En Ilulissat, en la costa oeste de Groenlandia, pescadores, autoridades y ambientalistas debatieron sobre el futuro del tiburón boreal tras una propuesta municipal —posteriormente retirada— para sacrificar 1.000 ejemplares mediante una recompensa por cada corazón entregado. El conflicto se concentra en las aguas próximas a la tercera ciudad más grande de Groenlandia, donde cerca de 400 pescadores dependen de la actividad. Los tiburones compiten por especies comerciales, se enganchan en los equipos y cortan líneas, según los testimonios recogidos por The Guardian. Henrik Jensen, pescador de 27 años que trabaja desde hace una década, afirmó que este año perdió alrededor de 6.000 anzuelos. “A veces perdemos unas 30.000 coronas danesas al día (4.350 dólares)”, dijo sobre los costos que afrontan quienes forman parte del sector. El plan fue retirado por dudas legales El municipio de Avannaata aprobó a comienzos de año un plan que ofrecía unos 44 dólares por cada corazón de tiburón boreal. La iniciativa buscaba reducir la presencia de estos animales en las zonas de pesca costera y proteger los ingresos del sector. El alcalde de Avannaata, Lars Erik Gabrielsen, sostuvo que el objetivo era “salvaguardar los ingresos de los pescadores y las capturas para poder seguir consumiendo los alimentos de los que hemos dependido durante generaciones”. El Gobierno cuestionó la legalidad de la propuesta y el programa fue descartado. Sin embargo, la posibilidad de retomar una medida semejante sigue presente, ya que el consejo municipal había citado antecedentes de recompensas en otras áreas. Un plan en el antiguo municipio de Aasiaat ofreció unos 29 dólares estadounidenses por cada ejemplar a principios de la década de 2000. Según un informe de 2007 de la Universidad Técnica de Dinamarca otro programa desarrollado entre 1986 y 2001 en el antiguo municipio de Uummannaq reunió 19.697 corazones. Para parte de la comunidad pesquera, el problema está ligado al valor de los equipos perdidos. Timotheus Petersen, presidente de la asociación de pescadores de Kullorsuaq, explicó que cada palangre, una línea larga con numerosos anzuelos, cuesta aproximadamente 230 dólares. “Cuando los tiburones cortan nuestros sedales, no podemos terminar de pescar”, señaló. La lenta reproducción convierte a la especie en un caso delicado El depredador habita aguas profundas y frías del Atlántico Norte y occidental. Puede medir entre 6 y 7 metros, vivir más de 400 años y es considerado el tiburón más lento del mundo. También es la segunda especie carnívora de tiburón de mayor tamaño, después del tiburón blanco, según Shark Trust. Su biología preocupa a los especialistas: La especie alcanza la madurez sexual cerca de los 150 años, por lo que su recuperación tras una reducción de ejemplares sería muy lenta. Hasta la década de 1960, los ejemplares fueron capturados de forma intencional para aprovechar el aceite de su hígado. En 1948, el año de mayor captura registrado, se llevaron a tierra 58.000 ejemplares. El profesor Nick Dulvy, especialista en conservación marina de la Universidad Simon Fraser, en Columbia Británica, advirtió que “probablemente sean, biológicamente hablando, las especies más sensibles del océano a la sobrepesca”. Se calcula que unos 3.500 tiburones boreales quedan atrapados cada año de forma accidental en artes de pesca y que su población sigue en descenso. La organización Oceans North Kalaallit Nunaat (ONKN) cuestionó que una matanza pueda resolver el problema. El grupo remarcó que estos ejemplares son migratorios y pueden recorrer hasta 2.000 kilómetros al año. Por ello, consideró que los ejemplares retirados del noroeste groenlandés podrían ser reemplazados rápidamente por animales llegados de otras regiones. Equipos costosos y líneas fantasma La recompensa tampoco convence a todos los trabajadores del mar: Jensen considera que los aproximadamente 43 dólares no compensan el esfuerzo de subir un tiburón a bordo, ya que se requieren anzuelos más grandes y cadenas para las líneas. Además, identificó otro obstáculo creciente: las “líneas fantasma”, equipos abandonados o perdidos que se enredan con aparejos nuevos, rompen maquinaria y pueden atrapar fauna marina. Rebekka Nygård Bak, asesora del Ministerio de Pesca, Caza, Agricultura y Autosuficiencia de Groenlandia, planteó que podrían aplicarse regulaciones sobre equipos que reduzcan las capturas accidentales y una campaña para mejorar el registro de esos casos. Poulsen señaló que esta actividad representa cerca del 25% del producto interno bruto de Groenlandia y atraviesa una situación de presión económica. Según explicó, cuando los miembros del sector obtienen ganancias reducidas, los daños que los tiburones causan en sus equipos se vuelven más difíciles de afrontar.
Fuente: Infobae — Ver noticia original