
La disminución de la sensación de sed puede hacer que las personas mayores pasen varias horas sin beber lo necesario. El riesgo puede aumentar con el calor, la fiebre, los vómitos o la diarrea, pero también puede instalarse de forma gradual en la rutina diaria, cuando la bebida queda fuera de alcance o no existen horarios que la incorporen.
Con la edad, el organismo dispone de una reserva menor de agua y responde con menos precisión a la necesidad de reponer líquidos. La revisión sistemática publicada en Nutrients vincula el mayor riesgo de deshidratación en adultos mayores con cambios fisiológicos asociados a una sed menos intensa y a una menor capacidad renal para concentrar la orina.
El problema no se limita a la percepción corporal. Según explicó Mayo Clinic, enfermedades crónicas como la diabetes o la demencia, algunos medicamentos y las dificultades de movilidad pueden elevar el riesgo de deshidratación. La institución también advierte que las personas mayores no siempre sienten sed hasta que ya existe falta de líquidos.
Por eso, la hidratación diaria conviene abordarla como un hábito regular y no solo como respuesta a la sed. La prevención de la deshidratación adquiere relevancia en la rutina cotidiana, sobre todo cuando la movilidad, la memoria, una enfermedad transitoria o el calor dificultan una ingesta suficiente de líquidos.
La sed pierde intensidad y las reservas de agua son menores
La gerontóloga clínica Anne Vanderbilt señaló en un artículo de Cleveland Clinic que muchas personas de 65 años o más no consumen suficiente líquido. La especialista indicó que, en esta etapa, percibir sed puede ser ya un signo temprano de falta de hidratación, debido a que el organismo tiene menos agua corporal que en edades más jóvenes.
La misma fuente explica que los cambios en la función renal pueden dificultar la conservación de agua. A esto se suman situaciones que reducen el acceso autónomo a una bebida, como problemas de movilidad o deterioro cognitivo. La preocupación por la incontinencia también puede llevar a restringir el consumo de líquidos, aunque esa decisión no sustituye una evaluación médica de fondo.
Mayo Clinic enumera entre los signos que pueden acompañar la falta de líquidos la menor frecuencia al orinar, la orina oscura, el cansancio, los mareos y la confusión. La entidad sostiene que la deshidratación grave requiere atención médica inmediata y que algunos síntomas, como desorientación, incapacidad para retener líquidos o diarrea que persiste durante 24 horas, justifican una consulta profesional.

Los recordatorios y la elección de bebidas pueden ordenar la rutina diaria
Una intervención que no espera a la aparición de sed tiene mayor sentido en las personas mayores. La revisión publicada en Nutrients analizó 19 estudios sobre medidas para mejorar la hidratación en adultos mayores institucionalizados o con enfermedades agudas. Los autores hallaron que las estrategias conductuales, como los recordatorios verbales y una mayor disponibilidad o variedad de bebidas, mostraron resultados favorables, aunque subrayaron que la evidencia disponible sigue siendo limitada.
La British Dietetic Association recomienda ofrecer una bebida con las comidas y entre ellas, y aprovechar la toma de medicamentos como otro momento para ingerir líquidos. También aconseja elegir la temperatura y el tipo de bebida de acuerdo con las preferencias de cada persona, ya que la aceptación influye en la continuidad del hábito.
Según la entidad británica, las mujeres mayores pueden apuntar a 1,6 litros de líquidos diarios y los hombres a 2 litros, con un aumento durante el calor. Estas cantidades son referencias generales y deben adaptarse cuando existen enfermedades o tratamientos que exigen restricciones específicas de líquidos.
La British Dietetic Association señala que el agua no es la única alternativa. Leche, infusiones, café, jugos y otras bebidas pueden contribuir a la ingesta diaria, según las necesidades y preferencias individuales. En quienes se sacian con facilidad, repartir el consumo en porciones pequeñas durante la jornada puede resultar más adecuado que concentrarlo en vasos grandes.
El entorno puede facilitar el acceso a los líquidos

La prevención de la deshidratación en personas mayores también depende de elementos concretos del entorno. La guía del Departamento de Asuntos de los Veteranos de Estados Unidos sugiere mantener un vaso o una botella cerca de la cama o del lugar de descanso, usar recipientes grandes que sean fáciles de sostener y recurrir a alarmas o recordatorios de familiares.
El documento de la institución estadounidense incluye entre las opciones de hidratación el agua, las bebidas saborizadas sin calorías, la leche, las infusiones, el café, los caldos bajos en sodio y los licuados. Además, incorpora alimentos con alto contenido de agua, como sopas, sandía, frutos rojos, duraznos, tomate, pepino y calabacín.
La elección del recipiente también puede reducir barreras prácticas. La British Dietetic Association recomienda prestar atención al tamaño, el peso y la facilidad de agarre de vasos, tazas o jarros. Los recipientes transparentes pueden ayudar a identificar la bebida disponible, mientras que los momentos sociales pueden convertirse en otra oportunidad para incorporar líquidos.
Cuando hay tos o atragantamiento, o aparecen dificultades para tragar, la British Dietetic Association aconseja solicitar orientación de profesionales de salud. Las personas con insuficiencia cardíaca u otras condiciones que requieran control de líquidos deben mantener la pauta definida por su equipo médico antes de realizar cambios en su consumo diario.
Fuente: Infobae — Ver noticia original