La leche de avena, con su sabor suave y textura cremosa, se convirtió en una de las leches vegetales más populares en los últimos años, ¿pero se puede comparar con la leche de vaca convencional? ¿Qué es lo que debemos tener en cuenta antes de comprar un cartón de leche de avena o pedir en un bar que nos “corten” con ella un café?
“Para quienes tienen una verdadera alergia a la leche —una reacción anormal y potencialmente grave del sistema inmunitario a las proteínas presentes en la leche de vaca—, la leche de avena puede ser una alternativa más saludable a la leche convencional”, asegura Lauren Abeles, dietista y nutricionista del Hospital Brigham and Women’s Faulkner, afiliado a Harvard.
La avena también está libre de otros alérgenos comunes, tal como sucede con la soja y los frutos secos, otros alimentos que suelen usarse para elaborar leches vegetales.
Para las personas veganas, es decir, las que evitan estrictamente todos los productos de origen animal, la leche de avena es una buena opción, pero no es necesariamente más saludable que otras leches vegetales, advierte Abeles. La leche de soja, por ejemplo, contiene 7 gramos de proteína por taza, casi tanta como la leche de vaca y más del doble que la de avena.
Algunas personas tienen dificultades para digerir la lactosa, que es el azúcar natural de la leche de vaca. Quienes tienen este problema, conocido como intolerancia a la lactosa, pueden experimentar diarrea, hinchazón o gases tras consumir productos lácteos. Ene es sentido, como la avena y otras leches vegetales no contienen lactosa, pueden resultar una buena alternativa.
¿Qué diferencias hay entre la leche de avena y la leche de vaca?
La leche de avena tiene menos proteínas y más carbohidratos que la de vaca. Aunque su aporte de grasa total es similar, la de vaca aporta más grasas saturadas, mientras que la de avena destaca por contener una pequeña cantidad de fibra (ausente en los lácteos). Aunque la mayoría de las marcas enriquecen la opción vegetal con calcio y vitamina D para igualar los niveles de la leche vacuna, estos valores varían según el fabricante al no existir una norma fija, por lo que siempre se debe revisar la etiqueta.
“Si se busca perder peso, es mejor comer más proteína y menos carbohidratos, así que la leche de vaca puede ser una mejor opción”, indica Abeles. Esto también es cierto para personas con diabetes o prediabetes, ya que los carbohidratos de la leche de avena pueden contribuir a la elevación del azúcar en sangre, añade.
Por supuesto, si se toman varias raciones diarias de leche de vaca al 2%, la grasa saturada también se acumula y, según la Asociación Americana del Corazón, las personas que necesitan reducir su colesterol LDL deberían limitar su ingesta saturada diaria total al 6% de sus calorías diarias, lo que equivale a unos 13 gramos o menos.
Fuente: TN — Ver noticia original