Técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Ceres (Santa Fe) detectaron la presencia de roya negra, la enfermedad causada por el hongo Puccinia helianthi, en un lote de girasol del centro norte de Santa Fe. La misma fue identificada en un cultivo del híbrido NK 3970, que se encontraba en estado fenológico R1, correspondiente al inicio de la etapa reproductiva.
El desarrollo de la roya negra del girasol depende de distintos factores, entre ellos la susceptibilidad del híbrido, el estado fenológico del cultivo y las condiciones de humedad y temperatura. Los ataques del hongo provocan la aparición de pústulas oscuras, principalmente sobre las hojas. De acuerdo con los especialistas del INTA, “identificar los primeros síntomas y evaluar su evolución permite definir con mayor precisión las medidas de manejo”.
Facundo Colombo, jefe del INTA Ceres, recomendó “recorrer los lotes con mayor frecuencia y prestar atención a la aparición de nuevas pústulas”. Asimismo, sugirió identificar el híbrido, registrar el estado fenológico del cultivo y observar cómo se distribuyen los síntomas en las plantas.
El técnico destacó la necesidad de estimar la severidad de la enfermedad en las hojas. “Esta acción posibilita seguir su evolución y contar con información para decidir si corresponde intervenir”, dijo. En caso de detectar síntomas, se debe consultar con un asesor técnico a fin de evaluar la necesidad y oportunidad de aplicar fungicidas, de acuerdo con los productos registrados y las recomendaciones vigentes.
Desde el INTA señalaron que el monitoreo sistemático de los lotes y la identificación temprana de los síntomas permiten ajustar las decisiones de manejo al estado del cultivo y al nivel de enfermedad, con el objetivo de preservar el potencial productivo del girasol.
Colombo explicó que “la decisión de aplicar fungicidas debe basarse en dos criterios: el estado fenológico del girasol y el nivel de enfermedad presente en el lote”. El especialista advirtió que el período comprendido entre botón floral (R1) e inicio de floración (R5.1) requiere especial atención, debido a que durante esta etapa el cultivo define buena parte de su potencial de rendimiento.
En ese momento, “las hojas cumplen una función fundamental en la generación de fotoasimilados”, explicaron los técnicos del INTA. Además, se debe tener en cuenta que, en esta campaña regida por el Niño y sus lluvias excesivas, las condiciones de humedad y temperaturas templadas pueden favorecer el desarrollo de la enfermedad, por lo que resulta importante conocer su distribución y severidad antes de decidir una intervención.
Como referencia técnica, los especialistas señalan que puede considerarse una aplicación de fungicidas cuando la severidad supera el 5 % en las hojas del estrato medio y/o superior y la enfermedad está presente en al menos tres de cada cinco plantas evaluadas, siempre que el cultivo se encuentre entre los estadios R1 y R5.1.
Después de R5.5, correspondiente a mitad de floración, la respuesta económica a los tratamientos tiende a disminuir debido a que, en etapas más avanzadas, el impacto de la enfermedad sobre el rendimiento es menor y existen mayores limitaciones para que el producto alcance el follaje.
“Otro aspecto que debe considerarse es el estado de las hojas afectadas”, advirtió Colombo. Cuando el estrato medio ya presenta necrosis, el daño sobre el tejido vegetal está instalado y la respuesta a una aplicación resulta limitada, explicó. Por eso, “el momento de detección es determinante para evaluar la conveniencia de un tratamiento”, remarcó el especialista del INTA Ceres.
Fuente: Clarín — Ver noticia original