Cataratas del Iguazú: el Circuito Garganta del Diablo y el Circuito Superior. Por la mañana, el río registraba 16.400 metros cúbicos por segundo, un escenario que los pronósticos ya preveían por la llegada del fenómeno El Niño.
Qué circuitos de las Cataratas están abiertos
Las autoridades del Parque Nacional Iguazú informaron que la Garganta del Diablo y el Circuito Superior permanecerán cerrados durante toda la jornada de forma preventiva. En cambio, el Circuito Inferior y los demás senderos del parque siguen abiertos para los visitantes.
“Las previsiones indican que el caudal del Río Iguazú está en ascenso y es indispensable garantizar la seguridad de todos”, explicaron desde el parque.
MÁS INFO
El río, 11 veces por encima de su media histórica
Según la información oficial, este lunes el Río Iguazú alcanzó un volumen 11 veces superior a su media histórica.
El pico se registró durante la madrugada, cuando el caudal llegó a 17,7 millones de litros de agua por segundo, el equivalente a 17.700 metros cúbicos por segundo.
Hace dos semanas, la Garganta del Diablo ya había cerrado
El 12 de octubre, lunes feriado, las autoridades del Parque Nacional Iguazú inhabilitaron de manera preventiva el circuito Garganta del Diablo por el aumento del caudal del río, que en ese momento había superado los 12.000 metros cúbicos por segundo. En apenas 48 horas, el caudal se había triplicado. En aquella oportunidad, el resto de los circuitos argentinos, el Inferior y el Superior, siguieron funcionando con normalidad.
Dos semanas después de aquel primer cierre, el caudal pasó de algo más de 12.000 a 16.400 metros cúbicos por segundo, y esta vez la restricción también alcanzó al Circuito Superior.
El cambio extremo que detectó la NASA por El Niño
El agua se está calentando, cambia de color y se modificó el nivel del mar: eso detectó la NASA en un nuevo informe sobre el Pacífico sobre las implicancias de El Niño. Los datos recabados permiten entender que el fenómeno está en curso, algo que es crucial para monitorear su evolución, ajustar protocolos y generar sistemas de control.
En octubre de 2026, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó en un 83% la probabilidad de que el evento estuviera en curso.
Una de las primeras señales se registró en enero, cuando los satélites detectaron una masa de agua cálida cerca de Micronesia. Se trataba de una onda Kelvin, un pulso que transporta calor de oeste a este a través del Pacífico. A comienzos de abril, estas ondas habían llegado al Pacífico oriental. En algunas zonas, el nivel del mar aumentó entre 30 y 40 centímetros, mientras que en Indonesia y el norte de Australia se ubicó entre 15 y 20 centímetros por debajo de lo normal.