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El día que un Papa sorprendió a todos al subirse a un colectivo de línea en Argentina

Cuál es el Papa que se tomó un colectivo en Argentina. Cómo será la llegada del Papa León XIV a la Argentina.
El día que un Papa sorprendió a todos al subirse a un colectivo de línea en Argentina

El 11 de junio de 1982, un Papa que estaba de visita en la Argentina decidió dejar de lado el protocolo y trasladarse en un colectivo de línea por las calles de Luján. Se trata de Juan Pablo II, quien llegó al país en uno de los momentos más dramáticos de la historia argentina reciente. La Guerra de Malvinas atravesaba sus últimos días y el entonces líder de la Iglesia Católica había decidido realizar una visita extraordinaria para transmitir un mensaje de paz y acompañar a la población en medio de la incertidumbre.

Su primera llegada a la Argentina fue el 11 de junio de 1982, permaneció poco más de un día y su agenda incluyó encuentros con las autoridades, una visita a la Catedral Metropolitana y una celebración religiosa en la Basílica de Luján, uno de los principales centros de peregrinación del país.

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Por qué el Papa Juan Pablo II se tomó un colectivo de línea en Luján

La jornada en Luján tuvo una convocatoria multitudinaria, según los registros históricos de la Iglesia, cerca de 700.000 personas se congregaron para participar de la misa encabezada por el pontífice frente al santuario de la Virgen. Durante la ceremonia, Juan Pablo II rezó ante la imagen de Nuestra Señora de Luján y le entregó una Rosa de Oro, una distinción otorgada por los papas a determinadas advocaciones marianas y personalidades. También dedicó parte de su homilía a pedir por las víctimas de la guerra y por el fin del enfrentamiento entre Argentina y Gran Bretaña.

Sin embargo, uno de los momentos más recordados de aquella visita sucedió cuando terminó la celebración. El traslado de regreso a la estación de trenes estaba previsto en un vehículo oficial, pero el Papa no estaba convencido con esa alternativa. De acuerdo con los testimonios recuperados años después, Juan Pablo II quería mantener el contacto con las personas que habían llegado hasta el lugar para saludarlo. Los vidrios polarizados del automóvil le impedían tener esa cercanía, por lo que pidió otra forma de trasladarse.

La solución terminó siendo tan inesperada como sencilla, se subió a un colectivo de la línea 501, que circulaba habitualmente por Luján.

La historia del chofer que no sabía quién iba a ser su pasajero

Ángel Milán, quien estaba vinculado a la empresa Libertador San Martín, responsable de aquella línea de transporte. Según reconstruyó La Nación a partir de una entrevista que Milán había brindado a BusArg, la empresa había recibido inicialmente un pedido para disponer de tres colectivos destinados al traslado de periodistas y personal de prensa.

Pero los planes cambiaron sobre la marcha y la comitiva religiosa también necesitaba transporte para regresar a la estación y uno de los ómnibus terminó siendo elegido para llevar al visitante más importante de la jornada. Milán esperaba cumplir con el servicio habitual que le habían solicitado cuando recibió una pregunta que no olvidaría: si se animaba a transportar al Santo Padre.

El conductor no sabía que tendría a Juan Pablo II entre sus pasajeros y se enteró de la noticia poco antes de realizar el recorrido. El colectivo utilizado fue el interno 1 de la línea 501, para la ocasión, se incorporó una silla junto al asiento del conductor, donde se ubicó el pontífice durante el trayecto. Desde allí pudo observar a las personas que se acercaban a saludarlo.

Sin embargo, la historia del interno 1 no terminó cuando el Papa descendió del vehículo. Después de aquella jornada, el colectivo volvió a prestar servicio como cualquier otra unidad de la línea 501 y continuó circulando durante varios años. Su recorrido como transporte público llegó a su fin en 1998. Con el paso del tiempo, el vehículo quedó abandonado y sufrió un importante deterioro, hasta que un grupo de aficionados y antiguos trabajadores de la empresa impulsó su recuperación.

El proyecto de restauración comenzó en 2015 y demandó varios años de trabajo. Finalmente, el colectivo pudo ser recuperado y pasó a formar parte del patrimonio histórico de Luján. Actualmente se conserva en el Museo de Automóviles de la ciudad, junto con otros elementos vinculados con aquella visita.

Fuente: El Destape — Ver noticia original