La pobreza en la Argentina tiene hoy dos cifras. Según el INDEC, el 32,3% de las personas estuvo bajo la línea de pobreza en el primer semestre de 2026. Pero de acuerdo a una medición alternativa elaborada por Equilibra, que corrige los ingresos que los hogares no declaran y usa canastas de consumo más recientes, la pobreza roza el 45% y ya es superior a lo que Javier Milei recibió de la gestión de Alberto Fernández. La diferencia es de 12,7 puntos porcentuales: casi uno de cada dos argentinos sería pobre, y no uno de cada tres.
La contradicción: cuánto había bajado de verdad la pobreza
Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia.
La tabla muestra algo más que una diferencia de nivel. En el dato oficial, la pobreza saltó 4,1 puntos en un semestre. En la medición alternativa, subió solo 1,4 puntos. ¿Cómo pueden las dos series moverse tan distinto?.
La respuesta está en el punto de partida. En el segundo semestre de 2025, la serie oficial había llegado a su piso, 28,2%, tras cuatro semestres seguidos de baja. La medición alternativa, en cambio, ya estaba cerca del 43,6% en ese mismo período. La brecha entre ambas era de unos 15 puntos.
Leído así, el salto oficial de 2026 no muestra solo un deterioro nuevo. También muestra que la baja anterior había sido mucho menor de lo que indicaba el dato del INDEC. La medición corregida nunca había bajado tanto, así que ahora sube menos.
¿Por qué el dato oficial mide menos pobreza?
El INDEC usa el método de la línea de pobreza por ingresos. Compara lo que los hogares dicen ganar en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) con el valor de la Canasta Básica Total (CBT). Si el ingreso no alcanza, el hogar es pobre.
Ese método tiene dos puntos débiles, y son los que corrige la medición alternativa:
-
Subdeclaración de ingresos. En la encuesta, muchos hogares declaran menos de lo que ganan, sobre todo en ingresos informales y no laborales. Si la corrección los ajusta, la pobreza calculada cambia.
-
Canastas desactualizadas. La medición alternativa usa canastas basadas en los patrones de consumo de la ENGHo 2017/18, más recientes que los de la serie oficial. Con esos patrones, el costo de no ser pobre es más alto y la línea de pobreza sube.
El resultado es que más hogares quedan debajo de la línea. Por eso la estimación corregida se acerca a la mitad de la población.
MÁS INFO
Lo que sí coincide: las canastas le ganaron a la inflación
Las dos mediciones coinciden en que la pobreza subió, y en las causas. En el semestre, la Canasta Básica Alimentaria subió 21,6% y la CBT 19,8%, contra un IPC nacional de 16,8%. La inflación general se moderó, pero los bienes básicos subieron más.
Los ingresos fueron en la dirección contraria. Hasta el primer trimestre de 2026, la EPH mostraba caídas reales de 11,6% en cuentapropistas y 4,5% en asalariados formales, con una mejora de 3% en informales. El ingreso per cápita familiar cayó 4,5% real en el semestre.
El trasfondo político que complica la reelección de Javier Milei
Desde el retorno de la democracia en 1983, la historia económica y las urnas coinciden en un veredicto implacable: en Argentina, la continuidad de un mandatario en el poder está estrictamente atada a la mejora del bolsillo popular.
Solo Carlos Menem en 1995 y Cristina Fernández de Kirchner en 2011 lograron validar un segundo mandato consecutivo, apuntalados por ciclos donde los índices de pobreza mostraban un marcado y evidente descenso respecto a sus picos críticos.
En contraposición, el único antecedente de un presidente que intentó revalidar su cargo en medio de un deterioro social abierto y con la pobreza en pleno aumento fue Mauricio Macri en 2019, una aventura electoral que terminó con una paliza en primera vuelta y ratificó la máxima de que la crisis social es el límite definitivo para cualquier proyecto de reelección.