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A solas con el Padre Paco: cómo luchar cuando “falta el pan y el azúcar”, los pibes que no ven futuro y por qué Francisco tiene un “digno sucesor”

Entrevista a Paco Olveira. Habló en Merlo sobre el hambre en los barrios, el narco, el avance evangélico y qué espera de la visita del Papa.
A solas con el Padre Paco: cómo luchar cuando "falta el pan y el azúcar", los pibes que no ven futuro y por qué Francisco tiene un "digno sucesor"

Alertado por un grupo de niños, Paco va al rescate de un gato raquítico atrapado dentro de un automóvil destrozado que yace en la vereda, lo toma con sus manos y promete recuperarlo ante su mini hinchada. La misión fue completada frente a una cancha de barrio que pide una buena cortada de pasto y a metros de la Casa Padre Mugica del barrio Libertad, en Merlo. Nacido en Málaga e integrante del grupo Curas en Opción por los Pobres, Francisco Olveira es una de las referencias más combativas de la Iglesia y una voz en cada protesta social.

En esa cuadra conviven el comedor, la capilla y el centro de rehabilitación de adicciones, compartiendo paredes con una urgencia que no da tregua. Allí, mientras se desarrolla una jornada de salud para los vecinos del barrio, el sacerdote habla con El Destape describe el presente de los barrios sin rodeos: “La situación es catastrófica, no tengo otra palabra”.

Y en este escenario crítico, considera que la llegada del Papa representa una oportunidad de acompañamiento y esperanza para los sectores populares, golpeados por el deterioro de sus condiciones de vida. Para él, León “no va a poder hablar de otra cosa que de la justicia social”.

Paco, presiente que la visita tendrá una dimensión tanto espiritual como política, en un contexto en el que la discusión sobre la desigualdad y el destino de los bienes adquiere especial relevancia por la ofensiva libertaria. Sin embargo, advirtió que el impacto concreto de su presencia dependerá de la capacidad de la sociedad para transformar ese mensaje en acciones colectivas.

Sin rodeos, Olveira expresó la penuria económica que ve a diario, ponderó sin nostalgia el legado del papa Francisco y remarcó el valor de la continuidad de León. También, alertó por el debate territorial ante el avance de los templos evangélicos conservadores y puso el ojo sobre el rompimiento de la cultural laboral por el avance del narcotráfico.

“Es imposible responder a tantas necesidades si el Estado no está presente”

Para Paco la Iglesia “siempre tiene un rol social”, con Cáritas como su mano más visible, pero ese trabajo no alcanza si no va acompañado de una apuesta por “el cambio en las estructuras”. En su comunidad, explica, intentan sostener las dos cosas a la vez, aunque el contexto los obliga a “redoblar esfuerzos”. “Te da mucha impotencia porque es imposible, por más que hagamos, poder responder a tantas necesidades si el Estado no está presente”, afirma.

El reclamo tiene números concretos. Según Olveira, los comedores reciben 763 pesos por día por persona para alimentar a la gente, una cifra que contrasta con los precios del barrio: “El kilo de pan está casi tres mil pesos, una latita de tomate está mil mangos“. La tarea de consumar la comida para todos “es imposible”. “Si querés dar fideos nomás, sí, pero eso no es alimentar a la gente”, recalca Paco. Por eso anunció una movilización frente al Ministerio de Capital Humano, un nombre que se niega a usar: “Yo le sigo llamando Desarrollo Humano. Llamar a los hombres, a las mujeres ‘capital’, a mí la verdad no me sale”.

Para graficar la crisis, el sacerdote recurre a su celular y cuenta que la semana anterior una vecina le escribió: “Padre, ¿usted me podría comprar dos kilos de pan y un kilo de azúcar para que mis hijos puedan comer?, porque llevamos días sin comer“. La comida de esos chicos, detalló, iba a ser un mate cocido con pan.

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Aún así, el derrumbe alimentario es negado sistemáticamente por el Gobierno. La pobreza presenta una brecha significativa entre las estadísticas oficiales y las mediciones alternativas. Mientras que el INDEC ubicó el indicador en el 32,3% durante el primer semestre de 2026, un cálculo de la consultora Equilibra estima que alcanza casi el 45%, es decir, 12,7 puntos porcentuales más. De acuerdo con esta última medición, casi uno de cada dos argentinos sería pobre y el nivel ya superaría al registrado al inicio del gobierno de Javier Milei.

La falta del Estado también golpea a la salud. “Antes vos te enfermabas, ibas al centro de salud y con el plan Remediar tenías el remedio para curar a tu hijo. Hoy de 126 remedios quedan seis”, detalla. A eso sumó el peso de las deudas: vecinos que perdieron su casa, que debieron irse del barrio o que vieron cómo “el fondo del terreno el transa se lo sacó y ahí construye para alquilar”. Olveira relató casos recientes de suicidio en el barrio, que atribuyó a la desesperación económica.

El narco, las deudas y los pibes sin futuro

“Muchos de nuestros pibes no ven ningún tipo de futuro. No ven que la escuela les dé un futuro, no ven que puedan tener un día un trabajo”, advirtió. La comparación que planteó es casi matemática: un “soldadito” del narco puede ganar 150.000 pesos por día, mientras que un albañil que viaja dos horas lleva “70.000 pesos a la casa si tiene la changa, porque si no la tiene, no trae nada”.

Ese circuito está directamente vinculado al endeudamiento de las familias, hoy intervenido por los gurúes tecnológicos y avivado por la carencia de ordenadores mínimos de la vida. Primero llegan las fintech, “que te hinchan, pero no te rompen una pierna”; después, los prestamistas del barrio. “Cuando la persona se endeuda con el usurero, ese dinero viene del narco. O es el transa o es una persona que trabaja para ese transa”, explica. Y Su conclusión es tajante: “Cuando vos tenés trabajo y un sueldo digno, se organiza de otra manera tu casa, tu barrio. Cuando no hay nada de eso, avanza el que tiene el poder”.

El legado de Francisco y el choque con el Gobierno

Olveira considera que Jorge Bergoglio “hizo un cambio muy grande”, que a su juicio “lo tomaron más afuera de la Iglesia que dentro de la propia Iglesia”. Una de sus huellas, señala, es un episcopado “mucho más pueblo, más compañero” y, por eso, “mucho más sensible a las cuestiones sociales”.

Como ejemplo mencionó a Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina: “Se sabe poco, pero él era de nuestro grupo”. También nombró a Gustavo Carrara, “un cura villero que hoy está en La Plata como arzobispo”.

Qué sucede con la Iglesia ante el avance evangélico: “Es difícil laburar juntos”

Sobre el crecimiento de iglesias evangélicas en los barrios a lo largo de los últimos años, el sacerdote aclara su postura antes de remarcar su disidencia: “A mí me da igual si la otra persona es evangélica, musulmana, judía o atea, mientras caminemos hacia un mismo lugar” y se trabaje “por la justicia social”. El problema, aparece con iglesias “muy conservadoras” que, según su mirada, “tienen muchas características de sectas” y que dividen entre los fieles y los “mundanos”. Y resumió: “Con vos no me puedo juntar. Es difícil laburar juntos“.

En el asentamiento donde vive, contó, funciona una iglesia llamada Campo de Batalla. “Con ese nombre nomás, vos vas diciendo: ‘A ver, ¿con quién estás peleando?'”, ironizó. Olveira enmarcó el fenómeno en el llamado Informe Rockefeller, que según su lectura instó desde fines de los años 60 a promover nuevas iglesias en América Latina para contrarrestar a las iglesias históricas “unidas a las luchas de liberación”. Reconoció que muchas de esas congregaciones hacen trabajo asistencial, pero insistió: “Eso no basta. Al trabajo asistencial le tenés que poner también un pensamiento“.

Contra la teología de la prosperidad

Para Olveira, el cristianismo “tiene que decir una palabra en un continente que se supone cristiano”. Y explicó el matiz: “Si Jesús dijo ‘yo vengo a anunciar buenas noticias a los pobres’, la única buena noticia que entiendo para un pobre es dejar de serlo. Y si América Latina está llena de pobres, entonces el mensaje cristiano no pegó”.

Su crítica apunta a la teología de la prosperidad, la idea de que “a mí me va a ir bien porque soy de Dios”, que asoció con el individualismo. Frente a eso, propuso “la teología del servicio” y una fe “comunitaria”, y lo resumió en una frase: “Dios no es meritocrático, no mira desde tus méritos, mira desde tu necesidad. No prefiere a los empobrecidos porque sean más buenos, sino porque tienen pisoteada su dignidad”.

Qué espera de la visita de León XIV

A horas de la llegada del Papa al país, Olveira asevera que su presencia “sí es importante” para “la inmensa mayoría de la gente de nuestros barrios, sea católica o no”. Y anticipa el eje del mensaje: “No va a poder hablar de otra cosa que de la justicia social”.

Lo fundamentó en el nombre elegido por Robert Prevost, continuador de León XIII, iniciador de la doctrina social de la Iglesia, y en uno de sus pilares: “Antes que la propiedad privada está el destino universal de los bienes, ahora que nos hablan tanto de la inviolabilidad de la propiedad privada”.

Para el cura, la visita será “como un aliento en un momento en que se está muy mal”. Aunque no se ilusiona de más: “Si eso después nos va a ayudar a que nos juntemos más y a seguir transformando las cosas, no lo sé, pero ojalá que sea así”.

Para él, Francisco “tiene un digno sucesor”. Aunque marca distancia con la estructura vaticana: “No debería existir un papa que sea un jefe de Estado”. Y dejó claro que su compromiso no depende de Roma: “Hoy con León seguimos, pero si viene otro que después no lo diga, nosotros lo vamos a seguir diciendo”.

Sobre el futuro y las urgencias de sus hermanos, como él los define, Olveira recurrie a la teología de la liberación: “Seguir bajando a los pobres de la cruz, seguir estando al lado de los nuevos crucificados de la historia”.

Pero enseguida baja la respuesta a lo cotidiano. “Lo que quiere nuestro pueblo es poder hacer de vez en cuando un asadito con su familia un domingo, que su hijo pueda ir a una escuela donde no haya paros porque se le paga bien a los maestros, que sus hijos coman dignamente en su propia casa y no tengan que venir a un comedor”.

“Los ricos eligen entre si me voy de viaje a Miami o a París. Acá son cosas más sencillas: tierra, techo, trabajo”, subraya. Y deja un mensaje para quien aspire a gobernar: “Busquemos de vuelta que nuestro pueblo sencillamente pueda ser feliz con las cosas sencillas de cada día, tan indispensables, pero que hoy no las tenemos“.

Fuente: El Destape — Ver noticia original