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Es docente rural, recibe a sus alumnos en su casa todas las semanas y le hicieron una visita sorpresa: “Me dan mucha alegría”

Durante el festejo por el aniversario de la Escuela N° 312 de Santa Fe, unos 70 chicos organizaron una bicicleteada por el pueblo y sorprendieron a la profesora que los acompaña con las tareas y les propone actividades más allá del aula.
Es docente rural, recibe a sus alumnos en su casa todas las semanas y le hicieron una visita sorpresa: “Me dan mucha alegría”

Una bicicleteada por los 110 años de una escuela rural terminó con una sorpresa que nadie quiso dejar pasar. Decenas de chicos recorrieron las calles de Empalme San Carlos, Santa Fe, para hacer una visita especial a Claudia Chamudis, la profesora que todas las semanas abre las puertas de su casa para ayudarlos con las tareas.

Cuando llegaron, le avisaron entre gritos, saludos y una alegría que quedó registrada en la memoria de la docente y en un video que luego se subió a las redes sociales.

Claudia tiene 54 años, es profesora de Lengua y trabaja como docente en institutos terciarios y universidades. Además, desde hace un tiempo, convirtió su casa en un espacio de apoyo escolar para que los alumnos de la escuela rural puedan acercarse a estudiar.

Lo que comenzó con algunos alumnos que necesitaban ayuda para aprender a leer o practicar inglés se extendió y hoy reúne a unos 12 o 13 chicos de distintas edades por encuentro.

En diálogo con TN, la profesora contó que está acostumbrada al entusiasmo de sus alumnos, pero reconoció que la sorpresa fue especial. En su casa, además de hacer la tarea, los chicos cocinan, cuidan la huerta, juegan al ajedrez y piden libros prestados. “Me encanta ser docente”, admite Claudia.

“Fue una fiesta”

Todo comenzó el viernes, cuando la escuela N° 312 Fray Justo Santa María de Oro, de Empalme San Carlos, organizó una actividad con los alumnos para celebrar los 110 años de la institución. “El viernes me llama Tamara, la directora de la escuela, y me dice: ‘Vamos a hacer una bicicleteada para recorrer el pueblo y queremos pasar por tu casa’”, cuenta Claudia.

Lo que la docente no imaginaba era que los alumnos irían a saludarla. “Me quedé pendiente y, mientras hablaba con una vecina, empecé a escuchar que me llamaban. Cuando salí, había 70 chicos con sus bicicletas. Fue hermoso, son divinos”, recuerda.

La sorpresa de sus alumnos la llenó de felicidad: “El jueves había estado bastante tristonga y al otro día llegan estos con esa alegría desbordante. Te cargan las pilas, me emocionan, me dan mucha alegría”, relata.

Los chicos llegaron acompañados por las maestras y una payasa contratada para la celebración: “En los pueblos chiquitos, cuando la escuela o una institución cumple años, es una fiesta para toda la comunidad”, afirma Claudia.

Una casa que es el aula de todos

Claudia recibe constantemente el cariño y la alegría de sus alumnos porque los ve todas las semanas. “Estoy acostumbrada porque, en realidad, un par de veces por semana abro mi casa para que vengan a hacer la tarea y reciban apoyo escolar”, explica.

Empezó a dar clases de apoyo en su casa porque en la comunidad local se enteraron de que era profesora de Lengua y dos alumnos necesitaban ayuda: uno quería aprender a leer y otra alumna necesitaba apoyo con el inglés. Claudia aceptó acompañarlos y, con el boca a boca, empezaron a sumarse más chicos. “Yo no le iba a decir que no a nadie, entonces se fueron sumando y hoy por hoy vienen grupos de 12 o 13 chicos”, cuenta.

Los encuentros duran alrededor de dos horas y tienen una dinámica propia. Como los chicos tienen distintas edades, están acostumbrados a trabajar en grupos, tal como sucede en las escuelas rurales con plurigrado. Primero hacen las tareas que les dan sus maestros y después trabajan sobre los contenidos que necesitan reforzar: “La idea es que ellos sientan que la escuela es importante, que la tarea hay que hacerla y lo que dice la seño hay que hacerlo”, explica.

Pero entre tantos chicos, hay historias que la docente guarda especialmente. Una de ellas es la de Luhan, uno de los más pequeños, que encontró una manera muy particular de identificar los días de la semana: “Aprendió que ya eran los miércoles porque son los días que ‘hay Claudia’”, cuenta. Según le relató la mamá del nene, el año pasado le preguntaba si al día siguiente era miércoles y, cuando recibía una respuesta afirmativa, enseguida asociaba la fecha con su visita a la casa de la profesora. “A mí eso me derrite”, reconoce.

Además de acompañarlos con las actividades escolares, Claudia busca que su casa sea un lugar donde puedan compartir otras experiencias. Cocinan, trabajan en la huerta, aprenden a hacer compost, juegan al ajedrez y tienen una pequeña biblioteca de la que pueden llevarse libros prestados. También reciben la visita de amigos de la docente que se acercan a enseñarles distintas actividades: “Yo tengo la ventaja de que no tengo que ponerles nota, no tengo que acreditar. Tengo la parte más liviana: el juego y el disfrute”, dice.

Para Claudia, el valor de ese espacio también está en ver cómo los chicos avanzan y descubren sus propias capacidades. “Vos los ves cuando empiezan a leer y se empiezan a dar cuenta de que entienden lo que leen, y es hermoso”, resume.

Una forma de acompañarlos que empezó con las puertas abiertas de su casa y que terminó convirtiéndola en un lugar al que los alumnos también vuelven para saludarla, incluso cuando no hay tareas que hacer.

Fuente: TN — Ver noticia original