PUBLICIDAD
ARGENTINA Y EL MUNDO · INFORMACIÓN DESDE TODOS LOS ÁNGULOS
Dólar oficialCargando…Venta en pesos
Dólar tarjetaCargando…Venta en pesos
Dólar blueCargando…Venta en pesos
Dólar MEPCargando…Venta en pesos
Contado con liquiCargando…Venta en pesos
Cotizaciones de referencia · Fuente: DolarAPI
PUBLICIDAD
Tu marca
en este espacio
PUBLICIDAD
Tu marca
en este espacio

Solo Dios dura

Un año antes de la declaración de la independencia de Israel, en abril de 1947 –y en un ambiente de mucha discreción- se realizó, en Mont Pèlerin, al pie de los Alpes suizos, la primera reunión de un grupo de economistas e intelectuales liberales decididos a estudiar las maneras de enfrentar –o detener- los avances…
Solo Dios dura

Un año antes de la declaración de la independencia de Israel, en abril de 1947 –y en un ambiente de mucha discreción- se realizó, en Mont Pèlerin, al pie de los Alpes suizos, la primera reunión de un grupo de economistas e intelectuales liberales decididos a estudiar las maneras de enfrentar –o detener- los avances de las teorías keynesianas y la expansión del socialismo soviético. Hoy harto conocemos los nombres de algunos de los ahí convocados como Milton Friedman y Friederich von Hayek.

En nuestros días no es ningún secreto la influencia directa que las decisiones de Mont Pèlerin tuvieron en el estado de bienestar europeo así como en la llegada conjunta de las dictaduras de los años setenta y ochenta y el neoliberalismo que las sobrevivió. Su semilla, encapsulada pero latente durante periodos alternados en todo lo que el Imperio llama Hemisferio Occidental, ha estallado, se ha vuelto viral y se siente triunfante en su cínico desprejuicio, su desvaloración intencional del Otro, del Tú frente a nuestro Yo, del vecino acorralado, del acosado que migra buscando futuro, del pueblo indígena que lleva en la piel el color de su tierra. Han invadido los suelos, los cielos y las redes comunicacionales para desposeer al prójimo de su agua, de su alimento, de sus recursos, de la cultura de sus ancestros, de su territorio, de su derecho a la vida y a la integridad física y moral y hasta de la vida misma.

En estos ochenta años, al Este del mar mediterráneo, en la mera frontera oriental del Occidente, el Estado de Israel ha hecho su camino a la derechización sin prisa y sin pausa, con la siembra del desarrollo económico, científico, tecnológico, industrial, armamentístico y académico gracias al apoyo de Estados Unidos y la venia de Occidente. En ese andar de pretensiones bíblicas, supremacistas, de pueblo elegido con derechos a la expulsión y la limpieza étnica, se ha convertido en la esencia, en el numen trágico de las ultraderechas que lo acamalan.

Muchos de los miembros de Likud, partido de Bibi Netanyahu que acumula el mayor número de escaños, así como su actual ministro de seguridad, Itamar Ben Gvir, dirigente del partido de extrema derecha Poder Judío, son discípulos del rabino y racista Meir Kahane quien opinaba que la democracia occidental era incompatible en Israel; porque una democracia implica igualdad de derechos para todos independientemente de los orígenes raciales o religiosos decía… Abogaba por un Gran Israel cuyas fronteras se extendieran desde el norte del Sinaí hasta ambas orillas del Jordán, integrando partes del Reino de Jordania y del Líbano, Siria e Irak y llegara hasta las orillas del Éufrates… Cuando alguien le sugirió que eso significaría una guerra sin fin entre judíos y árabes, el rabino aseguró que habrá una guerra perpetua con los árabes con o sin Kahane…

Es como si un presidente de los Estados Unidos delirara con extender sus fronteras hacia el Canadá y la Groenlandia o con incorporar a su país toda la anchura del Golfo de México y rebautizar con su nombre el Océano Atlántico… así nomás… porque sí.

Los dos bloques que en las recientes elecciones de Israel han obtenido mayoría han coincidido, hasta ahora, en su rechazo a la creación de un Estado Palestino y se han negado a integrar a los 19 escaños logrados por los partidos árabes para formar gobierno, porque, en el fondo, piensan, como Kahane, que “ellos -los árabes palestinos- deben irse”. Como si en las ciudades de Estados Unidos cualquier mexicano que anduviera al descuido por la calle fuera detenido por portación de cara y deportado fuera del mundo wasp,.. después de que la gran democracia del norte les robara más de medio país en su expansión continental hacia el Pacífico y el río Bravo, cuando todavía mediaba el siglo XIX.

El mundo está hoy atento al Brasil de Lula que se sacudió la barbarie bolsonarista y, con alegría tropical y conciencia humanista, ostenta su soledad sudamericana ante los fieros gobiernos de derecha que lo rodean y observan su andar. La sonrisa tan cálida como irónica que ilumina el rostro migrante y musulmán del nuevo senador de Michigan reduce las chifladuras de Donald Trump y aquel, su asalto al Capitolio, a improperios chuscos de un viejo cachazudo e ignorante. Mientras tanto, el mundo no deja de escudriñar el futuro de esta, nuestra sociedad, al sur del cono sur, en la esperanza de que un programa de oposición progresista limpie los soretes, economierdas, mierdolinis y submandriles que el más sionista de sus presidentes regurgita cada día, entre los aplausos de su comparsa.

Mientras tanto, una pancarta de manifestantes progresistas en Tel Aviv –que han sido reprimidos por la policía- reza(ba): “Árabes y judíos, solo juntos ganaremos”.

Hace algunos años, había empezado a lloviznar en el Barrio Gótico de Barcelona y yo caminaba por sus callejuelas buscando donde comprar un paraguas. Por fin encontré un negocito de un paquistaní –la verdad es que no me acuerdo si en mi incontenible ambición chismosa conversamos sobre su origen o yo me lo estoy inventando- el caso es que el señor me entregó un pequeño paraguas plegable que costaba dos euros.

–¿Dos euros? –pregunté asombrada por tan poca plata- ¿Y dura?

El hombre me miró con paciencia islámica, levantó los brazos al cielo y me apostrofó:

–Señora, solo Dios dura…

Aquí abajo, en cambio, todo cambia. La Aldea Global se retuerce las manos, hace votos, se hace cruces, espera… vota… se espanta del monstruo que ha votado… y vuelve a votar. Es lo que hay.

Fuente: Página/12 — Ver noticia original