Carlo Luigi Spegazzini nació el 20 de abril de 1858 en Bairo, Piamonte, Reino de Italia. Su padre, Luis, era general del ejército piamontés y docente. Su madre, Carolina Turina, era hija de diplomáticos y maestra.
Estudió en el Colegio Marco Foscarini de Venecia y entre 1876 y 1879 en la Real Escuela de Viticultura y Enología de Conegliano, donde se especializó en hongos. Sus primeros trabajos fueron sobre hongos parásitos de la vid.
Como tantos inmigrantes, llegó a la Argentina a fines de diciembre de 1879. Se radicó en Buenos Aires y comenzó a trabajar en la farmacia del botánico Domingo Parodi, quien lo ayuda a ingresar en 1880 al Gabinete de Historia Natural de la Facultad de Ciencias Físico-Naturales de la UBA, donde clasifica su primer hongo argentino, al que llama Agaricus platense.
En las asociaciones científicas porteñas dio conferencias y conoció a Domingo Faustino Sarmiento, con quien entabló amistad. El viejo sanjuanino le insistió en que se quedara en el país para formar botánicos argentinos y lanzarse a nuevas exploraciones.
Una vida vertiginosa
En 1881 es convocado a la Expedición ítalo-argentina del Capitán Bove a la Patagonia y Tierra del Fuego. Allí cataloga 1.108 especies, de las cuales 461 eran hongos nuevos.
El viaje de regreso se complicó cuando la corbeta Golden West en la que viajaba naufragó en el Cabo de Hornos. Spegazzini se tira al agua nadando con su herbario y sus cuadernos para salvarlos.
Queda varado semanas con los aborígenes fueguinos, quienes lo reciben afectuosamente y le salvan la vida. Aprende sus lenguas y escribe después el primer Compendio de gramática alakaluf.
A partir de esta primera experiencia, su vida se vuelve vertiginosa: más de 20 expediciones por Argentina, Chile, Brasil y Paraguay. Antes de él, la flora micológica argentina tenía menos de 50 especies conocidas.
Su colección particular llegó a 4.000 variedades: 2.000 de Argentina, 1.000 de Chile y 600 de Brasil y Paraguay, con 180 géneros nuevos. En total describió más de 2.900 nuevas especies para la ciencia. Su abreviatura oficial en botánica es “Speg”.
En 1884 se casó con María de la Cruz Rodríguez, una joven nacida en Asunción, Paraguay. La pareja se radica en La Plata y tendrán 10 hijos.
Nombres muy particulares
Los segundos nombres de sus hijos estaban tomados de la serie etilénica de los hidrocarburos. Etile, Propile, Heptile, Rutile, Monile: los chicos de la casa de la calle 53 llevaban por nombre las moléculas de un manual de química orgánica.
La hija mayor, Carolina Etile -farmacéutica y química-, llegaría a ser su activa ayudante y secretaria; el hijo Carlos Propile Luis colaboró con él en la compilación del Herbario del Ministerio de Agricultura, antes de morir en 1911.
En la ciudad de las diagonales será uno de los promotores de la fundación de la Universidad Nacional de La Plata. Creó las Facultades de Agronomía, Química y Farmacia, Ciencias Naturales y fue profesor del Colegio Nacional.
También fue Jefe del Instituto de Biología, Director de Enseñanza, Vicedecano y Decano interino, muchas veces ad-honorem. Fundó el Jardín Botánico, el Arboretum y organizó la forestación del Paseo del Bosque.
Tenía otra pasión: las aves. Su casa platense era un pequeño edén con patio central lleno de plantas y pájaros, con papagayos que se posaban en sus hombros.
En 1916 fue socio fundador de la Sociedad Ornitológica del Plata -la actual Aves Argentinas– junto con Eduardo Holmberg y Ángel Gallardo, y publicó artículos en su revista, El Hornero.
Murió en su querida La Plata a los 68 años y descansa en el cementerio local. En su testamento donó todos sus bienes al Museo de La Plata, incluyendo su casa ubicada en 53 número 477, y su herbario para que se instale un Instituto de Botánica.
A cuatro años de su muerte se inauguró en la capital de la provincia de Buenos Aires, como homenaje a su obra, en la que era su casa, el Museo e Instituto “Carlos Spegazzini”.
Y una bella localidad de Ezeiza lleva su nombre.
E.M.
Fuente: Clarín — Ver noticia original