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Daniel Schteingart presentó su nuevo libro: cómo está la Argentina y qué futuro le espera al país

En “No somos un país de mierda (todavía)”, el sociólogo analiza la evolución de la Argentina, sus principales problemas y fortalezas, y plantea cómo las miradas extremas sobre la realidad condicionan las decisiones políticas y el rumbo del país
Daniel Schteingart presentó su nuevo libro: cómo está la Argentina y qué futuro le espera al país

Argentina conserva indicadores de desarrollo por encima de los promedios mundial y latinoamericano, pero esa fotografía convive con una pérdida sostenida de posiciones frente a países que avanzaron con mayor regularidad. Esa tensión, que atraviesa el diagnóstico de ‘No somos un país de mierda (todavía)’, ordena una discusión que suele quedar atrapada entre dos extremos: la idea de un derrumbe permanente y la nostalgia por un lugar que el país dejó de ocupar.

A partir de allí, Daniel Schteingart, sociólogo, director de Desarrollo Productivo en Fundar y autor del libro, planteó en una entrevista con Infobae Al Mediodía que la Argentina sigue ubicada “de mitad de tabla para arriba” en desarrollo, aunque ya no conserva la distancia que tenía respecto de buena parte del mundo.

Su explicación parte de una premisa: el país mejoró, pero otros mejoraron más rápido y durante más tiempo.

Argentina supera la media mundial en ingresos y expectativa de vida

Para medir esa posición relativa, Schteingart reunió una serie de indicadores. El PBI per cápita argentino, sostuvo, se encuentra “30% por encima del promedio mundial” y casi 40% arriba de la media de América Latina. Son cifras que, según remarcó, colocan al país lejos de los niveles más bajos del mapa global.

La comparación se extiende a la salud. En Argentina, la esperanza de vida llega a los 78 años, frente a un promedio mundial de 73 y uno regional de 75. “Vivimos más que el promedio del mundo y de América Latina”, señaló el sociólogo al repasar un dato que, a su entender, sirve para mirar las condiciones de vida más allá de la coyuntura económica.

Daniel Schteingart presentó su libro “No somos un país de mierda (todavía)”, en el que analiza la evolución del desarrollo argentino (Imagen Ilustrativa Infobae)

También ubicó a la educación entre los activos del país. Argentina tiene “mejores niveles educativos promedio” que la región y el mundo, afirmó, y vinculó esa situación con otros indicadores sociales, como una mortalidad infantil más baja y una proporción de inmigrantes superior a la de emigrantes.

En el mismo sentido, Schteingart sostuvo que la democracia argentina presenta resultados por encima de los promedios global y regional. “Los argentinos declaran una satisfacción con la vida mayor que la media mundial”, añadió, un elemento que luego conectó con la calidad de los vínculos sociales y las formas de vida cotidiana.

Un siglo de mejoras dejó cambios visibles en la vida cotidiana

El recorrido de largo plazo, según el investigador, muestra avances concretos. Argentina es hoy “tres veces más rica que hace 100 años”, dijo Schteingart, aun cuando ese proceso no tuvo una marcha lineal y atravesó períodos de crisis, estancamiento y retrocesos.

La alimentación ofrece otra señal de esa transformación. “La población argentina creció diez centímetros en altura promedio” durante el último siglo, explicó. Para el autor, el dato refleja una mejora material que convive con problemas persistentes y con desigualdades que no desaparecieron.

La mayor longevidad y las transformaciones de género forman parte del mismo cuadro. Schteingart destacó que “las mujeres hoy estudian más que los varones” y ubicó ese cambio dentro de una evolución social más amplia, junto con el aumento de los años de vida de la población.

El proceso democrático también dejó hitos legislativos. “Argentina aprobó el matrimonio igualitario en 2010”, recordó, y señaló que el país se ubicó entre los primeros en sancionar una norma de ese tipo. La referencia aparece como uno de los ejemplos de reformas sociales que modificaron el perfil del país en las últimas décadas.

La aprobación del matrimonio igualitario en 2010 y el avance educativo de las mujeres integran las transformaciones sociales destacadas en la obra 
FOTO NA: JUAN MABROMATA/AFP PHOTOzzzz

El problema fue la velocidad con la que avanzaron otros países

Ese conjunto de mejoras no alcanza para explicar la trayectoria argentina si se mira la posición relativa. El director de Desarrollo Productivo de Fundar definió el recorrido como “lento, errático y volátil”, una combinación que permitió que otras economías alcanzaran y luego superaran a la Argentina.

Para graficarlo, apeló a una imagen de ruta. Argentina, dijo, “partió con ventaja”, pero alternó frenos y retrocesos; otros países, en cambio, mantuvieron una velocidad mayor. La comparación busca explicar por qué un progreso local puede coexistir con una caída en los rankings internacionales.

El caso más próximo, según Schteingart, es Chile. “Hace 40 años Chile estaba detrás de Argentina en nueve de cada diez indicadores de desarrollo”, afirmó. La relación se invirtió desde entonces y se volvió uno de los ejemplos centrales de su diagnóstico.

Hoy, planteó, Chile supera a Argentina “en nueve de cada diez variables”. Entre ellas mencionó la riqueza por habitante, la pobreza, la educación de los jóvenes y la esperanza de vida, aunque aclaró que el cuadro debe leerse con matices.

Uno de esos matices es la distribución del ingreso. Argentina todavía tiene “menor desigualdad que Chile”, sostuvo, pero advirtió que la brecha entre ambos países se achicó hasta volverse casi imperceptible. Esa cercanía, para Schteingart, muestra el alcance de la convergencia chilena y las dificultades argentinas para sostener mejoras.

El índice de desarrollo humano refleja una caída relativa

La evolución puede seguirse también a través del índice de desarrollo humano, que combina ingresos, educación, salud y democracia. Schteingart señaló que Argentina “mejoró desde 1870”, con interrupciones en momentos de deterioro político y económico.

Entre esas interrupciones ubicó a las dictaduras del siglo XX. “Hubo caídas vinculadas con las dictaduras”, indicó, al referirse al desempeño de indicadores sociales e institucionales. Desde 1985, añadió, Argentina perdió varios lugares en la clasificación mundial.

El aporte de Vaca Muerta y la minería elevará las exportaciones por habitante, aunque mantendrá distancia con naciones como Noruega o Australia (VMOS)

La baja en el ranking no supone que todos los datos nacionales hayan empeorado. El problema es que “otros países mejoraron a un ritmo mayor”, explicó Schteingart. De ese modo, el retroceso se produce en relación con sociedades que ampliaron sus capacidades con más continuidad.

La dimensión económica permite ver ese desplazamiento con claridad. Argentina llegó a ser “la undécima economía del mundo” y ahora se ubica más cerca del puesto 30 por tamaño de su producto, según la comparación expuesta por el autor.

En ese trayecto aparecen países de distintas regiones. España, Portugal, Polonia, Rumania, Japón y Corea del Sur estuvieron detrás de Argentina en diversos momentos y “hoy la superan”, enumeró Schteingart. La lista reúne experiencias muy diferentes, pero comparte una conclusión: lograron trayectorias de crecimiento más estables.

Vaca Muerta y la minería pueden sumar dólares, pero tienen un techo

En ese escenario, los recursos naturales vuelven a ocupar un lugar central en el debate económico. Schteingart consideró que Vaca Muerta y la minería pueden aportar divisas y colaborar con la estabilización, aunque advirtió que “no alcanzan por sí solas para ser Noruega o Australia”.

La escala de las exportaciones permite dimensionar esa cautela. Argentina vende al exterior recursos naturales por unos USD 1.000 por habitante y podría llegar a USD 3.000 en una década si se cumplen las proyecciones oficiales para ambos sectores. “Ese sería un salto importante”, evaluó.

Aun así, la distancia con los países más especializados en ese tipo de exportaciones es amplia. Arabia Saudita alcanza USD 7.000 por habitante, Australia USD 12.000 y Noruega USD 30.000. “Las magnitudes son muy distintas”, resumió el sociólogo al contrastar esos resultados con el potencial argentino.

La referencia regional vuelve a ser Chile, que exporta cerca de USD 4.000 por habitante en recursos naturales. Schteingart sostuvo que Argentina “podría acercarse a Chile”, pero remarcó que ese país tampoco integra el grupo de naciones desarrolladas, pese a registrar mejores indicadores que su vecino.

Daniel Schteingart presentó su libro “No somos un país de mierda (todavía)”, en el que analiza la evolución del desarrollo argentino (Captura de video)

La satisfacción con la vida se apoya también en los vínculos sociales

El diagnóstico no se limita a ingresos, producción o rankings. Los argentinos declaran una satisfacción con la vida de 6,4 sobre 10, frente a 5,6 del promedio mundial, un nivel similar al de España. “Argentina supera levemente a Chile” en esa medición, apuntó Schteingart.

Para el autor, América Latina suele exhibir “niveles de felicidad más altos de lo que sugieren sus problemas materiales”. La observación no busca relativizar esos problemas, sino incorporar dimensiones menos visibles cuando se analiza el desarrollo de un país.

Allí aparecen los lazos cotidianos, la sociabilidad y una cultura de libertad personal. Schteingart consideró que “los vínculos sociales explican parte de ese resultado” y señaló la facilidad con que, en Argentina, se forman o se terminan relaciones sociales.

El investigador llamó a ese rasgo “movilidad relacional”. En su mirada, se trata de un activo que conviene preservar: “Es algo argentino que vale la pena cuidar”, afirmó al cerrar una comparación en la que los datos materiales y la vida social muestran facetas distintas de un mismo país.

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Fuente: Infobae — Ver noticia original