El 4 de octubre de 1986, la diagonal Alvear en la ciudad de Neuquén cambió su perfil comercial. Ese día, una familia proveniente de General Alvear, Mendoza, inauguró Piré, un emprendimiento que transformó el consumo de helados en la zona. La decisión surgió de una intuición de Vicente Rodríguez, quien durante un viaje de trabajo observó que los vecinos neuquinos compraban el producto incluso en invierno. Aquella visión impulsó el traslado de los Rodríguez y los Lardiés, quienes buscaban proteger un saber artesanal heredado de sus antepasados italianos.

En aquel primer local, Adela Rodríguez asumió tareas generales: pesaba los insumos, elaboraba las mezclas, atendía al público y fabricaba los cucuruchos ante la mirada de los clientes. El olor a vainilla del proceso de horneado inundaba el salón, que carecía de sistemas de aire acondicionado y funcionaba con ventiladores prestados por los vecinos. Según contó Adela al diario LM Neuquén, la respuesta de la comunidad resultó impresionante desde el inicio. El negocio pronto se convirtió en un punto de reunión para los jóvenes de la ciudad y las familias locales.
La trayectoria sufrió un quiebre en abril de 1991 tras la muerte de Vicente Lardiés, primer marido de Adela. Ante eso, tomó el liderazgo absoluto de la firma durante esa etapa compleja. Con el tiempo, Adela formó una nueva sociedad con Carlos Roberti. Juntos, iniciaron una fase de expansión que incluyó el traslado de la fábrica, el desarrollo de locales propios y la creación de un sistema de franquicias. La marca logró certificar sus procesos bajo normas ISO 9001, lo cual garantiza la trazabilidad y la calidad en la cadena de producción.
La filosofía de la heladería prioriza el producto artesanal. Roberti sostiene que el éxito radica en no traicionar las raíces. “Cuando uno entra a Piré a tomar un helado de frutilla sabe que lo que está comiendo es frutilla”, manifestó Roberti en un contenido de marca publicado por Editorial Río Negro en 2016. La empresa mantiene una oferta constante de más de 50 sabores. El dulce de leche Piré, el chocolate y la frutilla Bariloche se mantienen como los favoritos de los consumidores a lo largo de 40 años.

La tercera generación de la familia comenzó a involucrarse en las operaciones. Horacio, hijo de Adela, lidera el área de diseño y posicionamiento de marca. “Quiero que ellos lo sientan y lo vivan con el valor y el amor que lo hemos vivido nosotros, porque es un orgullo”, sostuvo Adela sobre los que vienen detrás de ella para sostener la antorcha (o la cuchara) muy alta.
La firma emplea actualmente a 42 personas de manera estable, cifra que asciende a 60 trabajadores durante la temporada alta. La estrategia de los dueños incluye el lanzamiento de ediciones limitadas por el aniversario número 40, como el helado Toffee Caramel.
Adela, por su parte, destaca su arraigo con la capital neuquina al afirmar que ella se siente neuquina. Piré logró transformar un proyecto familiar en parte de la identidad regional mediante el trabajo constante y la preservación de una receta artesanal que define su esencia.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
Fuente: La Nación — Ver noticia original