
Una investigación publicada en 2020 asoció la combinación de una alimentación rica en grasas y el uso reciente de antibióticos con señales de inflamación intestinal en un grupo reducido de adultos.
El trabajo de la Universidad de California en Davis comparó a personas sanas con pacientes con síndrome de intestino irritable, que puede causar dolor abdominal, hinchazón y cambios en las deposiciones.
Analizó si la alimentación y los antibióticos se relacionaban con el estado que los autores llamaron pre-IBD, definido por inflamación de la capa interna del intestino y cambios en la microbiota, el conjunto de microorganismos que vive allí.

Según el comunicado de UC Davis Health, la combinación de ambos factores puede alterar el funcionamiento de las mitocondrias, pequeñas estructuras de las células que producen energía.
Describe una asociación en un grupo específico y un mecanismo analizado en animales; no prueba que cualquier dieta rica en grasas o tratamiento con antibióticos provoque enfermedad inflamatoria intestinal.

El trabajo analizó la combinación de dieta y antibióticos
Los científicos midieron la calprotectina fecal, una sustancia presente en las heces que puede indicar inflamación intestinal cuando aumenta.
Con ese indicador identificaron a quienes reunían las características definidas como pre-IBD. Entre los 49 pacientes con síndrome de intestino irritable, el equipo identificó a 19 con ese estado.
Según el comunicado de UC Davis Health, los participantes que combinaban una dieta rica en grasas con el uso reciente de antibióticos tuvieron una probabilidad 8,6 veces mayor de presentar pre-IBD que quienes consumían menos grasas y no tenían antecedentes recientes de esos medicamentos.

El análisis también encontró asociaciones por separado. Las personas con mayor consumo de grasas tuvieron una probabilidad 2,8 veces superior de presentar pre-IBD que aquellas con la menor ingesta.
En tanto, el antecedente reciente de antibióticos se vinculó con una probabilidad 3,9 veces mayor. Estas cifras no permiten establecer con certeza cuánto aporta cada factor fuera de las condiciones de la muestra estudiada.
Andreas Bäumler, profesor de microbiología médica e inmunología de UC Davis y autor principal del trabajo, señaló que el riesgo más alto se observó entre quienes reunían ambos antecedentes.
Según el comunicado, el investigador indicó que el estudio permitió analizar de qué manera distintos factores del ambiente pueden actuar en conjunto sobre esta condición.

Las células del colon ayudan a regular el oxígeno en el intestino
Para entender cómo podía producirse esa asociación, el equipo estudió ratones y analizó las células que cubren el interior del intestino. Encontró que la dieta rica en grasas y los antibióticos afectaban el funcionamiento de las mitocondrias de esas células.
En el colon, las mitocondrias consumen oxígeno mientras producen energía. Cuando ese consumo disminuye, una mayor cantidad de oxígeno puede llegar al interior del intestino. Este cambio es importante porque muchas bacterias del intestino grueso se desarrollan mejor en ambientes donde la presencia de este gas es reducida.

Una mayor presencia de oxígeno puede modificar qué microorganismos predominan. Ese cambio se conoce como disbiosis, un desequilibrio en la comunidad habitual de microorganismos del intestino.
La hipótesis del trabajo es que esa modificación del ambiente intestinal puede favorecer la inflamación de la mucosa, la capa que recubre el interior del intestino.

La mesalazina se evaluó como una posible línea de investigación
El equipo también analizó la mesalazina, un medicamento que el estudio denomina 5-aminosalicilato. De acuerdo con el comunicado de UC Davis Health, el fármaco puede reactivar la actividad de las mitocondrias en el revestimiento intestinal.
Por ese motivo, los autores la consideraron una posible línea de investigación para el estado que definieron como pre-IBD.
El trabajo no plantea que las personas con síndrome de intestino irritable deban usar mesalazina a partir de este hallazgo. Tampoco establece un tratamiento para prevenir la enfermedad inflamatoria intestinal.
Para conocer si el medicamento puede resultar útil en este contexto, se necesitan investigaciones específicas con pacientes.

Jee-Yon Lee, investigadora postdoctoral de UC Davis y primera autora del estudio, sostuvo que los resultados subrayaban la importancia de evitar los alimentos con alto contenido de grasas y el uso indebido de antibióticos, según el comunicado de prensa.
Esa observación se refiere al uso inapropiado de esos medicamentos y no reemplaza la indicación de un profesional de salud cuando son necesarios.
Fuente: Infobae — Ver noticia original