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De Alicia en el País de las Maravillas a las aulas: la mendocina que usa la literatura para hablar de bullying

Con una propuesta teatral, Antonella Gioacchini invita a los estudiantes a reflexionar sobre la soledad, los prejuicios y la importancia de construir vínculos más empáticos.
De Alicia en el País de las Maravillas a las aulas: la mendocina que usa la literatura para hablar de bullying

Antonella Gioacchini encontró en un personaje de la literatura universal una forma de hablar con los adolescentes sobre el bullying, la soledad y la sensación de no encajar. Su Alicia tiene algo de la protagonista de Lewis Carroll, pero también mucho de Mendoza: recorre sus paisajes, llega a las escuelas y propone conversaciones sobre experiencias que no siempre son fáciles de contar.

La primera imagen fue la de Alicia en una bodega mendocina. Mientras escribía una colección de cuentos, Antonella imaginó qué pasaría si la protagonista de Lewis Carroll abandonara los escenarios fantásticos que todos conocen para recorrer los lugares de su provincia. Así nació Alicia en Mendoza, una historia que le permitió acercar el personaje a su propio mundo.

A Antonella siempre le atrajo esa Alicia curiosa, inquieta, que pregunta y que no tiene miedo de decir cuando algo no tiene sentido. También reconoce en ella algunas de sus propias formas de mirar y relacionarse con los demás. Entre todos los personajes de su colección, fue la primera que imaginó sobre un escenario. Y la conexión con Mendoza terminó de hacerla propia. “Es más mendocina que muchos de nosotros”, dice.

Una Alicia que llegó a las escuelas

Alicia empezó a ocupar un lugar cada vez más importante en el universo de Antonella. Entre sus preguntas, su curiosidad y esa manera de enfrentarse a lo que no entiende, la autora encontró un personaje con el que podía explorar temas que iban más allá de la aventura. La posibilidad de que esa historia también dialogara con experiencias reales apareció en otro ámbito: las escuelas.

En 2018, Antonella comenzó a trabajar con adolescentes y encontró en la literatura una forma de acercarse a ellos. “Así surgió Alicia va a tu escuela, una propuesta que llevaba al personaje al encuentro con los estudiantes y abría un espacio para hablar de aquello que no siempre resulta fácil contar”, recuerda.

Y suma: “Alicia no habla como una especialista, habla como una piba que también se sintió rara, que también tuvo miedo de no encajar”. Desde ese lugar, podía acercarse a los chicos sin presentarse como alguien que tenía todas las respuestas. La ficción funcionaba como un punto de partida para que ellos pudieran reconocerse en la historia y compartir sus propias experiencias.

Con el tiempo, Antonella quiso explorar otra manera de contarla. Aunque no era actriz ni tenía formación teatral, se animó a adaptar la historia para llevarla al escenario. Así, Alicia encontró una nueva forma de acercarse al público y seguir abriendo conversaciones.

Cuando Alicia habla de bullying

La idea de llevar a Alicia al mundo del bullying surgió a partir de una conversación. En febrero, durante unas jornadas de desarrollo profesional docente, se abordó el acoso escolar y Victoria, directora de una escuela de Luján de Cuyo, le propuso a Antonella pensar una actividad con el personaje. Su respuesta fue inmediata: “Armo algo”.

Así nació Alicia en el mundo del bullying, una intervención artística que recupera la historia de la protagonista para hablar de situaciones que atraviesan muchos adolescentes. La protagonista cuenta lo que vivió, cómo se sintió cuando la hicieron sentir diferente y qué le pasó al intentar encontrar su lugar. En vez de empezar con definiciones o explicaciones, la propuesta invita a escucharla.

“Para mí es clave que sea ficción, porque la ficción baja las defensas. Cuando les digo ‘a Alicia le hicieron esto’, no se sienten expuestos. Pueden hablar de ella y, sin darse cuenta, están hablando de ellos”, expresa.

Sin embargo, aclara que con esto no busca decirles a los estudiantes qué tienen que pensar, sino invitarlos a mirar sus propias actitudes, “si alguna vez se sintieron apartados, pero también si alguna vez hicieron sentir así a otra persona”. Quien quiera contar algo puede hacerlo; nadie está obligado a compartir una experiencia personal frente al grupo.

El encuentro termina con una propuesta que les da a los chicos otra manera de expresarse: el buzón de las palabras que sanan. Y explica: “Allí pueden dejar mensajes anónimos con aquello que les hubiera gustado escuchar en un momento difícil, contar algo que les pasó o escribirle a alguien a quien necesitan pedirle perdón”.

En los papeles aparecen frases como “Me siento solo”, “Me han excluido de los grupos muchas veces” o “Perdón por…“. Son mensajes breves, pero detrás de cada uno hay algo que alguien necesitaba decir y que quizás no encontraba cómo expresar en voz alta. El buzón ofrece ese espacio: sin la obligación de hablar frente a los demás, cada estudiante puede encontrar sus propias palabras.

Antonella recuerda especialmente una visita a Guaymallén, donde se encontró con un grupo de segundo año que, al principio, parecía no tener ganas de participar. “Estaban todos cruzados de brazos”, cuenta. Pero, cuando abrió el buzón, encontró un mensaje que la marcó: “Gracias por venir, hoy no me quería levantar para venir a la escuela”.

Aquella frase le dejó una certeza sobre el alcance de la propuesta. “A veces Alicia no va a cambiar una conducta, pero sí puede sostener un día difícil”, reflexiona. No siempre se trata de resolver un conflicto o conseguir una respuesta inmediata; a veces, el encuentro alcanza para que alguien se sienta escuchado en un momento en el que lo necesita.

Las palabras que quedan después del encuentro

Para Antonella, todos los escenarios que camina son momentos que muestran cuánto puede movilizar una ficción cuando conecta con algo que los chicos están atravesando.

Pero el trabajo no termina cuando Alicia se va. Antonella entrega los mensajes anónimos del buzón a los equipos directivos y de orientación para que puedan retomarlos y trabajar sobre lo que surgió durante la actividad. Algunas escuelas continúan la tarea en espacios de tutoría y convivencia. “Alicia abre, la escuela tiene que sostener”, resume.

Esa continuidad también implica prestar atención a situaciones que los adultos suelen minimizar: quedarse afuera de un grupo, no tener con quién sentarse en el recreo o ser objeto de burlas. Por eso, Antonella propone ir más allá del habitual “¿cómo te fue en la prueba?” y preguntar también “¿con quién te sentaste en el recreo?”.

No espera que una obra resuelva por sí sola el bullying. Busca que algo de lo que Alicia cuenta permanezca después del encuentro: que alguien se anime a hablar, que otro deje de reírse de una burla o que un compañero advierta que alguien está solo. Desde una bodega mendocina hasta las aulas, el personaje encontró una forma de acercarse a los adolescentes y abrir conversaciones que, de otro modo, quizás nunca empezarían.

Fuente: TN — Ver noticia original