
Hoy, sábado 7 de noviembre, se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Merlot. Y si hay una uva a la que le viene bien que la celebren, es a esta variedad. Porque es una de las más nobles del mundo y, a la vez, una de las más maltratadas. No por sus características, sino por cuestiones de mercado.
Fue el vino tinto más consumido del planeta, el preferido de quienes recién se acercaban al vino, y en poco tiempo pasó a ser el más polémico. Sin embargo, nunca perdió su estirpe y, en la Argentina, aunque se planta cada vez menos, se elabora cada vez mejor.
Merlot viene de “merle”, que en francés significa mirlo, un pájaro negro, seguramente por el color oscuro de sus uvas. Es oriunda de Burdeos y la primera mención escrita data de 1784, cuando un funcionario local la calificó como una de las mejores uvas de la zona.
Mucho más tarde, los estudios de ADN confirmaron lo que su carácter ya insinuaba: el Merlot es hijo del Cabernet Franc y medio hermano del Cabernet Sauvignon, del Carménère y también del Malbec. Es decir, una familia bordelesa de pura cepa.

Lo que muchos no saben es que, en Burdeos, la uva más plantada no es la Cabernet Sauvignon, sino la Merlot. Casi dos de cada tres plantas tintas de la región corresponden a esta variedad. En la margen izquierda, en el Médoc, manda el Cabernet y el Merlot aporta suavidad. Pero en la margen derecha, en Pomerol y Saint-Émilion, el Merlot es el rey, casi siempre junto al Cabernet Franc. Allí nace Petrus, casi todo Merlot, uno de los vinos más caros y buscados del mundo.
En Italia, en Bolgheri, Toscana, se elabora Masseto, otro de los grandes Merlot del planeta. Por eso, su potencial está fuera de discusión.
Gracias a su suavidad y capacidad de adaptación, se convirtió en una de las uvas más plantadas del mundo: suma más de 260.000 hectáreas y es la segunda tinta más vinificada, detrás del Cabernet Sauvignon.
Francia concentra la mayor parte, pero también está muy presente en Italia, Estados Unidos, Chile, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Israel, Brasil y Sudáfrica, entre otros países. Fuera de Burdeos, algunos de sus mejores exponentes nacen en Walla Walla, estado de Washington; Hawke’s Bay, Nueva Zelanda; y la Toscana.
Víctima de su propio éxito

Pero esa fama le jugó en contra. En 1991, el programa de televisión estadounidense 60 Minutes habló de la “paradoja francesa”: los franceses comían con grasa, pero tenían menos problemas cardíacos gracias al vino tinto. Las ventas de Merlot explotaron en Estados Unidos porque era un tinto fácil, amable y menos complicado que el Cabernet Sauvignon. Como madura rápido, se creyó que se lo podía multiplicar sin límites. Así, durante los 90, las góndolas se llenaron de Merlot económicos, sobremaduros, con mucha madera y todos iguales. Un “vino fotocopia”, como decía Miguel Brascó.
En 2004 llegó el golpe de nocaut con la película Sideways: Entre copas, que tenía como protagonista a Miles, un fanático del Pinot Noir que amenazaba con irse si alguien pedía Merlot. El mercado estadounidense, principal destino de los vinos importados, le dio la espalda y todos los Merlot del mundo debieron recalcular su destino. Miles de hectáreas fueron injertadas con variedades más comerciales y, en la Argentina, el reemplazo más elegido fue, obviamente, el Malbec.
Lo más irónico es que el gran tesoro que Miles guardaba, su vino soñado, era un Cheval Blanc 1961, un blend de Cabernet Franc y Merlot. Es decir, el problema nunca fue la uva, sino lo que hicieron con ella.

Llegó al país a mediados del siglo XIX, de la mano de Michel Aimé Pouget, junto con el Malbec, el Cabernet Sauvignon y las demás variedades francesas que hicieron posible este presente vitivinícola. Siempre estuvo presente en los cortes bordeleses, porque los grandes vinos argentinos del siglo XX se hacían a imagen y semejanza de los de Burdeos. Muchos recurrían a su suavidad para darle elegancia al Cabernet Sauvignon, pero solo unos pocos se animaron a elaborarlo como varietal.
Los números reflejan el impacto de las modas: en 2008, la superficie de Merlot había llegado a 7.212 hectáreas. Hoy, según el último informe del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), quedan 4.465, apenas el 2,2% del viñedo nacional. En la última década se perdió casi una cuarta parte.
Las ventas acompañaron esa tendencia: entre 2014 y 2023 cayeron un 52%, al sumar el mercado interno y las exportaciones. Sin embargo, el Merlot argentino sigue presente en mercados como Países Bajos, Brasil, México, Reino Unido y Estados Unidos. Más del 90% se exporta embotellado, una señal de que se vende con marca y valor agregado.
Mendoza concentra el 79% de los viñedos, unas 3.500 hectáreas, y más de un tercio está en el Valle de Uco. Le siguen San Juan y la Patagonia, con unas 400 hectáreas entre Neuquén y Río Negro. También hay pequeños viñedos en La Rioja, Catamarca y Salta.

Pero, más allá de la superficie, lo interesante es dónde se luce. En el Valle de Uco, por la altura y la frescura, el Merlot se siente muy cómodo. En Luján de Cuyo, sobre todo en Agrelo, nacen algunos de los exponentes más clásicos del país.
En la Patagonia siempre fue considerada una cepa emblema, porque el clima fresco, la luminosidad, las noches frías y el viento le permiten madurar lentamente y conservar su acidez natural.
Allí están Humberto Canale, que nunca bajó los brazos con el Merlot, e Infinitus, de Fabre Montmayou, que se elabora desde 1999, además de los Merlot de San Patricio del Chañar, en Neuquén. También hay otros lugares que sorprenden con sus propias etiquetas.

En Valle Azul, Río Negro, el Merlot es protagonista de uno de los vinos argentinos más caros de la historia. En Chubut, Otronia elabora el Merlot más austral del mundo y, en las demás regiones de la provincia, se perfila como una de las variedades más destacadas, con exponentes en sus cuatro macrorregiones: la Patagonia Andina, al noreste de la provincia, donde están el valle de Trevelín y la zona de la Comarca Andina —Lago Puelo, El Hoyo, El Maitén y El Bolsón, este último en Río Negro—; el valle del río Chubut, desde Gualjaina hasta Rawson; la depresión de Sarmiento, en plena estepa patagónica; y, por último, los viñedos atlánticos.
También se luce en el norte del país, en Chañar Punco, Catamarca, a más de 2.000 metros de altura, en los Altos Valles Calchaquíes, donde el viento constante engrosa las pieles de las uvas y da Merlot con fuerza y fineza. Por eso, más que una uva en retirada, es una variedad que todavía tiene mucho para entregar.
Cómo es el Merlot

Como uva, madura temprano, tiene la piel más fina y es más suave y carnosa que el Cabernet Sauvignon. Por eso siempre fue su compañero ideal: el Cabernet es más tánico y madura más tarde. Pero es una variedad fisiológicamente difícil, porque no le gusta el calor. A más de 30 grados, cierra sus estomas, deja de hacer fotosíntesis y su maduración se complica. Prefiere los climas frescos y los suelos arcillosos, como los de Pomerol, aunque en los calcáreos desarrolla notas más perfumadas y, en los arenosos, da vinos más suaves.
Además, es sensible a las heladas primaverales y a las enfermedades asociadas a la humedad, y exige mucho cuidado con el riego.
Como vino, suele ubicarse en el medio del espectro, con niveles medios de alcohol, acidez y taninos. Ofrece aromas de frutas rojas y negras, como ciruelas, moras y cerezas, combinadas con notas herbales y especiadas, típicas de la variedad. Su gran virtud es la textura: más sedosa y suave en boca que la de un Cabernet. En la Argentina, con el sol del desierto, llega con facilidad a los 14 o 14,5 grados de alcohol, con menos taninos verdes, más fruta y notas balsámicas.

Básicamente, hay dos estilos. Por un lado, el internacional, de cosecha tardía, más maduro, con más alcohol y madera, taninos aterciopelados y fruta intensa. Por otro, el clásico de Burdeos, de cosecha más temprana, cuerpo medio, frescura, frutas rojas y esas notas de hojas que lo distinguen.
Hoy, la tendencia en la Argentina va hacia el segundo. Se lo cosecha antes, se protegen más los racimos del sol con las hojas, se usa menos madera y se busca más fruta, frescura e identidad de lugar. Incluso, hay quienes lo crían en roble americano para potenciar sus aromas herbales o lo eligen como protagonista de grandes blends. Ya aparece en la alta gama, en vinos de parcela y en viñas viejas que sobrevivieron a las modas.
Su nuevo desafío es el cambio climático: como no le gusta el calor, busca lugares cada vez más frescos, y eso abre nuevas fronteras.

La versatilidad es otra de sus grandes virtudes, porque sus taninos amables y su frescura le permiten acompañar una amplia variedad de platos. Los Merlot jóvenes y frutados, servidos algo refrescados, entre 14 y 16 grados, son ideales para la mesa de todos los días: pastas con salsa de tomate, ravioles con tuco, pizzas, empanadas de carne, milanesas, pollo al horno o una bondiola de cerdo. Y con una tabla de fiambres y quesos semiduros, también se lucen.
Los de mayor cuerpo y crianza, que se disfrutan mejor entre 16 y 18 grados, piden platos más intensos. Con un asado se llevan muy bien, sobre todo con cortes más jugosos, como el vacío o la entraña, y también con un ojo de bife a la parrilla. Los Merlot patagónicos son perfectos para el cordero, mientras que los guisos, el osobuco, el carré de cerdo y los platos con hongos, como un risotto o unos ñoquis con crema de hongos, realzan su costado terroso y especiado.
Si se trata de un gran Merlot con algunos años de guarda, nada mejor que unos quesos duros y estacionados para acompañarlo después de la comida.
Al final, el Merlot es de esos vinos que hablan en voz baja, pero tienen mucho para decir. No es el más intenso ni el más impactante, pero, cuando encuentra su lugar y está bien hecho, da tintos elegantes, de trago amable y gran sentido gastronómico. Las modas pasan, pero los buenos vinos quedan.
10 Merlot para celebrar su día internacional

- Fabre Montmayou Reserva Merlot 2024
Fabre Montmayou, Mendoza, Luján de Cuyo $15.750
La nobleza del Merlot se aprecia en este tinto, que sigue siendo de los pocos exponentes varietales que se mantienen consistentes con el paso de las cosechas. Sus aromas vegetales revelan su tipicidad, con buena frescura y fluidez, y sus expresiones van más por el lado del clasicismo. De final equilibrado y taninos dóciles.
- Casa Boher Merlot 2021
Rosell Boher, Mendoza, Valle de Uco, Los Árboles $18.000
El enólogo Alejandro “Pepe” Martínez Rosell fue uno de los pocos que nunca cedió ante la moda, manteniendo este Merlot vigente cosecha tras cosecha desde 2002. En sus aromas se advierten dejos de madurez y notas de crianza, bien combinadas con toques vegetales y de frutas negras. Su trago es mordiente fino, con especias que hablan de su tipicidad.

- Ereditá Merlot 2021
Clos de Chacras, Mendoza, Luján de Cuyo, Chacras de Coria $20.000
Esta bodega queda a solo diez minutos de la ciudad de Mendoza, y además de ser linda para visitar, tiene un muy buen restaurante, donde este Merlot es uno de los vinos más pedidos. De aromas expresivos, con un carácter vegetal fresco y frutas maduras. Su paladar es franco, con taninos incipientes, ideal para la mesa.
- Rosé S’il Vous Plaît Merlot 2025
Pulenta Estate, Mendoza, Luján de Cuyo $24.500
Es de los pocos rosados elaborados íntegramente con Merlot, y explora otra expresión de la variedad. Cosecha temprana, prensado directo de los racimos y nada de madera, en busca de frescura y fruta. De delicado color rosa pétalo, con aromas a moras y guindas silvestres, y notas florales. Su acidez equilibrada prolonga la frescura en boca. Ideal para platos livianos y almuerzos al aire libre.

- Legado Merlot 2024
Los Bisole, Mendoza, Valle de Uco, La Consulta $33.000
Sebastián Bisole reparte su tiempo entre sus proyectos personales, sus asesorías y su emprendimiento familiar, de donde surge este Merlot nuevo, de viñedos en parral, vinificado todo en tanque y sin madera. Hay un carácter maduro, con notas de frutas rojas y dejos especiados, que hablan de la variedad sin maquillaje. Con buena fluidez y un final persistente.
- Terruño de Caldera Merlot 2025
Viñas de Huancahe, Gualjaina, Chubut $40.000
Un Merlot joven y expresivo, que muestra la fuerza de la variedad sin perder el equilibrio. Sus aromas remiten a frutas negras maduras, y en boca se siente vivaz, con buen cuerpo y una acidez bien integrada que le aporta frescura a cada trago. Un tinto de carácter franco, ideal para disfrutar ahora y que refleja muy bien el potencial de la variedad en la zona.

- Primogénito Sangre Azul Merlot 2022
Patritti, Neuquén, San Patricio del Chañar y La Pampa, 25 de Mayo $42.000
Elaborado con uvas de San Patricio del Chañar y de 25 de Mayo, a ambos lados del río Colorado, este Merlot patagónico se muestra maduro y expresivo. Sus aromas son equilibrados, algo cálidos, con buena fruta madura y dejos especiados, y la madera bien integrada. En boca es envolvente y de buen cuerpo, con el carácter amable de la variedad.
- Antucura Grand Vin 2022
Antucura Viñedos y Bodega, Mendoza, Valle de Uco, Vista Flores $46.000
La historia de este blend inspirado en Burdeos, a base de Merlot, con Cabernet Sauvignon y Malbec, comenzó con la cosecha 2003, y lo más interesante es que sigue manteniendo su estirpe. Sus aromas se perciben delicados e integrados, y en boca despliega la frescura típica del lugar. De buen cuerpo y taninos finos, con una textura casi sedosa y un final complejo.

- Humberto Canale Gran Reserva Merlot 2022
Humberto Canale, Río Negro, Alto Valle $48.000
Esta bodega nunca dejó de elaborarlo y, por suerte, sigue siendo una referencia cuando se habla de Merlot argentino. En este vino no solo habla el lugar, con sus viñedos antiguos, sino también su interpretación. Delicado en nariz y en boca, con taninos suaves y un paladar expresivo, apoyado en las frutas maduras y las especias, y un final levemente ahumado por la crianza.
- Apartado Rutini Gran Merlot 2021
Rutini Wines, Mendoza, Valle de Uco, Tupungato $132.000
Aunque se trata de una de las bodegas más tradicionales del país y de una línea icónica, este Merlot es nuevo. Todos conocen la predilección de Mariano Di Paola por esta uva, y acá lo demuestra, aunque desde ahora será responsabilidad de Juan Pablo Murgia. De aromas equilibrados y expresivos, con frutas maduras, especias secas y dejos terrosos. Paladar franco y amplio, con taninos delicados.

- Bonus track: Pulenta Estate Merlot 2023
Finca La Zulema, en Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza $37.500
A 980 metros sobre el nivel del mar, los viñedos de esta variedad fueron plantados en 1992: una historia que permite acercarse al vínculo de la bodega con el Merlot.
La cosecha y la selección manual de racimos y granos preceden a una elaboración que incluye 12 meses de crianza en barricas de roble francés. En la copa aparecen cerezas, higos secos y especias, entre ellas un recuerdo a orégano. En boca es armonioso y suave, con un toque balsámico, estructura equilibrada y un final agradable.
Fuente: Infobae — Ver noticia original